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Enredado en las redes sociales

 

Hace poco, una amable lectora me escribió para decirme que había decidido cerrar su perfil de Facebook. No se debió a que no tuviese muchos ‘amigos’, sino todo lo contrario. Tenía demasiados. Pero no eran precisamente los amigos más apetecibles del mundo.
El mensaje que me envió supera, a Dios gracias, del estilo telegráfico y a veces indescifrable que usan los ‘facebookistas’ o ‘twiteros’ más consumados.

woman looking at Facebook in office
Así, ella escribió que, cuando empezó dicha cuenta, “sabía lo que me esperaba por experiencias vicarias, pero arriesgada al fin, decidí aprender por cabeza propia. Pensé que abrir un perfil aumentaría la probabilidad de citas de buenos prospectos…”.
Ahí intercaló, de paso, lo siguiente: “Jajaj, ¡qué ignorancia!”
Entonces pasó a relatar que tardó un poco en tirar la toalla.
“Lo tuve abierto por tres meses y recibí cerca de 2,500 visitas y cientos de mensajes“, contó.
“Además consulté con varias amigas que reportan el mismo fenómeno y tristemente la misma suerte”.
¿Qué tipo de suerte?
Pues, “Conocí a un médico que me llamaba a cada rato, y me enviaba mensajes de texto cada hora. La gota que colmó mi copa fue el siguiente mensaje dos minutos antes de decidir escribirle a usted:
“Busco una relacion seria no busco sexo tengo 41 soltero no soy seloso (sic) ni machista 787 xxx xxxx”
Pero hay más: durante ese experimento de tres meses de duración, la amiga tuvo la oportunidad de familiarizarse con tantos tipos de entes masculinos, que hasta llegó a clasificarlos según su especie a base de lo que estos especímenes decían sobre ellos mismos en sus perfiles.
Si decían “Soy un hombre sincero”, mi amiga de inmediato olfateaba a un sujeto “claramente embustero”.
Y si afirmaban: “Soy padre soltero y trabajador y busco una mujer para compartir mis días’, según ella, lo que en realidad buscaban era una niñera.
También estaba el que decía, de lo más galante: “No me importa si te has acostado con la mitad de Pueto Rico…”,
A lo que ella se sentía de tentada de responder: “¿Y cómo se enteró?”
Y, para remachar había quien decía: “Soy casado, ¿quieres tener una aventura?”.
Pero ni siquiera había que leerles el perfil. Los nombres que usaban en sus ‘profiles’ a veces lo decían todo: tuadmirador_nebuloso, lookingforlove, elchicocaliente, tupapichulo…
Al final, la amiga lectora firmó su mensaje de esta manera: La desilusionada.
En respuesta, debo decirle que ya este asuntito del Facebook me parecía bastante zángano, antes de que empezara a enterarme de su uso ‘part time’ como casa de citas.
¿No se cansa la gente de notificarle al mundo las idioteces más grandes de su intimidad?
“Estoy viendo Rocky V en el DVD”, puede escribir uno.
Y no falta quien luego le responda: “Ah, esa es la que vino después de Rocky IV, ¿no?’
Y si una chica de muy buen ver escribe: “A acostarme temprano hoy… llevo dos días sin dormir”, de seguro puede contar con una rápida docena de respuestas masculinas, diciéndoles cosas tan deliciosas como:
“Dulces sueños, mi reina”.
“Que sueñes conmigo”.
“Y conmigo también”.
“No, con él no, que te dan pesadillas. Conmigo”.
En fin, para resolver todo esto, un día se me ocurrió escribir lo siguiente en mi perfil de Facebook: “Soy un hombre virgen con tendencias suicidas. Busco una compañera que comparta conmigo mis breves y efímeros momentos de felicidad cuando vaya de excursión a los cementerios más renombrados. Debe tener transportación, porque yo no tengo carro”.
Hasta la fecha he recibido más de 100 pedidos de amistad.

Romeomareo2@Gmail.com

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