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Desde el interior

Esta mañana comencé mi día compartiendo en las redes sociales un post que recibí de una amiga que vive en España. El mismo contenía una lista de prácticas que nos traen bienestar.  Lo compartí con algo de temor -ante la saturación de mensajes en la red- luego de reflexionarlo en la oración de la mañana y de comprometerme a vivir el día desde esas diez recomendaciones, con algunas modificaciones que le añadí. Aunque suelo tener mi plan de crecimiento interior, reconozco que en ocasiones -más veces de las que desearía- lo descuido ante el quehacer cotidiano.

Quienes nos dedicamos al trabajo de ayudar a otros en su procesos de desarrollo humano, tenemos una mayor responsabilidad con nuestro propio “autocuido”. Una gran responsabilidad de modelar las herramientas que predicamos.  Hace tiempo que me di cuenta de que mucho de lo que proponemos como salida a los aspectos emocionales, religiosos, económicos o sociales, no agarra vuelo, pues quienes lo proponemos no lo vivimos con coherencia. Así mismo cada vez estoy más convencida que las muchas teorías que estudiamos durante largos  años en las universidades se vuelven huecas si no van acompañadas por procesos de trabajo personal que redunden en encarnar eso que les proponemos a los demás.

 He ahí el gran reto, los que vamos promoviendo el cambio, el crecimiento humano, sentimos y padecemos las mismas -y a veces más profundas- heridas, ansiedades, penas y dolencias que nuestros participantes o clientes.  En ocasiones podemos caer en un activismo o en trabajar compulsivamente con las mejores intenciones de ayudar, de servir, de amar, pero descuidando la fuente de donde brota todo: el interior. Podemos estar viviendo relaciones tóxicas sin atrevernos a dar los pasos de cambio. Estar en trabajos drenantes sin alimentar nuestra resiliencia, la cual no se alcansa solo con el deseo. Estar atrapados en conductas de corajes, miedos etc. que nos quitan vida y no dedicarnos el tiempo para atendernos.  Tener culpas mal sanas y no darnos espacios de auto perdón y crecimiento espiritual.

En fin, esta mañana antes de compartir el “post” tomé un espacio para mí, para revisar la coherencia entre  mi ser y hacer, entre lo que creo y  practico. Dándome cuenta que todavía tengo mucho camino por recorrer hacia esa vida plena que aspiro a vivir y que se va construyendo cada día.   Plenitud que es posible vivir en medio de esta crisis que a muchos nos está lastimando profundamente. 

Leyendo al economista chileno Luis Razzetto, coincido con él en su postulado: “Quien busque contribuir eficazmente en la creación de nuevas formas de organización económica, de nuevos modos de hacer política, de nuevas modalidades educativas y culturales, y más ampliamente, en la creación y desarrollo de una nueva civilización, debe trabajar sobre sí mismo, tomar conciencia crítica de sus propias actitudes y comportamientos y corregirlos o afinarlos en lo que sea necesario”. 

Comparto las diez recomendaciones, que puedes alterar y/o añadir según estés dispuesto a comprometerte a realizar.  Lo que sí te aseguro -porque hoy lo viví – es que si las practicas con intención, conectarás con tu propia fuerza interior, fuente de sabiduría. Entonces desde tu propio manantial te invito a que las compartas con otros.

  1. Pasa tiempo al aire libre
  2. Muévete
  3. Come sanamente
  4. Perdona, agradece, ora
  5. Lee cosas inspiradoras y formativas
  6. Da tu mejor esfuerzo
  7. Ríe
  8. Regala un buen abrazo
  9. Alimenta la esperanza, sé solidario
  10. Sobre todo Ama y siente

La autora es directora del Instituto para el desarrollo humano a plenitud. El próximo sábado 28 de mayo  se ofrecerá el Taller “Destrezas de armonización interior  para crecer el manantial”.  Para información y registro llamar  787-903-2002, 787-374-6919, 787-375-7854.

lortiz@csifpr.org

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