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Cristianos, ¿indiferentes?

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Nota: Decimoprimero de una serie sobre el tema del abuso espiritual, término adoptado por teólogos cuando ocurre acoso moral en el contexto religioso.


 

El hecho de que haya una discrepancia marcada entre el número de personas que consideran no haber sido víctimas pero que al mismo tiempo han tenido experiencias de maltrato, es a mi entender uno de los elementos que me hace sostener que la Iglesia no se ha preparado a gran escala, hasta ahora, para enfrentar el problema del abuso espiritual.

Lo sostengo porque creo firmemente que, para que la Iglesia se prepare, los creyentes en general son los primeros que tienen que estar conscientes del problema, de manera que no se dejen abusar, pero que tampoco sean cómplices con el liderato u otras personas que actúen como victimarios. Lo peor que le puede ocurrir a una víctima de abuso espiritual dentro de una congregación u organización religiosa, es la falta de empatía por parte de sus pares, la indiferencia o silencio de sus hermanos, o que peor aun se presten para participar del ciclo de maltrato.

Una de las experiencias que más lastimó a Luz Elena fue ver que sus hermanos de la fe le dieron la espalda y le sacaron el cuerpo dentro de la misma Iglesia, unos porque le hicieron caso a lo que Sylvia les dijo acerca de ella, y otros, por la mera duda que les sembraron en su mente. En cualquiera de los dos casos provocó el silencio de los hermanos que rodeaban a Luz Elena, y esto la lastimó tanto como las heridas provocadas por el rechazo de su líder.

No entendí este aspecto del acoso moral o abuso espiritual hasta que lo viví en carne propia. Personas a quienes creí amigos y hermanos de la fe, que visitaron mi hogar en innumerables ocasiones y que se sentaron a compartir nuestra mesa, de repente se dejaron de relacionar, y desde que mi familia y yo decidimos partir de ese sistema enfermizo, nunca hemos recibido una llamada de esos que antes nos vieron como amigos o una familia.

Se les olvidaron varios principios que se supone aprendieron en la Biblia. Porque aun si estuvimos equivocados, la Palabra manda a amar aun a tu enemigo. También da un mandato de corregirnos en mansedumbre y amor.

Johnson y Van Vonderen establecen también que en los sistemas de abuso espiritual se controla la vida de las personas por reglas explícitas e implícitas. Las reglas implícitas son las que no se expresan en voz alta, que gobiernan a las iglesias o familias poco saludables. Como no se expresan en voz alta, no nos damos cuenta de que están allí hasta que las rompemos.

Este tipo de reglas, explican estos autores, permanecen implícitas, ya que si las examináramos a la luz de un diálogo adulto, nos mostrarían instantáneamente cuán ilógicas, insalubres y anticristianas son. Es por eso que el silencio se convierte en la pared de protección, pues resguarda la posición de poder del líder, contra cualquier cuestionamiento.

Los autores Johnson y Van Vonderen explican que si alguien entra en desacuerdo abierta o públicamente, romperá el silencio, y posiblemente será castigado. Sin querer, descubrirá que existe una regla. Cuando alguien se encuentra con reglas implícitas por quebrarlas sin intención, podemos llegar a sufrir cualquiera de estas dos consecuencias: abandono (la persona es ignorada, la pasan por alto o la rechazan) o bien legalismo agresivo (la persona es cuestionada, censurada abiertamente, y le pedirán que abandone la iglesia, o en casos extremos, lo maldecirán).

Eso fue lo que nos ocurrió a mi esposa y a mí. Tan pronto comenzamos a hacer señalamientos de mal manejo en ciertos procesos administrativos, y después que aconsejamos al pastor de cuidarse en algunas áreas, su manera de vernos y tratarnos comenzó a cambiar en lugar de agradecer que estábamos tratando de protegerlo del riesgo de una mala práctica. Posteriormente utilizó un desacuerdo como plataforma para retirarnos la confianza, y comenzamos a notar su ataque sutil para sacarnos del panorama. No solo con los mensajes manipulados desde el púlpito, sino con la indiferencia y el silencio por parte de otros hermanos de la congregación, como ya lo había vivido Luz Elena antes.

Las reglas implícitas tienen un poder increíble. Existe abuso espiritual cuando la autoridad del líder está por encima de las Escrituras. Como les mencioné al principio de la serie, la autoridad de estos líderes abusadores es falsa, porque no está fundamentada en una verdadera autoridad, sino en la posición o cargo que ostentan. Y por eso muchos se encargan de hacerle saber a otros que ellos son el “Ungido de Dios”, “la profeta o el profeta de Dios”, etc, etc.

Por eso a Jesús lo seguían multitudes, porque su autoridad, que verdaderamente viene del Padre, no estaba basada en posiciones, ni en títulos, sino en el amor que profesaba a todos sin hacer excepciones. Una persona que verdaderamente está en autoridad, es aquella que también se somete a otra autoridad y no teme en rendir cuentas ni que le cuestionen, en aras de mantener una actitud de transparencia y honestidad.

