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Ciegos para ver

El título de este blog sonará a paradoja, pero es que entendí por lo que he leído en la Biblia y lo que he vivido, que hay que ser ciego a algunas cosas para poder ver la verdad que encierran los misterios de Dios.

Y no ciego literalmente, claro está. Pero es que para comprender las verdades y entender la Palabra de Dios, no se puede abordar con una mente moldeada por el mundo. Resulta irónico que muchos incrédulos alegan que ellos no se dejan manipular o esclavizar por lo que ellos llaman fantasías o fábulas de la Biblia, pero por la Palabra de Dios misma podemos ver que sino eres esclavo de una cosa, eres esclavo de otra.

Así que es mejor vivir como esclavos de Cristo (no de ritos ni dogmas de hombre), que como esclavos del mundo, de los vicios que matan el cuerpo y la mente. Es mejor vivir como siervo de Dios, que todo lo que nos añade es bendición, que vivir como presa y esclavo de los excesos, del miedo, de los afanes, de la ansiedad, de la avaricia, de la mentira, etc.

“Antes, ustedes eran esclavos del pecado. Pero gracias a Dios que obedecieron de todo corazón la enseñanza que se les dio. Ahora ustedes se han librado del pecado, y están al servicio de Dios para hacer el bien” (Romanos 6:17-18).

Miren lo que dice 2Pedro 2:19b, que está hablando sobre los falsos profetas, y muy bien podemos aplicarlo también a cualquier incrédulo. “Y será ese mismo mal el que acabará por destruirlos, pues quien no puede dejar de pecar es esclavo del pecado”.

“Ustedes saben que quien siempre obedece a una persona, llega a ser su esclavo. Nosotros podemos servir al pecado y morir, o bien obedecer a Dios y recibir su perdón”. (Romanos 6:16) ¿Qué tú prefieres?

“Cuando ustedes eran esclavos del pecado, no tenían que vivir como a Dios le agrada. ¿Pero qué provecho sacaron? Tan sólo la vergüenza de vivir separados de Dios para siempre. (Romanos 6:20-21)

La verdad de la Palabra, cuando por la gracia de Dios somos alcanzados por su amor, nos trae libertad de esa vieja esclavitud. Hay quienes se llenan la boca diciendo que no se dejan esclavizar por lo que diga la Iglesia o la Biblia, pero viven presos del vicio, de las drogas, de la envidia o del rencor. Viven en una cárcel como es la falta de perdón y no pueden dejar la amargura en que viven, aunque quieran dar la apariencia de que están bien y no necesitan de nadie ni de Dios.

Insisto en que para ver y entender lo importante, la verdad de Dios, hay que ser ciego a esa basura que la gente se cree que es vida. Muchas veces, como Dios obra en el que es humilde de corazón, es esa persona que parece insignificante para los demás, quien verdaderamente recibe las riquezas de la sabiduría del Señor.

Por eso es que la Palabra también nos muestra que Dios hace ver como necedad la sabiduría del mundo. Los que se creen sabios y se enaltecen a sí mismos, a la larga son humillados por la sabiduría de Dios.

Ese corazón humilde, que la Palabra nos declara que el Señor no desprecia, es lo que abre las puertas para que recibamos los tesoros de la sabiduría y las bendiciones de Dios. En la Biblia podemos ver historias de las veces que los ciegos y sordos literales, escuchaban o veían la verdad de Dios, antes que los que tenían sus cinco sentidos funcionando. Y podían recibir la bendición del Señor por su humildad  y por su obediencia. Porque tenían un corazón presto a recibir y aceptar lo que Jesús les tuviera que decir.

La Palabra muestra Mateo 13:13-15, por qué es que hay personas que no pueden entender ni conocer la verdad de Dios. “Aunque miran, no ven; aunque oyen, no escuchan ni entienden. En ellos se cumple la profecía de Isaías: Por mucho que oigan, no entenderán; por mucho que vean, no percibirán. Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible; se les han embotado los oídos, y se les han cerrado los ojos. De lo contrario, verían con los ojos, oirían con los oídos, entenderían con el corazón y se convertirían, y yo los sanaría”.

Otras personas, incluso creyentes, piden una prueba a Dios para poder entender algo, porque quieren razonar las cosas de manera natural, cuando Dios es sobrenatural. Por eso, muchos ciegos espirituales, no pueden entender que a una persona que tiene a Cristo en su corazón y que un día le matan el hijo, pueda al siguiente día aun en medio del dolor, perdonar al agresor.

O tampoco pueden entender que una persona cuyos pronósticos de vida son escasos, pero mantiene viva su fe, milagrosamente recupere y se salve a pesar de lo que dijera la medicina.

Hay gente que quiere basar su entendimiento de las cosas de Dios en las apariencias externas, pero la realidad es que hay que ser ciego para ver. Ciego a las ideas del mundo para poder ver lo que Dios quiere enseñar.

Creo que cuando uno no ve algo, en el sentido espiritual, o cuando no puede comprender algo de la manera que Dios obra en su inmensa sabiduría, es cuando más necesitamos creer. Dios no opera como opera el mundo. El mundo necesita ver para creer, como Tomás el discípulo de Cristo, que no podía creer que Cristo había resucitado aun cuando el Maestro había profetizado mientras estaba con ellos, que sería crucificado y resusitaría al tercer día.

Contrario al mundo, que necesita ver para creer, en Dios necesitamos creer para luego ver. El mundo ve las cosas de Dios y su Palabra como locura, y se burla cuando nosotros predicamos a Cristo y su verdad.

Mateo da ejemplo de eso. En el capítulo 9 del verso 23 en adelante relata la historia del oficial de la sinagoga que creyó que Jesús podía traerla de nuevo a la vida. Cuando Jesús llegó a su casa, pidió que toda aquella gente saliera de la casa. Y lo hizo porque sabía que era gente incrédula. Cuando dijo que la niña solo estaba dormida, no muerta, él estaba llamando las cosas que no son, como si fuesen realidad. De eso se trata la fe. Pero la gente se burló de él.

Pero tan pronto Jesús tomó de la mano a la niña, esta se levantó. Acto seguido, en el verso 7 está el relato de dos hombres ciegos que siguieron al Maestro cuando salió de la casa de la niña y le  pidieron que tuviera compasión de ellos. Cristo les preguntó si creían que él podía darles la vista. Ellos afirmaron.

“Entonces él les tocó los ojos y dijo: Debido a su fe, así se hará. Entonces sus ojos se abrieron, y pudieron ver”. (Mateo 9:29-30).

Por eso creo, que al igual que sucedió con Saulo (Pablo el apóstol), necesitamos que las escamas de los ojos que impiden que veamos, sean quitadas por el Señor para que podamos ver siempre más allá de lo que parece evidente para todos. Para que podeamos ver las abundantes riquezas y sobre todo la gloria de Dios.

Necesitamos creer primero, para entonces ver.

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