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Nunca he sido pobre

Nunca he sido pobre, aunque haya habido limitaciones financieras en mi casa familiar.Disfruté mi niñez a lo sumo. Tuve unos padres excepcionales. Aportaron para que la supuesta pobreza se convirtiera en riqueza. Tuve una riqueza de experiencias positivas que fueron forjando mi carácter. Fui muy apegado a mis padres, era ayudante especial de mi padre a la hora de pagarle a los obreros de la caña, en la Central San Francisco en  el barrio Boca de Guayanilla.

Ayudante Especial de mi madre cargando la quincalla cuando ella vendía ropa de mujer en le barrio Indios de Guayanilla. Cargaba la caja donde llevaba refajos, enaguas y panties, en algunos casos yo me sabía, a pesar de mi corta edad, los tamaños de las señoras.

Supe quitarme el hambre comiendo mangoes, quenepas, grosellas, jobos de la India, guayabas, nísperos y chupando las semillas del cundamor. Mi padre era experto subiendo los palos de quenepas para bajar los ramilletes, que luego nosotros sentados en el piso, le quitábamos las hojas, se amarraban y se distribuían  entre los vecinos, el último ramillete era para casa. Lo he dicho en repetidas ocasiones, un niño pobre con riqueza de experiencias.

Tomé guarapo de caña, comí miel de purga y caramelos de azúcar morena. Anduve descalzo y tomé jugo de limón recién exprimido, a veces sazonado con melao de caña.

Desde niño me placía compartir con personas adultas y ancianos, recuerdo a don Pedro Mari y su gran pava, a Rate a quien compraba huevos de gallina y guinea, doña Mónica, que hacía unos sabrosos sorullos de harina de trigo, doña Pancha, que barría el patio con una escoba de la palma de coco, don Baro, quien me regalaba dulces viejos, Alicea, el cocinero del administrador, que me invitaba a almorzar cuando una vez viviera en Yauco iba de visita, su ensalada de papa y manzana era sin igual… gratos recuerdos, buena gente, acciones positivas, satisfacciones indescriptibles.

Cuando uno pone en la balanza los recuerdos, uno se percata que han habido más gratos recuerdos en el baúl de recuerdos, que malos recuerdos. He sido bendecido en gran manera, por eso bendigo otros con mis conocimientos y humor.

Hoy, escribo miércoles, en un Velatorio, una joven me negó la mano cuando fuí a saludarla. Desconozco la razón. No me era conocida, estaba con dos conocidas, por cortesía, quise saludarle. Ella tendrá sus razones, en el balance de saludos y expresiones positivas, salgo ganando con la cantidad de personas que pude compartir y a las que le ofrecí mi apoyo y amistad… Cosas veredes, amigo Sancho, como dijo don Quijote.

En el camino hay variedad de flores, en los atardeceres podemos disfrutar de hermosos matices de amarillos,  en el amanecer, se vislumbra grandes posibilidades para tener la alegría de estar vivo y seguir persiguiendo a la Esperanza que anda realenga… y hay que atraparla.

Prof. José Antonio Giovannetti Román

@AntonioGiovan13 en Twitter

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