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El Partido Demócrata no sabe cómo derrotar a Trump

El presidente de la Comisión de Inteligencia de la Cámara Baja federal, Adam Schiff, usó todos los trucos disponibles para construir una narrativa falsa sobre que el presidente de EEUU, Donald Trump, cometió delitos que ameritan un juicio político. Primero, la narrativa fue que hubo un contubernio entre Trump y el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. Luego, hubo un cambio de dirección en la trama: en la versión revisada, Trump fue sobornado por el gobierno de Ucrania. Cuando ninguna de las alegaciones se sostuvo ni los “testigos” señalaron tener evidencia sobre delito alguno, cambió el objetivo; ahora el acusado es el ex alcalde de la ciudad de New York y abogado de Trump, Rudy Giuliani.

Se repite la historia de principio de cuatrienio, cuando inicia la investigación contra la campaña de Trump, por un alegado contubernio con el gobierno de Rusia. Al no hallar evidencia sobre alegados delitos cometidos por Trump, el foco cambió; la investigación se redirigió para perseguir a sus allegados.

Desde el 2016 hay una agenda demócrata para residenciar al presidente de EEUU. Hay dos objetivos principales, desviar la atención de los posibles delitos cometidos por la ex secretaria de Estado, Hillary Clinton, y por el ex vicepresidente de EEUU, Joe Biden, y sacar a Trump de la presidencia sin tener que derrotarlo en las urnas. Hasta la fecha, los demócratas han sufrido derrota tras derrota. El fracaso se ha tornado en frustración y desesperación, al punto de promover una votación en la Cámara Baja federal para que el Senado federal inicie un juicio político contra el presidente de EEUU. No hay evidencia, no hay un buen caso, pero lo que importa es distraer y asesinar el carácter de Trump.

Esta táctica no ha funcionado para fines de lograr apoyo en la opinión pública. Sin embargo, los demócratas no esperan derrotar a Trump en las elecciones presidenciales. Lo que demuestran es que se saben derrotados. Se declararon abiertamente en resistencia a las políticas del Presidente; por eso no llevan a votación el Acuerdo de EEUU-México-Canadá ni atienden el problema de inmigración ilegal ni el asunto del alto costo de los medicamentos. Apuestan por un deterioro económico para usarlo como punto de ataque. Parece que están dispuestos a perjudicar a la Nación en aras de vencer a Trump. Es como si consideraran realmente que el Presidente es el enemigo principal a derrotar, que es el problema mayor que enfrenta EEUU y el mundo, superando a Rusia, China, Irán, al terrorismo islámico, al narcotráfico y hasta el tema mantra de los socialistas democráticos, el cambio climático.

Trump está en la mira del Partido Demócrata; es el blanco al que tira y en el cual agota todos sus cartuchos. El bienestar del pueblo americano es secundario. La obsesión anti Trump es enfermiza, absurda y, como toda actitud odiosa, autodestructiva.

Sin embargo, mientras más lo atacan, más se fortalece. Su imagen no se debilita. El carácter del Presidente es cada vez más fuerte y los esbirros de los demócratas se desacreditan.

Los medios de prensa que propagan noticias falsas pierden audiencia y las encuestas de opinión revelan que no hay apoyo significativo para iniciar un juicio político a Trump. Ya no funcionan los clichés que se repiten para demonizar, como afirmar que Trump es racista y misógino.

Hay dos hechos que derrotan la primera aseveración: el primero es que Trump convirtió en ley el First Step Act, mejor conocida como la Reforma Carcelaria, y el segundo es que el desempleo entre la población negra e hispana está en su punto más bajo. Tampoco es creíble la afirmación de que Trump es misógino, pues su gabinete incluye a mujeres que son pieza clave de su administración y su hija Ivanka atiende asuntos de la mujer desde una perspectiva que busca formar a mujeres emprendedoras.

A Trump no lo pueden derrotar arguyendo que la economía va mal. Las cifras récords de disminución del desempleo, el aumento de la producción industrial, la reducción del déficit comercial, el crecimiento económico y los aumentos constantes en los índices bursátiles muestran lo contrario. Por la vía de la política exterior, tampoco pueden atacarlo con credibilidad. No hay guerras ni conflictos armados. Las coreas llegaron a un acuerdo para desmilitarizar las fronteras. Ha renegociado acuerdos comerciales. En otras palabras, ha hecho valer su lema de campaña Make America Great Again (MAGA) y su lema actualizado Keep America Great.

Lo único que pueden hacer los demócratas para sacar a Trump de la presidencia es esperar con paciencia al 2024 y festejar que EEUU tiene un límite presidencial de dos términos (8 años). Si quieren ser relevantes para entonces, deben cambiar de enfoque. Derrotar a Trump no es un proyecto político serio ni una carta de presentación ante el País. Los americanos necesitan que el Partido Demócrata le sirva a la Nación y que ponga a EEUU primero.

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