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Renovarnos para renovar

Por todos lados pareciese que nuestro país se apaga, no solo la luz eléctrica, sino las luces interiores ante la llamada crisis que sigue echando raíces más profundas, en vez de florecer a las transformaciones que nos saquen adelante como sociedad.

Pareciese que muchos nos vamos impregnando de ese negativismo y desesperanza ante los retos que implica aprender nuevas maneras de vivir y renacer como país. En los rostros se ve desaliento y en las miradas el vacío de no encontrar un faro que nos muestre la luz.

Esta semana pude conocer dos faros que me mostraron gran luz. La luz de la sabiduría, la luz de la persistencia y del amor. Dos seres que por diversas razones participaron de los Talleres de Crecimiento a Plenitud que ofrecemos.

No pude menos que detenerme a contemplarlos, escucharlos y llenarme de eso que ambos contagiaban desde su caminar pausado. Por un lado conocí a Luis, un abuelo de 85 años que está echando adelante a su nieta junto a su esposa. Luego de trabajar por muchos años y llevar el cansancio del caminar, no deja que el ánimo se le decaiga pues ahora toca impulsar esta vida. Y lo mejor fue ver la alegría en su rostro y el agradecimiento que muestra ante la vida.

También esta misma semana conocí a Alba, de 87 años, quien a esa edad dirige una escuela que ofrece servicios a niñas donde trabaja como voluntaria luego de retirarse de directora de un colegio donde trabajó 30 años. Alba me llenó de una sabiduría y fuerza renovadora. Vive sola, guía su vehículo, hace su compra de alimentos y visitas médicas sola y hasta canta en el coro de egresados de la Universidad de Puerto Rico.

Con una gran sonrisa y sus ojos azules, me mostró el bastón que le regaló su hijo y el cual tiene colores juveniles, como juvenil es el corazón de esta veterana mujer.

Estos seres hicieron todos los ejercicios físicos que proponemos en el taller para crecer y escribir la nueva historia de la vida; bailaron, jugaron y se adentraron en aquello que les toca seguir sanando para ser más libres en esta etapa de sus vidas.

Quedé confrontada con la quejadera y flojera con la que a veces me dejo impregnar. Terminé unos días de trabajo arduo, con energías renovadas y con la consigna de no permitir que por más negativo que sea el panorama, hay que descubrir la luz que siempre alumbra.

Hay que llenarse de lo bueno y bello que la vida nos sigue mostrando. Hay que descubrir, en personas como Alba y Luis, el espíritu que renueva y nos hace conectar con nuestras propias fuerzas interiores desde las cuales podemos afrontar los retos de la vida. Gracias a estos maestros por llenar mi semana de  esperanzas.

lortiz@csifpr.org

www.crecimientoaplenitud.org

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