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¿Por qué la prensa ataca constantemente al presidente Donald Trump?

El presidente de EE. UU. Donald Trump no es demócrata ni republicano, estrictamente hablando, es pragmático. No se comporta como un político y presidente tradicional. Dice lo que piensa y critica a las élites más poderosas del mundo.

Se enfrentó a las tácticas de propaganda y de relaciones públicas de los medios de prensa. Publicó los nombres de los dueños de estos grandes medios. Describió cómo funcionan y a quiénes apoyan. Entre ellos están los multimillonarios Carlos Slim (The New York Times) y Jeff Bezos (Washington Post).

El hecho de que denunciara al complejo industrial militar y se negara a iniciar nuevas guerras, le costó apoyo de los guerreristas republicanos y demócratas. Querían que derrocara al presidente de Siria, Bashar al-Ásad. Pero se negó y mantuvo su palabra de no escalar conflictos armados y de retirar las tropas de Oriente Medio. Derrotó al Estado Islámico sin exponer vidas americanas mediante alianzas internacionales. Logró mucho más, pues su administración medió en el acuerdo de paz entre Israel, Emiratos Árabes Unidos y Baréin.

Hacerle frente a México, a China y a países europeos que se beneficiaban de acuerdos de “libre comercio” perjudiciales para EE. UU., le ganó enemigos poderosos. Concretó el Acuerdo de EE. UU.-México-Canadá que sustituyó al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés). Este Acuerdo es una de sus promesas de campaña.

Expuso a la sociedad del espectáculo, de la cual provino cuando era una estrella de ‘reality shows’ y salía en películas y series. Los conoce, sabe cómo operan en Hollywood y los desenmascara.

Sabe del lado oscuro de los Clinton y de otros demócratas que antes de que se pasara al ala republicana iban a sus fiestas y celebraciones, como bodas y otras actividades. Por esto, desclasificó los documentos sobre los mensajes clasificados de correo electrónico que Hillary Clinton comprometió cuando era secretaria de Estado. También, desclasificó los documentos sobre la trama rusa, que revelan que el presidente Barack Hussein Obama sabía que la campaña de Clinton conspiró para espiar ilegalmente a la campaña de Donald Trump.

Sus detractores no soportan que enfrente a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a la Organización Mundial de la Salud (OMS), a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), a la Unión Europea (UE), al Acuerdo de París sobre “cambio climático”, al Acuerdo nuclear con Irán, entre otros organismos supranacionales y acuerdos engañosos. Les retira fondos, les exige a las naciones miembro aportar más y no permite que violen la soberanía nacional de EE. UU.

Trump es patriota, defiende el interés americano e invita a otros países a hacer lo mismo. Por ejemplo, Polonia y otros países del este europeo hacen alianza con Trump contra los globalistas europeos que atacan la soberanía nacional.

Es difícil de entender para muchos, porque no creen que las élites globales realmente existan o no comprenden que realmente haya poderes que operan trasbastidores, como el ‘deep state’ de funcionarios y oficiales gubernamentales que controlan a Washington D. C.

Enfrentar a narcoterroristas, a socialistas, a traficantes humanos, a terroristas islámicos, entre otros le ha merecido enemigos poderosos del mundo extraestatal.

Los medios de prensa nacionales e internacionales controlados por oligopolios lo difaman a diario. Las grandes corporaciones de tecnología y de redes sociales que operan en Silicon Valley le bloquean los tuits o mensajes sobre denuncias de fraude electoral con las papeletas enviadas por correo regular sin ser solicitadas. También le colocan una bandera de advertencia a los tuits sobre la hidroxicloroquina y sobre cualquier asunto relacionado al Covid-19 con el que los administradores de redes sociales no estén de acuerdo. Usan ‘fact-checking’ para “verificar hechos”. Sin embargo, realmente emiten opiniones. Además, censuran a muchos de sus seguidores.

Sus acciones heroicas no tendrán reconocimiento, aunque acercara a los países árabes a Israel y armonizara las relaciones entre Serbia y Kosovo, al interior de Afganistán (entre el Talibán y el Gobierno) y entre las Coreas con la Declaración de Panmunjom. Lo tildaron de guerrerista, pero resultó ser pacifista sin pecar de ingenuo. Supo fortalecer a las Fuerzas Armadas para prevenir, disuadir y contener sin iniciar guerras ni conflictos.

Quien lo escuchara décadas antes de correr para la presidencia sabía cuál era su postura: patriótica, anti globalista, pro retirada de Oriente Medio, a favor de renegociar acuerdos comerciales, entre otras.

Pero, siempre hay sectores de la población que se dejan llevar por estilos de retórica y cuestiones estéticas tradicionalistas que no lo entenderán, porque les parece muy tosco y directo. Sin embargo, es preferible alguien sin pelos en la lengua que sepa batallar contra las élites más poderosas, que un cobarde de palabras finas y entalle.

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