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Es Dios quien define el amor

Image by janwardenbach from Pixabay

Cuando abramos nuestros labios para pronunciar la palabra amor, estemos conscientes que no somos nosotros, seres imperfectos y finitos, quienes lo definimos.

Cualquier manifestación de amor de nuestra parte, aunque sea sincera, nunca será perfecta pues nuestra naturaleza es caída. Si no quieres creer esto, solo remóntate a las mil y una vez en que después de manifestar a alguien lo que tú consideras amor, te desbordas en desprecio hacia alguien. El verdadero amor no hace acepción.

La Biblia dice que Dios es amor. Dios es quien define lo que es el VERDADERO amor, pues Él mismo es amor. Y Dios demanda de todos que tengamos amor, primeramente hacia ÉL. No por ser ególatra, sino porque como Dios que es, y soberano, Él sabe lo que es mejor para nosotros. Si no lo amamos a Él por encima de las demás cosas, nuestro amor no solo será imperfecto sino destructivo. Por lo tanto, no será amor como tal.

Amar a Dios en verdad, no de la boca para afuera, redundará en que amaremos correctamente a nuestro pójimo. No es a la inversa como muchos profesan, incluyendo profesionales de las ciencias de la conducta. Amarnos a nosotros mismos primero, eso sí es egolatría y orgullo. Y como consecuencia, nunca estaremos conformes, pues por estar tan centrados en nosotros mismos, siempre queremos más y más. Siempre deseamos que nos sirvan nuestras necesidades, pero no pensamos en el que está necesitado. El resultado es completo aislamiento. Y nos convertimos en seres pretensiosos a quienes nos deben satisfacer todos nuestros requerimientos.

Profesar lo que en nuestra propia opinión parece ser amor, sin el debido balance de justicia y santidad, no es amor. Es hipocresía. Es creerse mejor que Dios, es creerse con el derecho de redefinir lo que es amor.

No podemos decir que tenemos amor si todo lo que hacemos es aplaudir todas las acciones de nuestros cónyuges, hijos, amigos, vecinos, y del prójimo en general, si advertirle cuando sus acciones o actitudes son incorrectas y pecaminosas. Sencillamente cuando están en contra de Dios. Para el mundo, eso será entrometimiento en las vidas de los demás, pero para el Dios que muchos dicen conocer y que en realidad no conocen ni obedecen, ese es el verdadero amor, porque un ciego no puede guiar a otro ciego. De lo contrario, ambos caerán por el precipicio (Lucas 6:39). El ‘ciego’ que es corregido tal vez se incomode con el verdadero amigo que le dice que el camino que escogió es el equivocado y que lo llevará a la perdición. Pero a fin de cuentas es ese amigo despreciado por su entrometimiento, el que procura el bien del ‘ciego’, y son sus consejos los que preservarán su vida y su alma.

Por el contrario, el falso amigo que solo alaba las decisiones del ‘ciego’, hará que el ciego esté contento y que lo considere su verdadero amigo. Claro, estará contento rumbo al precipicio. Todo será pasajero. Su disfrute no será eterno, pero su sufrimiento sí. Proverbios 18:24 dice:  “Hay amigos para ruina del hombre, pero hay un amigo más unido que un hermano” (BTX).

La Biblia describe muy bien a este tipo de personas que desprecia el consejo y que llama enemigo al que en realidad procura su bien. Proverbios 15:12 dice que “El escarnecedor no ama al que le reprende, ni se junta con los sabios”. 

La Palabra de Dios también describe al que recibe y acepta la amonestación, y lo contrasta con el que desprecia la corrección, como lo vemos en Proverbios 15:31: “El oído que escucha las amonestaciones de la vida, entre los sabios morará.  El que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; Mas el que escucha la corrección tiene entendimiento”. 

Para mí, el pasaje que mejor describe la diferencia entre un tipo de persona y el otro, es el siguiente, que también se encuentra en Proverbios. “¡Una reprensión franca es mejor que amar en secreto! Las heridas de un amigo sincero son mejores que muchos besos de un enemigo. El perfume y el incienso alegran el corazón, y el dulce consejo de un amigo es mejor que la confianza propia” (Proverbios 27:5‭-‬6‭, ‬9 NTV).

Sin embargo, eso no es lo que vemos hoy día. Al que disiente con alguien para corregir, es visto como entrometido, como enemigo y como una persona que está llena de odio o que está lleno de fobias.

¡Qué gran contradicción! Porque el que verdaderamente ama, en realidad no es una persona que tema ni siquiera el menosprecio de los demás con tal de llevar una verdad que a la postre puede salvar almas.

