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El pueblo tiene que renunciar… a su propio pecado

Image by Myriam Zilles from Pixabay

Puerto Rico necesita un nuevo gobernante en este momento. No hay duda. Pero necesita más que sólo eso. Necesita arrepentirse de su pecado, porque no crea nadie que el gobernador saliente es el único culpable.

Puerto Rico necesita arrepentirse, porque si no, luego uno de esos que hacen trampa en su entorno y que piensan que su pecado no es tan grande como el de Ricardo Rosselló y sus amigos del chat, se van a trepar en el poder para hacer lo mismo que esta y todas las administraciones anteriores.

Tiene que arrepentirse el que posiblemente fue a manifestarse a la marcha, o el que utilizó las redes para expresar su molestia con Rosselló, pero miente en la planilla para tributar menos; tiene que arrepentirse el empresario que no reporta el IVU después que lo retiene por las compras en su negocio; el negociante o médico que sólo acepta pagos en efectivo o por ATH Móvil para no reportar sus ganancias a Hacienda.

Arrepentimiento es cambiar no solo el modo de pensar, sino el de actuar. Por eso no basta solo con pedir disculpas.

Gente, Puerto Rico está mal, pero no sólo por administraciones como la de Rosselló. El país está mal porque la corrupción que criticamos de los gobernantes, empieza antes, en los hogares. Y luego esos mismos ciudadanos son los que llegan un día a la Fortaleza y al Capitolio.

No estoy tirándole la toalla a Rosselló. Ni minimizo su pecado al señalar el de los demás. Soy de los pensó que tenía que renunciar luego de que saliera a la luz pública el infame chat de 889 páginas que salió a la luz pública por la prensa.

Me preocupa que ahora mismo que llevamos semanas sin un gobierno operante. Pero más me preocupa que hay rostros invisibles, por ahora, que se están afilando los colmillos para hacer lo mismo cuando el partido de turno se baje o lo baje del poder el mismo pueblo que pasó juicio en las calles sobre Rosselló y sus amigos.

Hay cabilderos y contribuyentes políticos que están preparándose para trepar al poder a su monigote favorito a fuerza de dólares, con la esperanza de que luego ese líder y su gabinete lo favorecerá con contratos. Lo mismo ocurre cada cuatro años. Un partido gana, pero los amigotes del partido rival comienzan a hacer planes para cuando les toque a ellos estar en la rueda de arriba.

Cabildean y aportan sus miles de dólares a las campañas, esperando que a cambio, le empleen en alguna agencia a todos sus familiares, y que le den de codos y boten a sus adversarios. Da tristeza saber que ese es el modo de operar de la política. No solo en Puerto Rico. Causa indignación saber que aunque hayan personas con interés genuino por el servicio público honesto, las estructuras de poder dentro de los partidos políticos tratan de sacar de carrera a aquel que no es de su círculo inmediato. Y el sistema es tan vil, que tampoco deja que avancen aquellos que no desean vincularse al sistema.

Muchos de esos, y de los que hacen trampa en la planilla, que no reportan el IVU, que se roban la luz y el agua, o que se llevan materiales de sus lugares de trabajo, estuvieron posiblemente colados en la marcha manifestándose.

Pero necesitan renunciar al igual que Rosselló. Quizás no a sus puestos de trabajo. Pero sí tienen que renunciar a su viejo estilo de vida. Tienen que arrepentirse. La gente tiene que cansarse ya de la corrupción, pero no sólo la de los gobernantes, sino de la propia también.

Sé que hay personas que sienten incomodidad y molestia cuando se les menciona la palabra pecado y arrepentimiento. No así cuando ellos señalan el pecado de otros, pero sí se molestan cuando se les apunta a su propio pecado.

Por eso me pregunto si en adelante Puerto Rico se conformará con tener un nuevo gobernante, y nuevos legisladores. Si confiará solo en que surjan nuevos candidatos a puestos electivos y en limpiar la casa en el Capitolio mediante el voto.

¿No será tan importante o más que cada uno comencemos a enmendar nuestra vida privada, esa que demuestra el verdadero carácter de una persona? Si algo criticaron del saliente gobernador Ricardo Rosselló fue precisamente eso… que lo que escribió en el chat, demostraba su verdadera personalidad, y no la que presentó falsamente a los medios durante su campaña eleccionaria, y luego durante sus primeros años de incumbencia en Fortaleza.

Si te ofendiste por las atrocidades que compartió Rosselló en ese infame chat junto a su equipo de trabajo, y por las movidas que se tramaron en el mismo, oféndete también cada vez que cometes un acto que le falta a la integridad, aunque nadie te vea. No esperes a que seas sorprendido en público. No tomes por demora las oportunidades que brinda Dios para el arrepentimiento. Pide perdón, no cuando seas sorprendido en el acto, sino cuando tu conciencia te redarguye y te trae convicción de que estás obrando mal.

