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Atacar a Trump por ser optimista es absurdo

No debería sorprender que los “reporteros” y “periodistas” que laboran en medios de prensa anti Trump aprovechen la emergencia por la pandemia del coronavirus para atacar al presidente de EEUU. Es lo que hacen siempre, pero uno esperaría una pausa, aunque sea por el tiempo que dure la crisis. Por lo visto, la agenda de demonizar a Trump no descansa.

En las conferencias de prensa diarias que realiza el task force de Casa Blanca sobre el coronavirus se hacen preguntas con premisas y subtextos sesgados. Por ejemplo, una “reportera” le preguntó al Presidente su opinión sobre las reuniones multitudinarias que realizaba el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. Entrelíneas se entiende que busca provocar una confrontación entre el gobierno de EEUU y el de Brasil. Bolsonaro es considerado el Trump de Brasil y es uno de los aliados principales del presidente de EEUU. La reportera insistía en que Trump debía expresar una opinión crítica en contra de Bolsonaro, por supuestamente reunir a multitudes en plena crisis del coronavirus. El Presidente no cayó en la trampa; prefirió destacar la amistad que tiene con Bolsonaro y evitó realizar ataques imprudentes.

Un reportero de NBC News, Peter Alexander,  preguntó sobre la opinión de Trump respecto a los ciudadanos que están viendo al Presidente en la conferencia de prensa y están asustados. Al Presidente le pareció malintencionada, porque presupone que la administración Trump no brinda confianza a los ciudadanos. Alexander hizo otra pregunta sesgada en la que lejos de esperar una respuesta, comunica su opinión; dijo: es posible que su impulso a darle un giro optimista a las cosas pueda darle a los americanos un falso sentido de esperanza (la traducción es mía). Esta “pregunta” u opinión del “reportero” ocurre en el contexto de un anuncio que hizo el presidente Trump sobre el uso de un medicamento contra la malaria que podría ser efectivo para tratar a las personas infectadas con el coronavirus (Covid-19).

La hidroxicloroquina fue utilizada en Francia con una muestra de veinte pacientes infectados con coronavirus. El resultado fue esperanzador, porque se redujo la carga viral significativamente al combinar el medicamento con el antibiótico azitromicina. Para Trump, este estudio es suficiente para comunicarle a la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) que autorice su uso, aunque esté en una fase experimental. A Alexander le pareció un optimismo excesivo y una falsa esperanza, pero su rol en el salón de conferencia de la Casa Blanca es como reportero, no como analista o comentarista.

Otros “reporteros” construyeron una narrativa falsa sobre una supuesta tensión entre el presidente Trump y el médico Anthony Fauci, quien forma parte del task force de Casa Blanca. Para aclarar, Fauci indicó que no es mutuamente excluyente que Trump y otros ciudadanos sean optimistas sobre el uso de la hidroxicloroquina y la azitromicina para tratar el coronavirus, y que él, como médico y científico en inmunología y reumatología, sea más riguroso y escéptico. Trajo como ejemplo su trabajo durante la crisis del Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH), cuando activistas y pacientes infectados cabildeaban para que se les permitiera usar medicamentos que todavía estaban en fase experimental. Es normal que haya personas que prefieran correr el riesgo de efectos secundarios si al menos hay posibilidad, esperanza, de que pueda funcionar.

En términos cuantitativos, no hay suficientes datos, pero sí hay casos exitosos al usar estos medicamentos para contrarrestar al coronavirus. Vale la pena intentar. La administración Trump sabe que desarrollar y producir una vacuna puede tomar, aproximadamente, año y medio. A corto plazo existe esta alternativa.

Otra controversia falsa creada por “reporteros” opositores a Trump es la de acusar al presidente de EEUU de ser xenófobo, por llamar virus chino al coronavirus. Históricamente los virus adquieren el nombre de su lugar de origen. Uno de los más conocidos es la gripe española de 1918, una pandemia que mató a millones de personas.

Al régimen chino no le conviene que Trump llame virus chino al coronavirus, por la vergüenza internacional que representa que, nuevamente, otro patógeno surgiera en China. La gripe aviar también se originó en China y es zoonótica, se transmite de animal a humano.

La prensa anti Trump prefiere aliarse al régimen chino, al punto de responsabilizar al gobierno de EEUU por las acciones negligentes del gobierno de otro país. El Partido Comunista de China ocultó y omitió información sobre el coronavirus desde el 17 de noviembre de 2019. Esperó a enero para colaborar plenamente con la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En el terreno doméstico, también atacan a Trump frívolamente. No importa que el gobernador de New York, Andrew Cuomo, colabore con la administración Trump y que reconozca el buen trabajo que ha hecho el presidente de EEUU, la prensa solo publica notas negativas. Cuomo es demócrata y no simpatiza ideológicamente con Trump, pero supo ceder, colaborar y comportarse a la altura de la emergencia que enfrenta.

New York es uno de los estados con más casos de personas infectadas por coronavirus. El presidente Trump no ha discriminado con ningún estado y ha mejorado su relación con gobernantes demócratas. La colaboración depende de la actitud del funcionario y de poner a los ciudadanos y a EEUU primero. Sin embargo, muchos “reporteros” y “periodistas” se comportan como si fueran propagandistas de un país enemigo. Hay medios de prensa que operan como enemigos de la Nación. Llega uno a pensar que el coronavirus no es el verdadero problema a enfrentar, sino la desinformación.

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