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Resucitemos

He visto muchos comentarios en las redes acerca del domingo de resurrección que celebramos ayer. Por un lado, los huevos y conejos que nada tienen que ver con ese día, y por otro, múltiples deseos de felices pascuas, etc.

¿Realmente celebramos a Jesús? Se habla de justicia, se habla de amor. Pero ¿realmente sabemos qué implicó para nosotros la muerte y posterior resurrección de Jesús?

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Veo que en términos generales hay simpatía hacia la figura de Cristo, pero en realidad muy poca disposición a ser discípulos de Él. Muy poca disposición a amar lo que él ama y aborrecer lo que él aborrece.

Sí, imagino que el que no ve la Biblia verdaderamente como la Palabra de Dios pero dice que cree en Dios, pensará que Cristo, al ser amor, no puede tener ese tipo de sentimiento como para aborrecer algo. Sin embargo la Biblia presenta claramente que cuando Cristo murió por nosotros, recibió toda la ira de Dios que en realidad estaba destinada a nosotros.

Cristo tomó nuestro lugar y nos libró de la ira de Dios. Dios aborrece que el ser humano viva una vida de pecado, de espaldas a él, como si él no importara. Su santidad es tal, que no hay en él ningún vestigio de error, ni mucho menos de pecado.

Pero eso hoy día a muchos no le gusta escucharlo, porque escucharlo y meditar en esa verdad, nos tiene que llevar a arrepentimiento. Y moverse a arrepentimiento implica un cambio de mente, de la manera de pensar y de actuar.

Muchos quieren celebrar la resurrección de Jesús, pero no quieren vivir como él quiere que vivamos. Quieren vivir según su propia opinión y sus propios deseos. No puede haber resurrección si primero no morimos a nuestro orgullo, a nuestra soberbia y a creer que nuestro entendimiento está por encima de la verdadera sabiduría que proviene de Dios.

Me choca ver mensajes alusivos a la pascua de resurrección, por parte de personas que al hablar de espiritualidad mezclan cualquier cosa con la verdad de Cristo y piensan que todo es válido. Sé que este mensaje choca, porque la gente en términos generales no quiere ofender a nadie. Y por no ofender, callan la verdad.

Y la verdad es que no todos los caminos conducen a Dios. Cristo mismo lo dijo: nadie viene al Padre si no es a través de mí. Él mismo dijo, yo soy el camino, la verdad y la vida.

Por lo tanto, aunque algunos se ofendan, a Dios no se llega por cualquier filosofía o corriente de pensamiento. Es mentira que todo sea lo mismo. Y como sé que enseguida unos presentarán como su defensa, que debo respetar las creencias de otros que no sean cristianos, debo aclarar que el hecho de que yo proclame la verdad del Evangelio, no le falta el respeto a nadie. Porque, que yo sepa, lo que los cristianos proclamemos de la Palabra no fuerza a nadie a tener que regirse por eso. De todos modos es Dios quien en su inmensa misericordia y gracia, concede que los ojos del entendimiento sean abiertos. En lo que sí estoy claro, es que el Evangelio es la única verdad y que decir eso va a ofender a muchos.

Pero usted crea lo que quiera. A mí no tiene que rendirme cuentas. Si hoy día hay tantas personas proclamando a gritos lo que le parece como cierto, los cristianos estamos llamados a no quedarnos callados. Se nos dio el mandato de predicar el evangelio y hacer discípulos.

Y la verdad es que solo hay un camino. Ese es imitar a Cristo y obedecer sus palabras. Si vimos tantos mensajes ayer alusivos al domingo de resurrección, lo menos que deberíamos hacer es vivir por lo que dice la Palabra y no por lo que la cultura dice que está bien.

En Romanos se advirtió que no nos conformemos o adaptemos a este mundo (el sistema, la cultura), sino que transformemos nuestra mente para que veamos cuál es la voluntad de Dios; lo que es bueno, aceptable y perfecto.

En otras palabras, que mientras demos por bueno todo lo que el mundo nos plantea o nos impone, no podremos saber u obedecer la voluntad del Señor, porque no le estamos dando importancia a su Palabra. Mientras le doy más peso a lo que mi carne siente y no a lo que la Palabra de Dios establece, no puedo decir que estoy obedeciendo.

Eso se ve cuando muchos de los mismos que dicen creer en él, con sus acciones lo niegan y lo resisten; y cuando se alinean con el mundo para llamar a lo malo bueno, y hasta desprecian lo que dice la Biblia porque aseguran que eso es muy anticuado y hay que atemperarse a los tiempos.

Entonces, ¿de cuál Jesús es que celebraste la resurrección ayer? Espero que no sea de uno falso que se amolde a tu vieja manera de vivir. Porque te aseguro algo, que si sigues al verdadero Jesús, ese te va a incomodar cuando no estés haciendo las cosas como Dios manda en su Palabra. Lo hará en amor, pero te incomodará. Y no te dejará que te sientas conforme con tu vieja manera de vivir si estás en desobediencia y pecado. Sino que buscarás que mueras a esa vieja vida y resucites a la nueva vida eterna que solo él, mediante su sacrificio, es capaz de dar cuando se le acepta.

Que viva el Dios de amor que a todos gusta, pero que viva también el Dios de justicia que pocos quieren seguir y obedecer.

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