La Biblia hace una advertencia en 1 Juan 1:8-9 pero a la vez muestra la misericordia y las oportunidades que nos brinda Dios: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, Él (Dios) es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad”.

En ese y tantos otros pasajes la Biblia nos muestra que al señalar y juzgar al ser humano por su pecado, Dios siempre abre una puerta y muestra su misericordia al dar oportunidad para que la persona se arrepienta. No es decir lo siento, sino proponerse cambiar de manera de pensar y actuar. Pero ese cambio en las acciones no se da con meramente comenzar a aplicar un nuevo código de valores morales. Muchos creen en eso y tarde o temprano chocan contra la pared porque su naturaleza los llevará a claudicar y seguir el camino de perversión.

Practicar ciertos valores te puede ayudar temporalmente a modificar tu conducta pero no será un cambio permanente. La única diferencia para el cambio está en acudir a la cruz y ampararte en la obra que hizo en ella Jesús. Claro que la vida de servicio a Dios demanda de ti responsabilidad de cambiar hábitos y conducta. Pero lo que debes entender es que no lo lograrás con simplemente practicar un nuevo código de conducta, sino pidiéndole a Dios mismo que te fortalezca y te ayuda en ese caminar.

Este mensaje no suena atractivo para el mundo, pero no estamos llamados a complacer al mundo, sino a cumplir el llamado de Dios de predicarle al mundo y hacer discípulos.

En resumen, poniendo en contexto lo que dice la Palabra de Dios en el anterior pasaje de 1 Juan, en el sentido de que todos pecamos, no critico que en las múltiples manifestaciones que pedían la salida de Rosselló hayan participado personas que tal vez no tenían la moral suficiente como para lanzar la primera piedra. La realidad es que si dependiera de nuestra moral, todos hubiéramos tenido que callar y nadie hubiera tenido justificación para exigir su renuncia.

Lo que sí criticaría, es que como pueblo hayamos tenido la valentía de sacar un gobernante que traicionó la confianza de sus representados, pero no sea capaz de cambiar sus viejos estilos y malas costumbres, solo porque su pecado le parece no tan grave o porque no es el momento para sacarlo a la luz. Criticaría que cuando hayan esos actos de corrupción interna en los lugares de trabajo o en las comunidades, nadie los destape, y peor aun, que si alguien trata de denunciarlos, otros se confabulen para sacarlo del medio con la excusa de que es un “chota”.

Si no estás dispuesto a arrepentirte en privado delante de Dios, donde hay más posibilidad de que tu arrepentimiento sea genuino y no fingido ante el ojo público, alguien se encargará de sacar tu pecado a la luz, y posiblemente sea el mismo Dios permitiendo que eso suceda. Muchos aprecian solo el lado del amor de Dios, pero no quieren reconocer su soberanía, ni aceptar que también es un Dios de justicia.

Dios es un Dios santo, y demanda que vivamos en santidad. Y la santidad no es sinónimo de perfección, pero sí demanda dependencia de Dios para lograrlo.

Por duro que suene, si demandaste la salida de Rosselló y aborreces la corrupción gubernamental, pero en tu vida privada eres un corrupto más que no tiene intención alguna en cambiar, habrás actuado en hipocresía. Y lamentablemente seguirán llegando al poder ese tipo de personas, mientras no haya un arrepentimiento genuino ante el único que no puede ser burlado ni engañado.

Lógicamente no me toca a mí traer convicción a cada uno, sino a Dios. Muchos aborrecerán estas palabras. Y no me sorprenderá porque ya lo advirtió Dios en su palabra: “Porque todo el que hace lo malo odia la luz, y no viene a la luz para que sus acciones no sean expuestas. Pero el que practica la verdad viene a la luz, para que sus acciones sean manifestadas que han sido hechas en Dios”– (Juan 3.20-21).

Algunos rechazarán este mensaje porque se creen justos, pero la Biblia habla verdad y declara que no hay un solo justo. Solo Dios es justo y sin pecado. “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios” – (Romanos 3:10-11) . Y Marcos 10:18 declara “Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo uno, Dios”.

Solo espero y sé que Dios en su soberanía puede confrontar a algunos con su propio pecado como lo hizo conmigo y lo ha hecho con tantas vidas que acuden a él con convicción de que necesitan de Él y necesitan salvación de sí mismos. Que así haga Dios con quienes Él dispuso salvar. Y que sea así para su gloria.

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