“El hijo sabio alegra al padre; mas el hombre necio menosprecia a su madre.  La necedad es alegría al falto de entendimiento; mas el hombre entendido endereza sus pasos.  Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afirman” (Proverbios 15:20‭-‬22 RVR1960)

Como dice el pasaje anterior, la persona entendida endereza sus pasos. Si se dice que los ‘endereza’, se refiere a una persona que llevaba el rumbo equivocado, que estaba en error, pero los corrigió. Pero para eso tuvo que escuchar y recibir el consejo, en lugar de ponerse una coraza para hacerse parecer una víctima a la que solo quieren atacar.

“Mejor es oír la reprensión del sabio que la canción de los necios”, dice Eclesiastés 7:5 en la versión RV1960. Mientras, el mismo verso de la versión NTV expone esa misma verdad de esta manera: “Es mejor ser criticado por un sabio que alabado por un necio”.

El que corrige y reprende en amor, no teme al menosprecio, porque sabe que ese es el llamado que tiene de parte de Dios, y reconoce que no debe temer al ser humano sino a su Creador. El amigo que en verdad ama, corrige. Pues lo contrario, es hacerse de la vista larga sabiendo que su supuesto amigo va hacia un precipicio. Esas son buenas noticias, porque no importa los vientos en contra que soplen, nuestra confianza estará basada en Dios y el mensaje seguirá siendo escuchado, tanto por los que no quieren, como por aquellos que sí lo aceptarán y transformarán su vida. 

Es irónico, pero el verdadero amigo, ese que sabe permanecer junto a la persona en las buenas y las malas, pero que también sabe corregir en amor sin temer al menosprecio, es el que menos amigos tendrá. En cambio, los que solo hablan lisonjas, que dicen que todo está bien cuando no es cierto, siempre serán los que más amigos tendrán.

Eso en un tiempo me mortificaba, por lo siguiente. Hay qiuenes desprecian los decretos de la Biblia porque dicen que son puros cuentos y mitología. Alegan que solo se dejan llevar por la ciencia. Pero ahí es que me doy cuenta de cuán cierta es la Biblia cuando dice que Dios hace parecer necedad la sabiduría del hombre. Me doy cuenta cuando utilizando la misma ciencia, exponemos el error del incrédulo y sus falsas posturas. En esos casos, el incrédulo no quiere apoyarse en la ciencia pues no le conviene cuando le confronta.

Eso me inquietaba sobre manera hasta que escuché las sabias palabras de un predicador, que me hizo entender que el mundo en realidad no está en busca de la verdad, ni en busca de respetarla. El mundo lo que quiere es poder, no importa si para lograrlo tiene que aplastar y acallar la verdad.

Por eso, estoy tratando de evitar ya usar argumentos filosóficos o científicos para convencer. En primer lugar porque Dios nos dio un mandato de predicar sus buenas nuevas y de hacer discípulos, no de convencer. Eso le corresponde a Él por medio de su Espíritu Santo. En segundo lugar, porque solo en el Evangelio hay poder para transformación.

“Pues no me avergüenzo de la Buena Noticia acerca de Cristo, porque es poder de Dios en acción para salvar a todos los que creen, a los judíos primero y también a los gentiles” (Romanos 1:16).

LA LABOR DE LA IGLESIA

La labor de la iglesia no es temer al hombre, sino seguir proclamando la verdad del Evangelio, de que las personas sin Dios están perdidas, alejadas de Él, y destinadas al castigo eterno. Pero ese mensaje del Evangelio, que es también uno de buenas noticias, expone la solución al problema anterior: Que aceptando la obra de Cristo en la cruz para el perdón de las culpas del ser humano, gana por gracia la reconciliación con Dios.

Así que cuando señalamos el pecado y el error en el prójimo con el propósito de que este se reconcilie con Dios, no es entrometimiento. Es en primer lugar obediencia a quien debemos obedecer, y es procurar su bien aunque las personas decidan luego otra cosa. No nos corresponde sonar ‘friendly’ y estar ‘in’. Si decimos que somos cristianos, no nos corresponde ir a favor de la corriente. Nos toca actuar contra la cultura. No por el mero hecho de contradecir, sino por el hecho de que servimos a un Dios vivo al que de por sí la cultura desprecia. Y si la sociedad lo desprecia a Él, cuánto más no nos despreciará a nosotros si Cristo mismo lo advirtió: “Acordaos de la palabra que yo os dije: «Un siervo no es mayor que su señor». Si me persiguieron a mí, también os perseguirán a vosotros; si guardaron mi palabra, también guardarán la vuestra” (Juan 15:20 LBLA).

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