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La liberación de Óscar: un triunfo de la unidad

El gran triunfo del pueblo puertorriqueño en la década 2000-2009 fue la salida de la Marina de Guerra de Vieques en mayo de 2003. Hasta este momento, el gran triunfo de la década 2010-2019 es la liberación del preso independentista Óscar López Rivera, anunciada esta tarde por el presidente estadounidense Barack Obama y que será efectiva el próximo 17 de mayo.

Ambas gestas tienen un elemento en común que conviene observar para ver si, quién sabe si antes de la próxima década, podemos anotarnos unos cuantos triunfos más de los que tanta falta nos hacen.

La lucha de Vieques por sacar a la Marina, que había ocupado solo a viequenses e independentistas por décadas, se metió en la conciencia nacional y ocupó a personas de todas las ideologías, religiones y estratos sociales luego de que el 19 de abril de 1999 una bomba lanzada por error en un puesto de observación de la isla municipio matara al guardia civil David Sanes.

Todo el país despertó en ese momento al horror que vivía la isla municipio con tres cuartas partes de su territorio ocupado para prácticas bélicas con bombas reales de las que sospecha son responsables de que entre los viequenses el cáncer fuera 26% más común que en el resto de la isla. Se desató la campaña internacional y de desobediencia civil que cautivó al país y, con el respaldo de todos los partidos políticos y religiones, cuatro años después celebramos con frenesí el fin de las prácticas militares.

Más o menos de la misma manera, durante los pasados años el país comprendió que el tiempo que llevaba López Rivera en prisión era desproporcional en relación a los delitos por los que fue convicto.

Es sabido que la inmensa mayoría de los puertorriqueños no comulga con el ideal independentista de López Rivera e incluso entre los independentistas la mayoría no apoya la lucha armada. Pero todos supimos aquilatar el valor demostrado por un hombre que lo dio todo por lo que cree, comprendimos que tres décadas eran pena más que suficiente por los delitos que cometió y todo el pueblo, sin distinción de ideologías, sumó su voz al reclamo de liberación de López Rivera, quien el pasado 6 de enero cumplió 74 años.

El que tenga oídos, que oiga. Cuando los boricuas nos desembarazamos de divisiones ideológicas y nos enfundamos el traje de puertorriqueños sin más, podemos lograr lo que parece impensable. Hubo un reclamo prácticamente unánime por la liberación de López Rivera, no había nadie en Washington tratando de boicotear lo que acá pedíamos a voz en cuello y el todopoderoso presidente de Estados Unidos, con tantos asuntos críticos ocupándole la mente en estos cruciales últimos días de su mandato, escuchó el reclamo y le estampó su firma al justo reclamo de nosotros los puertorriqueños.

Esa es una lección que tenemos que aprender.

Estados Unidos tiene muchas cuentas pendientes con Puerto Rico, pero una principal: la descolonización. Cada día son menos los puertorriqueños que no están convencidos de que vivimos en una colonia y que esta es una manera indigna de conducir a un país. El ambiente hoy está fértil para que todo el país le haga un reclamo unánime a Washington de que atienda este problema que tantas dificultades nos causa, como hemos atestiguado con horror en los últimos años.

Las experiencias con Vieques y López Rivera nos demuestran que si hablamos al unísono, provocamos reacciones. El liderato político, si de verdad quisiera ayudar a resolver el problema colonial (de lo cual, por supuesto, hay dudas), debería hacer un reclamo con una sola voz a Washington para que atienda con seriedad, de una vez y por todas, este asunto.

Nadie pretende que vayamos todos juntos a pedir la estadidad, la independencia o cualquiera de las mil versiones del Estado Libre Asociado (ELA). Pero sí podemos a reclamarle a Washington que hable claro sobre lo que está dispuesto a acordar y disponga un proceso vinculante para que los puertorriqueños votemos con las cartas puestas sobre la mesa, sabiendo que lo que elijamos será aceptado por Estados Unidos y podamos así, de una vez y por todas, superar esta ignominia.

En mayo, cuando López Rivera regrese a Puerto Rico, habrá una multitud esperándolo y celebrando eufóricamente con él la largamente ansiada y hace tiempo merecida libertad, de la misma manera en que en aquel 1 de mayo de 2003 celebramos con alegría incontenible el triunfo de Vieques sobre la Marina.

Ambos triunfos nos señalan la ruta: cuando hablamos con una sola voz, somos escuchados. En nuestras manos está que no haya que esperar otra década para lograr ese tercer triunfo que tanto necesitamos.

(benjamin.torres@gfrmedia.com, Twitter.com/TorresGotay, Facebook.com/TorresGotay)

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