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Hoy me reto, aunque no sea fácil

Qué tal si a partir de este día hacemos un cambio radical en nuestra manera de comprar. Qué tal si decidimos no hacerle más el juego a un sistema que se lucra de lo que con tanta dificultad logramos tener en los bolsillos. Y si decidimos hacer una huelga al nuevo impuesto con el cual terminaremos los pobres empobreciéndonos más mientras las deudas del país continuarán intactas y en crecimiento.

Aunque ya hay muchos que lo hemos ido haciendo porque no  queda otra, no es una  decisión fácil para mí – y creo que para otros- el hacerlo de modo radical.  Son demasiadas las cosas que me atraen  cada vez que piso una tienda, farmacia, centro comercial.  He ido desintoxicándome de los patrones obsesivos de comprar ropas, zapatos, carteras, maquillajes y otros productos que parecen creados para seducirme y conquistarme. He ido desmantelando toda la estrategia mercantilista que nos crea necesidades para vendernos productos.  Hace rato sé que no vale la pena andar con el último grito de la moda y más en este tiempo que  gritamos  cada vez que hay que pagar la luz, el agua, la comida.

Nos iniciamos en el nuevo IVU, la mejor manera encontrada para pagar la deuda pública y que dicen los expertos no resolverá la situación. Qué tal entonces si aprovechamos esta coyuntura y nos liberamos un poco de los excesos a los que estamos mal acostumbrados, desde botar comida en esos restaurantes  y en la casa, hasta zumbar el tarjetazo cada vez que se nos antoja algo. “Que lindo” es una frase que a menudo escucho en los “malls”,  seguida del acto de agarrar la mercancía casi desenfrenadamente y echarla en el carrito sin detenerse a pensar ni siquiera en el uso que se le dará. Así mismo son muchos los cuentos que escucho de “mira lo que me compré y no uso”.

Hoy me reto a comenzar un nuevo comando con relación a aquellos gastos innecesarios (cada uno sabe los suyos) sin que esto afecte mi pleno caminar. Buscando precisamente una nueva libertad, la que proviene de eso que Facundo Cabral nombraba “deseo poco y lo poco que deseo lo deseo poco”. Quizás suene a locura, pero en estos tiempos donde todos los días amanecemos con nuevas situaciones que precisamente suenan a locura, no viene mal salirse de las redes mercantilistas que nos atrapan.

Aprovechar para inventar nuevas formas de vestir, festejar, vacacionar, celebrar de maneras creativas donde encontremos un nuevo sentido y valor ante lo poco o mucho que tenemos. Pero sobre todo donde empecemos a descubrir que la mayor riqueza está en la vida misma, la nuestra y la de los que nos rodean. Qué tal comenzar a disfrutar más esas relaciones que la vida nos ha regalado, la familia, los amigos, los compañeros de camino. Lo mejor de todo es que no pagaremos IVU…

(La autora es Trabajadora Social y  Directora del Instituto para el Desarrollo Humano a Plenitud de los Centros Sor Isolina Ferré, empresa social que se dedica a la sanación interior  y la formación sico-histórica-espiritual mediante Talleres de Crecimiento Personal 787-375-7854)

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