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A Trump lo demonizan y a Biden lo protegen

Los administradores de Twitter y de Facebook censuraron al diario New York Post por publicar un reportaje sobre unos mensajes de correo electrónico de Hunter Biden, el hijo mayor del candidato presidencial demócrata Joe Biden. Twitter le bloqueó la cuenta al diario e impidió tuitear la dirección URL de la publicación. La censura llegó al extremo de detener la operación de Twitter por varias horas para evitar la viralización del hashtag o etiqueta #CrookedJoeBiden.

También, bloquearon la página de Twitter de la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany (@kayleighmcenany), la de la campaña oficial de Trump (@TeamTrump) y la del fundador y presidente de Turning Point USA, Charlie Kirk (@charliekirk11). Fue una movida de censura sistemática para proteger a Biden.

La justificación que ofreció Jack Dorsey, cofundador de Twitter, es que hay una política de la red social sobre no divulgación de información personal que fue obtenida sin autorización, pero que eso no justificaba no comunicar la razón por la cual bloquearon la página del New York Post. Se disculpó, sin embargo, no se retiró el bloqueo. Mientras tanto, un contratista “independiente” verifica la veracidad de los hechos publicados, lo que le llaman un fact-checking.

La práctica de verificación de hechos opera con una doble vara, pues diariamente se publican notas de prensa con contenido falso sobre el presidente de EE. UU. Donald Trump, pero los administradores de redes sociales no las censuran. Con Biden hay un trato especial, que se vincula al hecho de que la mayoría de los administradores de redes sociales de Silicon Valley donan a la campaña de Biden y al Partido Demócrata.

La prensa vinculada al Partido Demócrata tampoco quiso publicar sobre los mensajes de correo electrónico del hijo de Biden. Solo hizo referencia a que Twitter le bloqueó la página al New York Post, pero no entró en detalles. Es una autocensura y un servicio gratuito a la campaña de Biden.

Sin embargo, la prensa no se limitó a la autocensura. Decidió poner en duda el contenido de los mensajes de correo electrónico y propagar la teoría de conspiración sobre que el gobierno de Rusia interviene en las elecciones divulgando información de un candidato presidencial.

Estos mensajes de correo electrónico fueron recuperados porque el dueño de un negocio de reparación de equipo electrónico tiene un disco duro de una laptop perteneciente a Hunter Biden. Debido a que nunca pagó por el servicio de reparación y recuperación de la información, y pasaron los tres meses del contrato, el dueño decidió entregar la información a quienes les pudiera interesar. Envió un mensaje a varios posibles interesados, entre ellos el abogado del presidente Trump, Rudy Giuliani. También, esta información fue entregada al Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés).

Giuliani fue alcalde de la Ciudad de Nueva York y fiscal del Distrito sur de la misma ciudad. Fue quien desmanteló a las cinco familias de la mafia que dominaban la Ciudad en los años ochenta. Tiene experiencia con casos de corrupción, lavado de dinero, soborno y extorsión. Precisamente, estos son algunos de los posibles delitos que se evidencian con los mensajes de correo electrónico de Hunter Biden.

La campaña de Biden se niega a responder y a ofrecer conferencias de prensa. Cada vez que un reportero intenta preguntarle, se marcha del evento o deja de responder a las preguntas que no sean preacordadas. Un reportero de CBS le realizó la pregunta, pero Biden lo criticó y evadió responder. En el town hall que realizó con la cadena ABC en Pensilvania tampoco le preguntaron. Toda entrevista y foro en el que participa es controlado, sin espacio para preguntas espontáneas.

Biden no indica que el contenido de los mensajes de correo electrónico es falso. Su táctica es como la del acusado de un delito que se ampara en la quinta enmienda. No quiere que la prensa hable sobre el tema.

Sin embargo, el New York Post abrió la caja de Pandora. Los mensajes de correo electrónico del hijo de Biden revelan contenido pornográfico, abuso de drogas y evidencia de que hubo sobornos y extorsión cuando Biden padre era vicepresidente de EE. UU. Estos mensajes podrían demostrar que el Exvicepresidente mintió cuando dijo que no sabía sobre los negocios de su hijo en Ucrania con la corporación energética Burisma.

Biden no hablará sobre los mensajes de correo electrónico durante la campaña presidencial. Esta revelación podría mantenerlo más aislado de lo que ya está. Su compañera de papeleta Kamala Harris también se mantiene escondida de la prensa y con poca exposición pública, bajo la excusa de que su equipo de campaña tiene a personas que dieron positivo al Covid-19.

La campaña de Biden depende de los cientos de millones de dólares que “donan” multimillonarios como Mike Bloomberg, de los anuncios en televisión y de la publicidad gratuita de los medios de prensa demócratas. Sus eventos públicos no son concurridos ni hay entusiasmo por su candidatura.

Se parece a Hillary Clinton en el 2016, quien también evadía a la prensa, coordinaba las preguntas que le hacían, se mostraba vulnerable en cuestiones de salud y arrastraba un lastre de mensajes de correo electrónico clasificados que quedaron expuestos por su negligencia con el manejo de su servidor personal de mensajería electrónica.

La prensa le tiró la toalla a Clinton como lo hace con Biden, poniendo en duda la veracidad de los mensajes de correo electrónico, el motivo de su divulgación y quién recopiló la información del disco duro. Trata de vincularlo todo al gobierno ruso. Sin embargo, el Director Nacional de Inteligencia, John Ratcliffe, informa que no hay evidencia que sostenga que la divulgación de estos mensajes de correo electrónico forme parte de una campaña de desinformación de los rusos.

Lo que sí es un hecho notable es que cuando se trata de Trump no hay paños tibios, se publica información falsa, pero si se trata de Biden, hasta la verdad es censurable.

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