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¿Cuál Jesús?

En un mundo cada vez más escéptico, hay que estar pendientes incluso de esos que dicen creer porque con la boca profesan una cosa, pero ante las presiones muy fácilmente son de esos que le dan la espalda a cualquiera, incluyendo al Jesús en el que dicen creer.

Son personas que en realidad están en una posición acomodaticia en la que no quieren comprometerse con los principios y preceptos que estableció Dios en su Palabra, y por ende no aceptan sus errores ni mucho menos reconocen cuando tienen que enmendar su camino.

En esa vertiente, tenemos a gente que dicen admirar a Jesús por la humildad con que caminó en la Tierra, porque fue un auténtico revolucionario y porque impactó al mundo con su amor. Pero lo irónico es que tal admiración no lleva a esos que dicen admirarlo, a convertirse en sus discípulos.

Lo que sucede es que admirador no es lo mismo que discípulo. Muchos elogian al Jesús histórico que pisó esta Tierra y caminó entre los hombres y mujeres haciendo milagros, sanando al enfermo y libertando al cautivo, pero muchos de esos que lo admiran, repudian al Jesús que confrontaba y confronta aún el pecado, y que aborrece la mentira. No ligan con el Jesús que en su amor, también quiere corregir y cambiar.

Pero tengo una noticia. Ambos son el mismo Jesús. No puedes tener un solo lado o aspecto de Él, mientras rechazas a tu antojo el otro lado.

Lo más irónico es que tenemos a gente que no pueden lidiar con la verdad de la Palabra, pero dicen que admiran a Jesús. Y es irónico porque el Evangelio de Juan en su primer capítulo establece que desde “Antes de que todo comenzara ya existía Aquel que es la Palabra. La Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Cuando Dios creó todas las cosas, allí estaba la Palabra. Todo fue creado por la Palabray sin la Palabra nada se hizo”. (Juan 1:1-3).

¿Cómo puedes decir que admiras a alguien pero no creer lo que dice, y mucho menos practicar lo que postula?

Se habla de hipocresía de parte de los cristianos, pero son más hipócritas quienes se ponen en ese plano acusador, pues critican pero no hacen. Dicen admirar a Jesús, pero no practican lo que Él hacía, ni imitan su vida.

Hablan de que Jesús era amor y que no pasaba metiéndose en la vida de los demás, y por otro lado critican a la Iglesia porque dicen que se mete en la vida de los demás. La Iglesia no se mete en la vida de los demás. La Iglesia proclama la verdad de la Palabra de Dios, y esa Palabra, por si sola, es la que confronta a la gente con su maldad.

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada oculta a su vista, sino que todas las cosas están al descubierto y desnudas ante los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”. (Hebreos 4:12-13)

¿Quiere saber una señal para conocer cuándo una persona está siendo confrontada por la verdad? Tan sencillo como que se molestará y dirá que nos estamos metiendo en su vida. Pero la Iglesia, y los cristianos no nos metemos en la vida de los demás. Solo estamos llamados a imitar a Jesús, proclamando su Palabra, su Evangelio. Su mandato a nosotros fue que vayamos por el mundo y que hagamos discípulos.

Sencillamente, si la Palabra a usted lo confronta y le molesta, no debe molestarse ni conmigo ni con la Iglesia. Debepreguntarse a sí mismo, si acaso su molestia es con Dios mismo o su Palabra. Y si es humilde, reconocerá que realmente nadie puede contender contra Dios.

Pero decir que la Iglesia se mete en la vida de los demás, es no ser honesto. La Palabra de Dios nos deja ver que si aún los discípulos de Cristo calláramos, “las piedras gritarán“. (Lucas 19:40). Es decir, que de un modo u otro como quiera la gente será confrontada con su verdad. En primer lugar tienen una conciencia que les hace saber cuando están cometiendo maldad, y en segundo lugar, siempre habrán factores externos que se encargarán de hacerte ver la verdad, indistintamente de que no estés de acuerdo con ella. Por eso la Biblia también dice que aún la creación nos habla.

Es muy fácil decir, simpatizo con Dios, y que nos guste solo ese lado de amor. Pero quienes no dan importancia a la Palabra, ni le creen al Dios de la Palabra, no quieren aceptar que Él también es juicio. No podemos irnos a ninguno de los dos extremos. Tenemos que mantenernos siempre en un balance entre ambos. No hacerlo, es menospreciar y faltarle a la verdad.

Hay cristianos que caen en el extremo de que todo lo que expresan y declaran es juicio sobre los demás, y por culpa de esto, muchos se han apartado de la Iglesia y no quieren ni escuchar de Dios. Pero otros han caído en el otro extremo, de solo amor, y entonces se parecen al padre permisivo que le aplaude al hijo hasta en sus desórdenes e indisciplina, logrando solo que se eche a perder.

Jesús sí caminó en amor en la Tierra, pero cuando tuvo que ser fuerte y confrontar lo hizo. Y siempre lo hizo en un balance. Porque a quien confrontó en su pecado, siempre le mostró también su lado misericordioso y siempre le extendió su perdón.

En el templo volcó las mesas y confrontó a los religiosos que se convirtieron en mercaderes. No se andó con paños tibios. Y aun a sus propios discípulos cuando tuvo que confrontarlos, hasta les dijo que si también querían irse.

“Pero todavía hay algunos de ustedes que no creen. Jesús dijo esto porque, desde el principio, sabía quiénes eran los que no creían, y quién era el que lo iba a traicionar.  También les dijo que nadie podía ser su seguidor si Dios su Padre no se lo permitía.    Desde ese momento, muchos de los que seguían a Jesús lo abandonaron.  Entonces Jesús les preguntó a sus doce  apóstoles : —¿También ustedes quieren irse?” (Juan 6:64-67)

La pregunta que debemos hacernos nosotros es si vamos a actuar como esos, o si vamos a caminar con el Jesús verdadero. Ese que ama pero corrige. Ese que nos invita a llevar su yugo, pero que nos ofrece vida eterna y un agua que si la tomamos, no tendremos sed jamás.

¿Vamos a aceptar el paquete completo, o solo la envoltura para no tener que comprometernos?

Yo quiero y acepto a Jesús en todas sus dimensiones, porque entregó su vida por mí, y la entregó completa. No solo una parte.

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