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La mujer prisionera de su útero y corazón

Por aquello de alimentar mi venita -muy pequeña aún- de escritora, me dispuse a participar del conversatorio ofrecido en la Universidad de Puerto Rico por el escritor Arturo Pérez-Reverte titulado “La literatura como aventura”. Allí llegué con muchas interrogantes ante una figura de tanto camino recorrido hecho literatura, alguien que ha podido transformar las vivencias dolorosas de la guerra -fue periodista de varias guerras- en expresiones literarias llenas de gran contenido social y político que se vuelven respuestas para los mismos sucesos que lo han inspirado a escribir.

Quedé cautivada por la fluidez de sus expresiones y a la vez la sencillez de un lenguaje que fue tocando fibras muy profundas en mi ser, este ser que vive una angustia, ya permanente, ante el dolor al que tantos humanos son sometidos de maneras tan injustas. “He visto violar mujeres y sé cómo gritan”, narró Pérez-Reverte ante preguntas de la escritora puertorriqueña Mayra Santos Febres, quien fue moderadora del conversatorio. “Del mal tengo un doctoral”, expresó sobre las tragedias que ha podido presenciar en su trayectoria por los campos de batalla en lugares como Chipre, Líbano, Eritrea, el Sahara, las Malvinas, El Salvador, Nicaragua, Chad, Libia, Sudán, Mozambique, Angola, el Golfo Pérsico, Croacia, Bosnia, donde ha cubierto conflictos armados.

En el corto tiempo -demasiado corto- que duró el conversatorio, el escritor explicó cómo ha podido darse cuenta de que lo que alimenta la maldad en el mundo es la estupidez, la ignorancia, la falta de cultura y conocimientos. “Si hubiese más lucidez, más cultura, los estúpidos no estarían donde están”, mencionó refiriéndose a los que han hecho gran daño a la humanidad y a los que les hemos otorgado el poder para hacerlo. Una invitación casi imperiosa de usar la literatura como una de las armas más poderosas para erradicar la mediocridad que se ha instalado, “De nada vale la democracia si el que vota es un analfabeto”.

Creo que allí hubo una respuesta para cada uno de los muchos y muchas que llenamos el teatro de la UPR. Para mí, el bocado mejor del banquete ocurrió cuando habló del tema de la mujer, con gran naturalidad expresó, “La mujer es un ser superior, tiene información genética que ha desarrollado de tantos años de guardar silencio y observar el mundo”. “Mientras que el hombre ha llevado una acción hacia el exterior, a la mujer le ha tocado llevar una mirada al interior, lo que la ha dotado de una inteligencia genética que el hombre nunca tendrá”.

Cerró su disertación conversando de aquello que ha descubierto sobre el ser mujer, esa característica que hace que aun las mujeres más fuertes puedan caer en relaciones donde no son valoradas, “La mujer es prisionera de su útero y corazón, por esa prisión la mujer más fuerte puede perder la capacidad de cuidarse y entregarse en una relación donde no es merecida”. Quizás el escritor nos regala una respuesta para otras que como yo, andan buscando comprender mejor ese rasgo del ser mujer, ese amar a quien no lo merece o no lo valora. Ese desvivirse por otros recibiendo a cambio muy poco o nada.  Ser prisioneras del útero-corazón, que no es otra cosa que nuestra conexión con la vida, con el amor hecho acción, cuidar y defender la vida a nuestro alrededor. Amar lo vivo, aun aquello o aquellos que no son capaces de entender y valorar este rasgo sin el cual las guerras, el odio, la muerte quizás ya habrían arrasado con la humanidad.

Salí de allí preguntándome cómo la guerra, eso tan despiadado y hostil puede provocar tanta riqueza y abundancia de escritos literarios, cómo puede provocar en una persona tal profundidad de convicciones. Definitivamente, como el mismo Pérez-Reverte nos compartió, la guerra y la lectura han sido trayectoria para esos frutos. Intuyo que las lecturas y los libros han sido la salvación de este escritor que ha visto el dolor más desgarrador de la humanidad y lo pueden ser también para los muchos otros que en medio de un mundo agonizante buscamos que la vida no sucumba ante la guerras de nuestros tiempos, las guerras de las armas físicas y las otras guerras, las de la ignorancia y la mediocridad.

lortiz@csifpr.org

 

 

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