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Descanse en paz, Señor de las Vendas





Naazim Richardson, el respetado y cordial entrenador de boxeo filadelfiano cuyo fallecimiento fue informado el 24 de julio, a una edad extraoficial de 56 años, estuvo vinculado en su larga carrera a varios campeones mundiales.
Por mucho, sin embargo, su relación más larga fue con Bernard Hopkins, a quien entrenó durante la mayor parte de su carrera, pero también cobró relevancia cuando estuvo en la esquina de Shane Mosley en la última etapa de su carrera, particularmente para sus peleas con Antonio Margarito, Floyd Mayweather y Manny Pacquiao.
Naazim profesaba la fe islámica y se unió a Mosley luego de recuperarse de un derrame masivo que sufrió٠ en 2007.
Era uno de esos entrenadores de boxeo que prefería mantenerse en el anonimato hasta donde le era posible, pero tuvo, sin embargo, dos instancias en las que se convirtió en el centro de atención: la primera fue poco antes del inicio de la célebre pelea unificatoria del peso mediano entre Hopkins y Félix ‘Tito’ Trinidad el 29 de septiembre de 2001 en el Madison Square Garden, cuando Ruchardson alertó a un representante de la comisión neoyorquina acerca de lo que consideraba algo irregular en el vendaje que Félix Trinidad, padre, le estaba aplicando a su hijo en el camerino, y el comisionado hizo que este se lo quitara y volviera a ponérselo.

 


La otra situación fue el 24 de enero de 2009 en el Staples Center de Los Angeles, cuando, en reprentacion de Mosley, nuevamente pendiente del vendaje del contrario, Richardson halló algo sospechoso en las manos recién vendadas de Antonio Margarito e insistió que la comisión ordenara que se los quitaran.
Entonces se encontró que, escondido entre las vendas, le habían colocado lascas de yeso mojado al peleador mexicano que eventualmente perdería por nocaut en el noveno asalto en la primera defensa del cetro welter de la AMB que le había ganado a Miguel Cotto en su pelea anterior.
Tanto Margarito como su entrenador, Javier Capetillo, luego fueron suspendidos por un año.
Aunque ambos fueron controversiales, se trató de casos completamente diferentes, y el propio Richardson en numerosas entrevistas ha insistido en que en el caso de Trinidad no hubo nada impropio, mientras que en el de Margarito sí había habido una intención de trampa.

 


De hecho, en una entrevista con este redactor hace unos años, cuando, igual que ahora, cierto sector de la fanaticada empezaba a llamar ‘yesero’ a Trinidad y a equipararlo con Margarito, el propio Richardson dijo que siempre había admirado como entrenador al mayor de los Trinidad y como peleador al boricua, y seguía admirándolos luego de la pelea.
Lo que dijo puede resumirse en lo que luego habló en una entrevista que aparece todavía en Youtube.com (https://www.youtube.com/watch?v=GLt4cnV1X7o.
“Me di cuenta de que Papa Trinidad estaba poniendo demasiada venda y demasiada gasa en la mano de Tito”, dijo, “y eso no estaba permitido. En algunos estados se permite, pero en Nueva York, no”.
“Lo de Trinidad fue una infracción contra las reglas, pero en el caso de Margarito él tenía un arma ilegal”, agregó.
“Por eso no hubo una suspensión contra Trinidad”.
Y utilizó una analogía tomada del ajedrez: “Una cosa es que un jugador tenga las piezas mal colocadas sobre el tablero, y otra es que tenga piezas de más”.
“Margarito estaba jugando con piezas de más”.


Melvina Lathan, presidenta de la comisión de Nueva York, explicó: “En modo alguno Trinidad y su grupo violaron las reglas. Es por eso que no hubo suspensión”.
“Pero la gasa y el vendaje adicional solo pueden usarse si los entrenadores se ponen de acuerdo y la comisión lo aprueba, y la razón solo puede ser como una medida de protección para prevenir una lesión”.
“En ningún caso puede haber dos capas de venda, y tampoco lo había en este caso”, agregó, “pero las reglas de la comisión de Nueva York indican que no se puede aplicar esparadrapo directamente sobre la piel, y fue solo por esta razón que la comisión hizo que volvieran a vendarlo”.
El propio Tito Trinidad dijo en la entrevista post pelea con Larry Merchant que el vendaje no tuvo nada que ver con su fallida actuacion ante Hopkins, quien dominó el combate y terminó apuntándose un nocaut en el último asalto, pero su padre no escondió entonces su molestia.


