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Las cosas por su nombre

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Acuerdo fantasma

Jaime Perelló, el presidente de la Cámara de Representantes, tuvo esta semana un acceso de candidez harto inusual en un político. Al referirse al proyecto para aumentar a 11.5% el IVU e imponerle un 4% a los servicios que fue el jueves acogido por el Partido Popular Democrático (PPD), dijo algo así como: “Lo mejor que tiene este proyecto es esto: 24 votos en la Cámara y 14 en el Senado”.

Perelló se refirió así, en términos brutalmente francos, a una realidad que todos los miembros del PPD que prometieron darle su bendición al invento ese guardan como un inquietante secreto en lo más hondo de sus atormentados corazones: pueden estar un año buscándole con lupa las virtudes al 11.5% y la única que encontrarán es que, con el tiempo ya poniéndole la bota encima, fue lo único que podían aprobar.

Recuerda un poco ese desenlace a lo que decía Gustavo Cerati, el fenecido líder de la banda Soda Stereo, sobre el extraño nombre del mítico combo de rock: “En lo único que pudimos ponernos de acuerdo cuando buscábamos el nombre para la banda era que Soda Stereo no nos gustaba y por eso se lo pusimos”.

O sea, el 11.5% no se acordó porque sea bueno, porque vaya a fortalecer la economía, crear empleos, reducir la criminalidad, mejorar las escuelas, florecer los campos o hacer que llueva y se acabe el racionamiento.

Se acordó porque es lo único que las mil cabezas con mil ideas diferentes sobre el futuro de Puerto Rico que en este tiempo de temblores habitan en el Partido Popular Democrático tienen posibilidades de aprobar.

Las virtudes de la medida se limitan a producir recaudos suficientes para reducir en unos $900 millones los severos recortes que tanto terror causaron cuando se habló de ellos la semana pasada.

Aquí los números cambian de día en día y a veces de hora en hora, por lo que en realidad puede que nadie sepa a cuánto en realidad asciende la insuficiencia de fondos del Gobierno.

Mas tomando por cierto lo que salió el jueves por la noche del Centro de Convenciones, el temible recorte de $1,500 millones se reduce ahora a $650 millones.

Ya en los próximos días se sabrá qué se le va a arrancar a quién para llegar a esa cifra y vendrá, como siempre, el llanto.

Pero sin duda será menos que el que se anunció la semana pasada.

Existe una ligera, una remota posibilidad de que el aumento en los recaudos le permita al Gobierno tomar un préstamo para no tener que cerrar en cualquier momento a partir de julio.

Mas en todo este enredo en que vivimos, con nuevos números todos los días, con sorpresas fiscales desagradables dondequiera que se levanta una piedra, sigue siendo muy difícil que el mercado quiera otra vez abrirle los brazos a Puerto Rico y el cierre de gobierno, o el impago de deuda, que nos amenazan como un fantasma oculto tras la celosía en cualquier momento a partir de julio, sigue poblando como una pesadilla recurrente el oscuro cuerpo de nuestras noches.

Y hasta ahí llegan las “virtudes”.

El IVU, decía recientemente el economista Elías Gutiérrez, una de las personas que más sabe de este tema en Puerto Rico, fue diseñado para ser evadido. Otro economista, Gustavo Vélez, tiene un estudio que dice que su captación es de apenas 56%, menos aún de lo que se creía hasta ahora.
Nada de eso cambia con lo acordado el jueves.

El IVU va a seguir siendo una carga para las personas decentes que no gustan de robarle al Gobierno, o para los que no han encontrado cómo burlarlo, mientras miles otros seguirán evadiéndolo, viviendo a costa del trabajo de otros y riéndose a carcajadas del resto del País.

Y esa carga ahora con un aumento de 4.5%, más el 4% que se les impone a los servicios. No sobrevivió la cruenta batalla que hubo en el PPD durante los pasados meses ninguno de los alivios contributivos ni medidas contra la regresividad que eran parte de la ecuación cuando el gobernador Alejandro García Padilla ofrecía un IVA de 16%, en aquella propuesta, que parece tan distante ahora, a la que su principal promotor le hizo tan mal servicio y que fue deformada hasta hacerla irreconocible y derrotada en aquella larga madrugada en la Cámara de Representantes.

Dicen que el “IVU agrandado” es una medida transitoria, que en nueve meses entra en escena o el IVA o el regreso del arbitrio en los muelles.

Ahí es que esto se complica mucho más allá de lo imaginable.

En nueve meses estamos en febrero de 2016. Podría decirse que estaremos en “época electoral”, pero la verdad es que la época electoral aquí no se detiene nunca. La política estará, sí, más intensa, si eso cabe. Nos arropará como vientos de cuaresma el intenso olor de noviembre de 2016. Habrá una tumbacoco retumbando en cada esquina del País. Anuncios con promesas rimbombantes en la radio y la televisión.

Candidaturas ya oficiales. Puede, quién sabe, que haya hasta un retador dentro del PPD para el gobernador García Padilla. Habrá intensos temblores de rodillas a lo largo y a lo ancho del atlas político.

Habría que estar loco de atar para pensar que la mojigata clase política que nos gobierna sería capaz de, en medio de esa ópera enloquecedora, emprender cualquier iniciativa importante. No pudieron hacerlo ahora, cuando falta más de año y medio para las elecciones, el día para el que ellos viven y que no les sale de la mente ni en el sueño ni en la vigilia. No pudieron hacerlo el año pasado, ni el anterior, van a poder hacerlo en el tiempo en el que lo único que tienen en la mente es su supervivencia.

En resumen, prepárese para un IVU agrandado por tiempo agrandado. Para lo que servirá será para que, en la campaña, unos y otros le prometan eliminarlo, transformarlo, convertirlo en esto o en aquello, todas cosas bellas, hermosas y fulgurantes que le harán sentir, como cada vez que hay campaña política, que todo lo malo ya pasó y todo lo bueno empieza el 2 de enero del año siguiente.

Y usted, como siempre, creyéndoselo todito.

(benjamin.torres@gfrmedia.com, Twitter.com/TorresGotay)

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