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Trump logra la paz mediante la presión económica

A Donald Trump lo tildaron de guerrerista y de ser una amenaza para la paz mundial desde antes de convertirse en presidente de EEUU. Sus detractores profetizaban una guerra nuclear con Corea del Norte o, peor, una tercera guerra mundial. Esperaban que fracasara como negociador y que desestabilizara regiones. Era la nueva encarnación de Adolf Hitler en el imaginario de los demócratas y ‘never trumpers’. Los decepcionó a todos, convirtiéndose en un presidente que evita los conflictos armados y las guerras mediante la disuasión y la negociación.

Uno de los ejemplos recientes es la negociación que realizó el secretario de Estado, Mike Pompeo, y el vicepresidente, Mike Pence, en representación de la Casa Blanca. Lograron que el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, aceptara un cese al fuego temporero en la frontera turco-siria, para dar tiempo a que las fuerzas kurdo-árabes se retiren de una zona de conflicto. Trump creó las condiciones para persuadir a Erdogan al autorizar al Tesoro federal para que impusiera sanciones económicas a Turquía.

La fortaleza económica de EEUU es su fuerza principal. Para Trump, lo importante no es usar la fuerza militar para destruir y entrar en conflictos armados, sino para contener y disuadir. Se puede negociar acuerdos bilaterales, incluso con países enemigos. La negociación de forma bilateral permite beneficios mutuos y sirve para tratar con aliados y enemigos.

Así logró que el máximo líder norcoreano Kim Jong-un iniciara un proceso de negociación para desnuclearizar la Península de Corea y detener el programa de desarrollo de misiles intercontinentales. El momento en que Trump pisó suelo norcoreano no deja dudas de que persigue la paz. Que las coreas se acercaran y firmaran un acuerdo en Panmunjom para desmilitarizar las fronteras es un logro significativo. Panmunjom se convierte en la aldea fronteriza símbolo de la paz y en el suelo que por primera vez pisa un presidente americano.

Para lograr la paz entre las coreas se necesitó de presiones económicas que involucraron al aliado principal de Corea del Norte, China. La administración Trump mantuvo las sanciones económicas, incluso luego de los tres encuentros que tuvo con Kim. Hasta que no se logre el objetivo de desnuclearizar la región no detendrá la presión económica.

Lo mismo ha hecho con otros países autoritarios, socialistas, que amenazan la región americana, como Cuba, Venezuela y Nicaragua. No ha autorizado intervenciones militares en ninguno de estos países, pero ha incrementado las sanciones económicas.

La misma receta le ha aplicado a Irán para forzar una renegociación del acuerdo nuclear denominado el Plan Conjunto de Acción Comprehensiva (JCPOA, por sus siglas en inglés). La razón por la que Trump retiró a EEUU del JCPOA es que no se incluyeron aspectos esenciales para impedir que Irán desarrolle misiles intercontinentales y deje de financiar a organizaciones terroristas islámicas. Este acuerdo no fue refrendado por el Congreso de EEUU, aunque tuvo el aval de la administración Obama y de Rusia, China, Francia, Alemania y Reino Unido. El Plan se enfoca en aspectos relacionados con la reducción del enriquecimiento de uranio, necesario para producir armas nucleares; sin embargo, descuida otros aspectos importantes para evitar que Irán desarrolle un programa balístico de misiles intercontinentales y para que deje de amenazar a países de Oriente Medio, como Israel. Tampoco contrarresta la práctica de financiar a organizaciones terroristas islámicas.

Sin el poderío económico de EEUU no sería posible usar el mecanismo de presión de las sanciones económicas. Por esto, Trump hace énfasis en renegociar acuerdos económicos para reducir el déficit comercial, y aumentar la producción y las exportaciones.

China es la potencia económica en competencia a la que la administración Trump le hace frente. No ha sido con balas que ha logrado iniciar un proceso de negociación comercial ni con guerras por proxy que ha logrado aumentar la producción industrial. Es un crítico del complejo industrial-militar, de los warmongers o guerreristas y de todo keynesiano, corporativista y globalista que persigue mover la economía con acciones frívolas e inmorales, que endeudan al Gobierno, gravan a los contribuyentes y comprometen las vidas de los militares. Si alguna guerra debe librar EEUU, es la “guerra económica o comercial”, que no es realmente una guerra. Es la condición necesaria para lograr una paz duradera y para establecer un genuino mercado libre. Un EEUU fuerte económicamente es la mejor arma.

 

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