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Todavía los árboles son verdes

La diferencia es notable. La prisa nos roba esosmomentos de tal manera, que cuando nos montamos en el auto y tomamos elvolante, no nos percatamos de los detalles que Dios nos regala para mostrarnosque está ahí, como siempre, presente.

Pero basta con levantar la vista un poco, sinnecesidad de arriesgar nuestra seguridad cuando conducimos, para ver que sí… quetodavía los árboles son verdes, y el cielo deslumbra con su azul.

Mirar intencionalmente al cielo y el verdor que hay anuestro alrededor, nos hace conscientes de la presencia de Dios, cuando por elafán se nos olvida.

Recuerdo que cuando pequeño disfrutaba como muchosniños acostarme en el balcón de la casa boca arriba, y quedarme mirando haciaarriba buscando distintas formas en las nubes.

Ya de adulto, la inmensidad del cielo me comenzó ainspirar sobre la grandeza del Creador del universo, y lo que es más, arecordarme de su existencia y de su perfección al crear cuidadosamente cadadetalle.

“El cielo azulnos habla de la grandeza de Dios y de todo lo que ha hecho. Los días y las nocheslo comentan entre sí.  Aunque no hablanni dicen nada, ni se oye un solo sonido, sus palabras recorren toda la tierra yllegan hasta el fin del mundo. En el cielo Dios ha puesto una casa para el sol.Y sale el sol de su casa feliz como un novio; alegre como un atleta, se disponea recorrer su camino. Sale por un lado y se oculta por el otro, sin que nada ninadie se libre de su calor”. (Salmos 19:1-6)

Aunque la prisa nos roba hoy día esos momentos,todavía cuando reacciono de vez en cuando y salgo del trance en que nos hemossumido inadvertidamente por los afanes, me sobrecoge tanta grandeza y memaravilla la hermosura de la naturaleza.

Doy testimonio de esto no por pura palabrería. Tanreciente como esta semana me volvió a ocurrir, después de mucho tiempo. Denuevo estaba ahí, con las manos en el volante y la vista puestaen la carretera, pero de repente, el brillo del sol se percibía tan distintoesa mañana que me hizo levantar un poco la vista.

Los árboles que bordean la PR-30, y que siempre estánahí, de repente ese día me hicieron maravillarme de nuevo del paisaje que Diosnos ha regalado. Y más que admirar la hermosura de la naturaleza, ver sucreación me hizo en cierta manera sentir como una sensación de bienestar, dealivio. Mi humor esa mañana cambió.

Comparo el momento a esos instantes de tensión opreocupación, en que de repente alguien nos dice, relájate y respira profundo.Nuestro pulso se calma y hasta nos sentimos relajados. Eso mismo pude sentirpor breves minutos esa mañana.

La Palabra dice en Romanos 1:19 que lo que se conocede Dios es evidente por todo lo que está a nuestro alrededor, por todo locreado. En otras palabras, que aun para el que no ha escuchado de Dios, sucreación le hace saber de su existencia. Otra cosa es negarlo, a pesar de quela prueba, es majestuosa, contundente y a la vez elocuente.

“Porque desdela creación del mundo, susatributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con todaclaridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienenexcusa”, lee el versículo 20 en referencia a los que insisten en negar a Dios.

A veces losmismos cristianos pedimos a Dios que nos hable, pero nos quedamos esperando quelo haga por medio de una voz audible, cuando hay tantas otras maneras en que lohace, incluyendo su creación. Lo que sucede es que para escucharlo, nos hacefalta detenernos.

Detenernos aobservar, detenernos a escuchar. Calmar nuestras ansiedades haciendo un detenteintencionalmente, para observar a nuestro alrededor, para acallar nuestroacelerado ritmo de vida y para no perdernos toda la gloria de Dios que nosrodea.

Por otro lado,hay incrédulos que le exigen a Dios, “si eres real, muéstramelo, haz una señal”.Piden una señal porque no se han dado cuenta de que el aire que respiran, elsuelo que pisan, los recursos naturales que disfrutan, no son obra de su propiamano e inteligencia, sino creación de Dios.

“Es el Dios quehizo el mundo y todo lo que hay en él; es el dueño del cielo y de la tierra, yno vive en templos hechos por seres humanos. Tampoco necesita la ayuda denadie. Al contrario, él es quien da la vida, el aire y todo lo que la gentenecesita”. (Hechos 17:24-25)

Y sí, Dios semanifiesta de otras maneras más personales e individuales cuando nos acercamosa él, pero para que podamos tener esa comunión hace falta humildad. Hay quienesse le acercan pedantes y pretenden que Dios les hable, que Dios les muestre.

Aun los mismoscreyentes en ocasiones nos hemos comportado así. Pretendemos que Dios tiene quecumplir todos nuestros caprichos, y se nos olvida muy fácilmente que él essoberano.

”Yo soy Dios,yo soy el creador del cielo; yo soy quien formó la tierra y todo lo que en ellacrece; yo soy quien da vida y aliento a los hombres y a las mujeres que habitaneste mundo”. (Isaías 42:5)

Que hoy, nimañana, ni nunca se nos olvide levantar la vista. Hagámoslo un ejerciciodiario. Encontremos a Dios en cada cosa creada. Pero no nos desenfoquemos. Norindamos culto a la naturaleza. Rindamos culto al creador de la naturaleza.

Que no se nosolvide de dónde es que viene nuestro socorro. No viene de las montañas, ni delos árboles.

Mi ayuda vienede Dios creador del cielo y de la tierra”. (Salmos 121:2)

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