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Pérdidas que producen ganancias

Hace tiempo que el Señor te ha estado llamando y te has sentido inclinado o inclinada a responder a ese llamado, pero no lo has hecho porque por otro lado hay cosas que no quisieras abandonar. No las quieres soltar porque te has aferrado.

 Así como el joven rico del Evangelio de Mateo 19:21, que se sintió triste cuando Jesús le dijo que vendiera todas sus posesiones y le diera todo a los pobres, así mismo te has abrazado tanto a eso (trabajo, dinero, una relación, etc.), que aun cuando tu corazón palpita y algo dentro de ti te llama a abrazar al Señor, no quieres tomar la decisión porque has puesto en primer lugar otras cosas.

Pero aunque esas otras cosas están en primer lugar y le dedicas todo tu tiempo y esfuerzo, no te hacen sentir pleno o plena. Por eso andas buscando todavía. La razón por la que el joven rico se puso triste es que sus posesiones eran muchas, y por lo tanto, materialmente hablando, era mucho a lo que debía renunciar según le instó Jesús. La razón por la que el Maestro le mandó a venderlo todo, es porque sabía que este joven rico amaba más a sus riquezas.

Y la misma Biblia declara que la raíz de todos los males es el amor al dinero (1Timoteo 6:10). No dice que el dinero en sí mismo sea un mal, sino el amor al dinero. También dice la Palabra que no se puede servir a dos señores, porque se aborrecerá a uno y se amará al otro. “No podéis servir a Dios y a las riquezas”. (Lucas 16:13)

Mucha gente ha interpretado mal este verso queriendo dar a entender que las posesiones materiales son malas, cuando lo que está señalando este verso es el amor a las riquezas. Por eso es que la Palabra de Dios condena la avaricia; querer tener más a toda costa.

Fui movido a este reflexión luego de leer el pasaje de Mateo 8:28 en adelante, donde la Biblia relata que Jesús llegó a la región de Gadara y allí encontró a dos hombres endemoniados. Los mismos demonios reconocieron la presencia de Jesús y le imploraron que si los sacaba del cuerpo de aquellos hombres, les dejara entrar en unos cerdos que se encontraban cerca del lugar. Al liberar a estos hombres, los cerdos salieron corriendo y cayeron al lago, donde se ahogaron.

Dice este pasaje que los que cuidaban los cerdos huyeron a la ciudad al ver esto, y contaron a los demás todo lo acontecido, incluyendo lo que pasó con los hombres endemoniados. Luego toda la ciudad vino al encuentro de Jesús y le rogaron que se fuera.

Y aquí viene mi reflexión. ¿Si el Maestro hizo un bien al liberar a dos personas, por qué razón toda una ciudad le pidió que se fuera? Si Jesús hubiera permanecido en aquella ciudad, de seguro hubiera hecho lo mismo con otras personas atribuladas, hubiera llevado sanidad donde hiciera falta, o provisión donde hubiera hambre. Hubiera llevado paz donde existiera la incertidumbre y reinara la crisis.

¿Con qué cuento le habrán ido los dos hombres que cuidaban los cerdos a toda la ciudad? Esto se me parece tanto a lo que estamos viendo en estos tiempos. No creo que debe haber sido muy bueno lo que dijeron esos hombres. Me parece que a pesar de reconocer la liberación que Jesús hizo en aquel lugar, a ellos obviamente no le gustó el hecho de que significó una pérdida material para ellos.

Hay gente que está sintiendo el llamado de Jesús, sus corazones laten apresuradamente cuando se han enfrentado con la Palabra viva, pero aun así se han resistido a aceptar a Dios en sus vidas porque temen perder otras cosas. Cosas que a la larga no le producen felicidad ni paz.