Volviendo al hecho de que a muchas personas se les hace difícil reconocer el ciclo de abuso en que se encuentran, muchas veces está involucrado el factor de la negación, que hace que las personas victimizadas no acepten que fueron maltratadas. Así lo exponen los autores Johnson y Van Vonderen. Encima de esto, si los líderes u otras personas manipulan la Biblia para controlar a las ovejas, el panorama se complica.

Johnson y Van Vonderen señalan que uno de los versos que se usan para manipular es el de Mateo 5:39 (“Pero yo les digo: no resistan al que les haga mal…”). Veamos lo que exponen ambos escritores acerca de lo que Jesús quiso decir en este pasaje:
“No les está diciendo a las personas heridas, que es espiritualmente virtuoso permitir que los hieran otra vez. No obstante, mediante este versículo, algunos consejeros religiosos han aconsejado a muchas personas y las han empujado a regresar a las relaciones abusivas, aun cuando el contexto claramente indica que el problema es de justicia y de cómo una persona entra en el reino”. (16)

La peor parte, entonces, es que después de haber sufrido abuso espiritual, la persona, por no reconocer que se obró mal en su contra, es expuesta de nuevo a sufrir el mismo mal o aun peor.

Por otro lado, también gran parte del problema es que muchos líderes son los que no reconocen el problema, y en lugar de ofrecer una ayuda, se van por la tangente e instan a la persona solo a orar y a ayunar. Sabemos, por la Palabra, que hay géneros que no salen si no es con ayuno y oración, pero también que tenemos nuestra responsabilidad de actuar más allá de orar. La fe sin obras es muerta.

Por eso Jesús, en Mateo 15:11-14, llevó una enseñanza de que lo que importa para una vida justa no es guardar leyes como qué comer y qué beber, que en nada tienen que ver con la moral. Jesús terminó llamándoles a esos que imponen cargas de legalismo, “ciegos guías de ciegos”. Este pasaje nos lleva a comprender que atender el problema de abuso espiritual no se resuelve con ciertos ritos o dogmas, sino con ayudar a esa oveja, “ciega” por las heridas y cicatrices del pasado, y que sea conducida en amor hasta recibir sanidad.

Por otro lado, otra señal de que hay desconocimiento del problema, la demostraron incluso algunas personas que contestaron el cuestionario que les mencioné las pasadas dos semanas, y quienes indicaron que habían sido víctimas de abuso espiritual. En la pregunta #4, respecto a si dieron la queja por alguna situación de maltrato, 13 de las 39 personas que dijeron haber sido abusadas, contestaron que sí expusieron su situación a un líder. Pero de las 13, diez de ellas dijeron en la pregunta #6 que no recibieron ayuda.

Aquí la explicación bien se puede deber a falta de preparación en el liderato para atender estas situaciones, por lo que se hacen de oídos sordos por desconocer cómo solucionar el problema o la crisis. Encima de eso, tampoco buscan ayuda para su oveja en otro lugar, ya sea por orgullo o vergüenza en aceptar que en su congregación hay problemas.

Lo triste del caso es que de las tres personas que respondieron en la pregunta #6 que sí habían recibido ayuda al plantear su queja, dos mostraron tener un concepto equivocado de lo que debe ser la ayuda brindada en un caso como este de maltrato espiritual.

Una persona dijo que recibió ayuda, sin embargo expresó que al plantear su problema, un líder le explicó la imperfección del ser humano y que cada uno vive un proceso. La víctima en este caso dice que salió satisfecha con la explicación. Esto es lamentable porque ese líder lo que hizo fue darle una explicación filosófica y hueca, ya que se centró en la víctima pero no en atender el problema, que en este caso se trataba del rechazo contínuo hacia este varón de 30 años de edad, por parte de sus hermanos de la congregación. Para ellos no hubo instrucción ni amonestación alguna.

La otra víctima que aseguró haber recibido ayuda, señaló lo siguiente: “La pastora y consejera me ayudó a enfocarme en lo que realmente importa; mi relación con Dios y compromiso con Dios, antes que con la gente”. Este es otro caso mal manejado, porque esta joven mujer de 24 años experimentó rechazos y burlas por jóvenes de su anterior congregación, e igualmente, la esencia del mensaje que le dio su líder, fue que se concentrara en su relación con Dios.

Eso no está mal; lo trágico es que en esa premisa estaba implícito que ignorara el problema, y que ignorara la frustración o la tristeza que pudiera sentir esa joven por el trato cruel de personas que se supone fueran cristianos, miembros de la familia de la fe.

La líder no solo la instruyó mal, sino que mostró no tener realmente carácter para enfrentar y disciplinar a los responsables, y encima que no está preparada para lidiar con problemas como este, ni mucho mayores.

La semana que viene, en la última parte de esta serie ofrezco la conclusión de la tesis, incluyendo consejos al liderato.

 

Tomado de la tesis El velo de la iglesia ante el abuso espiritual, como requisito de grado para Vision International University of Florida (2011)

 


(16) El sutil poder del abuso espiritual – David Johnson y Jeff Van Vonderen – Editorial Vida 2010 – Página 113

 

Última entrada de la serie:
  1. Tiempo de celebrar la sanidad

 

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