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Abriendo puertas

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Fantasía y realidad

Las Tirillas Cómicas de mi Época de la niñez y Juvenil son de grato recuerdo. Lorenzo Parachoques solía hacerse un emparedado de muchos pisos y tomaba la Guagua, el Bus, en el último momento al pasar cerca de su casa donde Pepita lo despedía. Tapón, el esposo de Luisa, siempre caminaba con un galón de cristal y tapa de corcho que se presumía era alcohol. Luisa le doblaba en estatura a Tapón, siempre tenía puesto el delantal que utilizaba para las labores hogareñas.

Como hoy, en las Tirillas se retrasa al que dejaba para última hora su Salida hacia el trabajo. Hoy hay quienes no desayunan en casa y hay los que se atosigan de comida desde temprano en el día, la obesidad rampante la observamos en nuestras calles, en algunos Policías, casi siempre con Rango y en alguno de los Empleados de Emergencias. Sería saludable darle seguimiento al Proyecto que aspiraba llevar a un buen Peso a los Agentes de Orden Público, no sea que les de un Síncope cuando corran tras un ladrón o un roba carros.

Son muchos los Tapones, como el de la Tirilla, que existen hoy en día, algunos hacen una Parada obligatoria, en los lugares donde expenden bebidas alcohólicas, antes de llegar a su casa.

Dick Tracy se adelantó a la Época, tenía un reloj con pantalla para comunicarse con la Jefatura, su amigo inseparable era Sam, su esposa se llamaba Teresa. He visto Guardias de Seguridad y Policías hablando por su Celular personal, en horas laborables, por su gesto, no aparentan estar hablando de Asuntos Oficiales. Otros, la mayoría, son celosos con su gestión de Agentes de Seguridad, tienen malicia para detectar a los amigos equivocados de lo ajeno. Louie era mudo, pequeño de estatura y con larga nariz, en una nube sobre su cabeza uno leía sus pensamientos. El silencio, en ocasiones, es buen amigo.

La imaginación de los Caricaturistas era amplia. Convertían en personajes animales o aves. Hugo, Paco y Luis eran los nietos del Pato rico, solían hacer sus maldades. El Ratoncito Miguel, la Cucaracha Martina y Chita, esta última con la compañía del Rey de la Serva, Tarzán, esposo de Jane, fueron personajes inolvidables.

En la fantasía uno hacía piruetas con el pensamiento y se identificaba en alguna manera con ellos. Hasta un muñeco de madera, Pinocho, nos embrujó con su encanto. Cómo olvidar a Popeye el Marino, su novia Olivia y el intruso de Brutus. Era un promotor del buen comer, le daba atributos de energía a la espinaca.

Añoro aquellas Tirillas Cómicas, con su humor y enseñanzas, a color y ocupando toda una página o Sección. De mi baúl de recuerdos saco recuerdos con nostalgia placentera.

Prof. José Antonio Giovannetti Román

@AntonioGiovan13 en Twitter

Al Rescate de la Esperanza, que anda realenga… y hay que atraparla

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