“Me hicieron vendar a Tito de una manera diferente a como yo siempre lo había vendado, y que yo nunca había visto antes”, dijo. “Toda la gasa estaba al frente, sobre los nudillos, lo que le quitaba a Tito parte de su potencia”.
“Otro entrenador dijo esa noche que yo no podía vendarlo como lo había vendado y el representante de la comisión, que nunca había puesto un vendaje en su vida, le hizo caso y terminó diciéndonos cómo debٟíamos vendarlo”.
“Yo sabía que algo estaba mal”.
De paso, puede decirse también que Hopkins ni Mosley se han destacado por su verticalidad deportiva: Mosley, por ejemplo, dio positivo a esteroides luego de victoria de 2003 sobre Oscar de la Hoya, mientras que numerosos excontrincantes -entre ellos Roy Jones, Jr. y Chad Dawson- han considerado a Hopkins el peleador más sucio al que se han enfrentado, especializado en golpear con la cabeza… o detrás de ella.

 


En un artículo de Michael Carbert para la página Thefightcity.com publicado en enero de 2019, titulado ‘Los 12 campeones más sucios’, este escribió:
“Hopkins fue un mago al incluir los ‘fouls’ y los ‘casi fouls’ dentro de su técnica habitual. En ocasiones habló francamente acerca de la importancia de manipular a los árbitros y de cómo él obtenía una ventaja socológica al usar tácticas ilegales sin que le llamaran la atención ni lo penalizaran”.
“Muy pocos de sus oponentes no se quejaron después de esta propensidad suya a usar los aspectos más oscuros del deporte y no cabe duda de que eso jugó un papel significativo en algunas de sus victorias más importantes, pero raras veces le quitaron puntos y nunca fue descalificado”.
En fin, enterado de la muerte de Richardson, don Félix dijo que nunca le guardó٠ resentimiento por lo ocurrido.
“Nunca tuve problemas con él, como tampoco lo tuve con la gran mayoría de los entrenadores a los que nos enfrentamos”, dijo, “y lamento su muerte y lo siento por su familia”.

 


Sin embargo, recordó que siempre consideró injusta la controversia por el vendaje: “A Tito yo siempre lo vendٞé de la misma manera desde que él se lastimó٠ las manos en su pelea con Jake Rodríguez (en 1991) y un médico me explicó cómo debía vendarlo para protegerle las manos”.
“Después, otros peleadores que él había noqueado antes -como Fernando Vargas, David Reid y William Joppy- empezaron a acusarlo de haber usado un vendaje ilegal, para restarle méritos a su carrera”, agregó. “Pero lo cierto es que antes de la pelea con Hopkins ya Tito había peleado en Nueva York -con Pernell Whitaker y William Joppy– y nunca nos habían dicho que hubiera nada malo con el vendaje, que tenía la intención de protegerle las manos”.
Ademٞás, recalcó, “yo vendé a todos mis peleadores de la misma manera, pero ninguno pegaba como Tito”.





“El vendaje no hace milagros: para eso hay que tener un talento especial”.
“Tito no perdió esa pelea mcon Hopkins por el cambio en el vendaje”, aseguró, “pero sí hubo muchos factores, incluyendo el aplazamiento de dos semanas por el ataque a las Torres Gemelas y el que Hopkins, quien sabٟíamos que era un marrullero, hizo la pelea más limpia de su vida”.
“Pero aparte de eso, por alguna razón, desde que subimos al ring yo veía que ese no era el Tito de siempre”, agregó. “Incluso con todos esos factores, él hubiera podido ganar si hubiera tenido ese empuje avasallador que siempre tenía, pero esta vez no fue así”.
Y finalizó: “Por eso, ni siquiera le di unas palmadas en la cara, como hice en otras peleas. Sí hacía eso para mándarlo a que tratara de avasallar a Hopkins, iba a ser un suicidio”.



El autor formó parte de la redacción deportiva de El Nuevo Día de 1981 a 2008 y es el autor de San-Tito, sobre la carrera de Tito Trinidad y de la novela El último kamikaze, ganadora del certamen del Instituto de Cultura Puertorriqueña en 2016.
(ceuyoyi@hotmail.com).
En twitter, Ceuyoyi, En Facebook, Jorge L. Prez


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