La Biblia no lo dice, pero imagino que estos dos hombres cuidadores de cerdos habrán pensado, “este Jesús liberó a estos dos locos, pero mira lo que provocó (la muerte de los cerdos), y si lo dejamos en esta ciudad va a seguir causándonos problemas”. De seguro fueron con ese mismo discurso al resto de la ciudad, y al igual que hoy día mucha gente se deja sugestionar por la primera mala noticia que escucha, o por los comentarios e ideas de otros, tomaron una mala decisión basada en el miedo. Por lo tanto, como fue una decisión basada en el miedo, fue apresurada, incorrecta, y les cerró las puertas a las demás bendiciones que hubieran recibido de haber acogido a Jesús y a sus discípulos en la ciudad.

Ese pueblo tomó una decisión basada también en una cantaleta de apenas dos hombres. Cualquier parecido con la realidad actual, créame que no es pura coincidencia. Porque lamentablemente la sociedad actual está más receptiva a escuchar al que más grita, al que más exposición mediática tenga, aunque sus posturas sean incorrectas y lleven a la perdición de quienes les hagan caso.

La misma Biblia declara que Jesús no hizo milagros en los lugares donde no fue aceptado, por la incredulidad de la gente. Y el pueblo de Gadara le pidió a Jesús que se fuera, creyendo un cuento que le hicieron aquellos dos hombres. Tal vez si hubieran sido testigos de primera mano del amor y la misericordia de Dios al liberar a dos hombres que estaban siendo atormentados por unos demonios, los ciudadanos de Gadara hubieran tomado otra decisión. Pero hicieron caso a lo que otros le contaron según su conveniencia, sin ellos haber visto nada con sus propios ojos. Esos dos hombres no hablaron buscando lo mejor para todo ese pueblo de Gadara, sino que lo hicieron para adelantar su propia causa.

Eso es lo mismo que vemos hoy día. Gente que con apariencia de piedad y solidaridad, se hacen supuestos aliados de causas que en apariencia son justas, pero cuyo único propósito es adelantar sus agendas individuales.

Hoy hay mucha gente como esos dos hombres que cuidaban de los cerdos de Gadara. Están haciendo mucho ruido para confundir a la gente que necesita escuchar y recibir las palabras que traerán liberación, paz y restauración a sus vidas. Ellos no quieren cambiar, porque ese cambio les implicará un costo. Implicaría renunciar a muchas cosas.

Pero como no quieren renunciar y dejarlas, no les conviene tampoco que otros reciban esa liberación, porque a ellos les haría quedar muy mal y en evidencia.

El amor de Dios es tan grande, que en ocasiones va a tener que permitir que pierdas ciertas cosas que te están haciendo daño, para que entonces, solo así, puedas fijar tu mirada en la única alternativa que te queda: recurrir a él. Lamentablemente, en otras, las personas preferirán escuchar más las voces contrarias que están pidiendo que Jesús se vaya de su casa, de sus relaciones, de su familia, de su trabajo, de su ciudad.

Voces a las que no les conviene que Jesús esté en sus ambientes, porque la presencia de Dios, y su Palabra, pondrán en evidencia su mal. Por eso la Biblia habla en Juan 3:20-21 que “Todos lo que hacen el mal odian la luz y se niegan a acercarse a ella porque temen que sus pecados queden al descubierto, pero los que hacen lo correcto se acercan a la luz, para que otros puedan ver que están haciendo lo que Dios quiere”.

Si tú no estás ocultando nada, o ya estás cansado de vivir una doble vida pero quieres un cambio, tal vez este es el momento que Dios ha escogido para que te decidas a soltar eso que te hace tanto mal, pero que tú piensas que te beneficia.

Hay personas que rechazan a Dios porque recibirlo implicará que romperá con cosas viejas, y trastocará la antigua vida en que estaban acomodadas. Echan fuera a Dios sabiendo en su interior que puede traer bienestar a sus vidas, pero al no querer perder las demás cosas, rechazan a Dios y sus bendiciones.

Estás preocupado o preocupada por lo que sabes que tienes que abandonar, y por no hacerlo te estás perdiendo al dador y creador de todas las cosas. Por unas migajas miserables, te estás perdiendo el pan de vida.

Dios te ofrece mucho más de lo que tú piensas es todo para ti. En medio de la angustia, Jesús te dice, “ustedes viven siempre angustiados y preocupados. Vengan a mí, y yo los haré descansar“.

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