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Los demócratas no tienen evidencia para juzgar a Trump

Comenzó el juicio político en contra del presidente de EEUU, Donald Trump. La presidenta de la Cámara Baja federal, Nancy Pelosi, decidió firmar y enviar al Senado federal los dos cargos aprobados por el pleno. También, designó a los siete congresistas que fungirán como fiscales en el Senado federal. Entre ellos está el presidente de la Comisión de lo Jurídico, Jerry Nadler, y el presidente de la Comisión de Inteligencia, Adam Schiff.

Pelosi se tardó en firmar y enviar los cargos, porque quería ganar tiempo para que el juicio se realizara lo más cercano posible a las elecciones presidenciales. Este juicio le sirve como táctica de relaciones públicas y propaganda en contra de Trump. Aunque, coqueteó con la idea de no enviar los cargos para evitar que los senadores republicanos citen a congresistas demócratas y que investiguen el proceso de recopilación de información en la Cámara Baja.

Ella sabe que no hay evidencia en contra de Trump y que los cargos presentados son engañosos. Nunca se reveló el nombre del supuesto informante ni se permitió interrogarlo. Tampoco se halló evidencia sobre que Trump extorsionara al gobierno de Ucrania.

Desde el primer día de juicio se notó que los congresistas demócratas no tenían evidencia ni sabían cómo presentar un caso sólido. Insistieron en solicitar que se cite a testigos nuevos, algo que no procede, pues quien debía realizar el rol de investigador para determinar si se presentaban cargos contra el presidente de EEUU era la Cámara Baja federal.

Lo que buscan los fiscales designados es alargar el juicio lo más posible y desplazar la culpa en caso de que no destituyan a Trump. De hecho, no esperan que se materialice la destitución, pues necesitan dos terceras partes de senadores federales dispuestos a votar a favor. Apuestan por ganar perdiendo. Es decir, luego de que el Senado vote y no destituya al Presidente, los demócratas dirán que no fue un juicio imparcial y que Trump fue protegido por su partido.

Sin embargo, la jugada les puede salir fatal en el terreno en el cual quieren ganar, en las relaciones públicas, pues muchos electores se dan cuenta del engaño. Lo que comunican entrelíneas es que se proyectan derrotados en el 2020. No esperan vencer a Trump ni ganar mayoría en el Senado federal. También, se muestra bajo riesgo su mayoría en la Cámara Baja federal.

La táctica de desplazar culpas va acompañada de una proyección psicológica. Cada vez que los demócratas acusan a Trump, resulta que es una forma de ocultar o desviar la atención de una acción del mismo orden realizada por un demócrata. Por ejemplo, el ex vicepresidente de EEUU, Joe Biden, quedó expuesto por presionar al gobierno de Ucrania para que destituyera a un fiscal que investigaba un caso de corrupción que involucra a su hijo Hunter Biden. La investigación estaba asociada a la firma energética Burisma Holdings; Hunter era miembro de la Junta Directiva de esta corporación.

El éxito de los demócratas consiste en mantener a la administración Trump y a los republicanos a la defensiva. Constantemente acusan a Trump de algún acto ilegal o inmoral realizado por un demócrata. Fue la administración del ex presidente de EEUU, Barack Obama, quien ordenó investigar ilícitamente a la campaña de Donald Trump; pero, es a Trump a quien acusan falsamente de un contubernio con el gobierno ucraniano para investigar al precandidato presidencial demócrata, Joe Biden.

El argumento de los demócratas sobre que los senadores federales protegen a Trump y realizan un juicio sesgado es otra proyección psicológica, pues esto es lo que hicieron los congresistas demócratas en la Cámara Baja federal. No permitieron que el presidente conociera quién lo acusaba (el supuesto informante). Tampoco hubo transparencia en el manejo de documentos y de “evidencia”.

Cuando Schiff alteró la transcripción de una de las llamadas entre Trump y el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, se notó que había una agenda para hacer quedar mal al presidente de EEUU ante los medios de prensa. Schiff suele hablarle a las gradas a través de los medios de prensa que le hacen el juego.

Durante el juicio político se ha quedado patinando en seco, como un disco rayado. Salta de una falacia argumentativa a otra y retoma asuntos irrelevantes, como el alegado contubernio entre la campaña de Trump y el gobierno de Rusia. Parece un propagandista más que un fiscal. Su caso se resume en pedirle al Senado federal que haga el trabajo que no hizo la Cámara Baja federal. Quiere que citen a testificar a allegados de Trump. Es otra forma de ganar tiempo y de atacar al círculo cercano al presidente de EEUU. No le concederán lo que pide, pero si lo hicieran, tratará a los testigos como acusados.

Otro objetivo de acusar falsamente a Trump es distraerlo, desviar la atención de sus logros y coaccionarlo para que no desarrolle su política exterior. El Partido Demócrata no solo opera como enemigo de Trump; actúa cual si fuera una entidad enemiga de la Nación.

Si bien es cierto que el juicio político se lleva a cabo, también lo es que la reputación de Trump queda restituida y su presidencia está muy lejos de una destitución. Nunca hubo evidencia ni cargos viables y constitucionales. Todo fue un espectáculo para imponerle a Trump la etiqueta engañosa de impeach, pero, en el proceso, los demócratas se autoimpusieron la etiqueta de payasos. Usaron indebidamente un proceso constitucional con fines político partidistas; sin embargo, terminaron ridiculizados por sí mismos. No tienen nada que envidiarle al mejor de los payasos, pues su función no tuvo fallas: absurdo, torpeza, ridículo y hazmereír.

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