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La agenda para revivir la trama del “Russian collusion”

El asunto de la retirada del asilo político y del arresto en la embajada de Ecuador del fundador de WikiLeaks, Julian Assange, su enjuiciamiento en Reino Unido y la solicitud de extradición a EEUU sirve de pie forzado a quienes no aceptan el resultado de la investigación del fiscal especial Robert Swan Mueller III y el informe resumido del fiscal general de EEUU, William “Bill” Barr, sobre que no hay evidencia directa de que la campaña presidencial de Donald Trump conspiró con el gobierno de Rusia durante las elecciones presidenciales de 2016 ni de que el presidente de EEUU, Donald Trump, cometió el delito de obstrucción a la justicia. Los enemigos de Trump usan el arresto de Assange para atacarlo; vinculan a WikiLeaks con el gobierno ruso y con Trump, como si se tratara de la propiedad transitiva, en la que si A (Trump) se relaciona con B (WikiLeaks, Assange) y B se relaciona con C (gobierno de Rusia), entonces A se relaciona con C.

Reviven la trama del Russian collusion para argüir, falsamente, que si Assange “conspiró” en una ocasión para obtener información clasificada del gobierno de EEUU, referente a un incidente que ocurrió con unos reporteros de la agencia de noticias Reuters, durante el conflicto de Irak, que fueron asesinados por las fuerzas armadas americanas, accidentalmente (según concluyó una investigación de la milicia americana que examinó las normas de combate de EEUU y la Ley de Conflictos Armados que establece normas internacionales), pudo hacerlo en una segunda ocasión para obtener los mensajes de correo electrónico del ex presidente de la campaña presidencial de Hillary Clinton, John Podesta, y del Comité Nacional Demócrata (DNC, por sus siglas en inglés). Aunque Assange es acusado de conspiración para obtener información clasificada mediante intrusión a una computadora del gobierno de EEUU, y es solo por la publicación del incidente de Irak, se establece la narrativa falsa de que la campaña de Trump y sus allegados se vincularon con WikiLeaks para perjudicar a la campaña de Hillary Clinton al obtener los mensajes de correo electrónico de Podesta y del DNC mediante un supuesto hackeo cibernético.

Es posible que congresistas demócratas de la Cámara Baja federal soliciten una investigación para “descubrir” el vínculo de Assange con el gobierno de Rusia y, a su vez, de Assange y la campaña de Trump. Puesto que Trump elogió la labor de WikiLeaks durante la campaña presidencial, luego de que revelara los mensajes de correo electrónico de Podesta y del DNC, podrían relacionar sus expresiones como una “admisión” de culpa suficiente para “justificar” una nueva investigación que se extienda hasta las elecciones presidenciales de 2020. Tal vez no logren iniciar una investigación al respecto, pero eso no les impide que sus aliados en la prensa comiencen a publicar teorías de conspiración y especulaciones que mantengan viva la trama del supuesto vínculo entre la campaña de Trump y el gobierno de Rusia. Assange es solo otra excusa para atacar a Trump.

Lo irónico es que no es la campaña de Trump quien conspiró ni conspira para derrotar al candidato presidencial demócrata, sino los demócratas quienes conspiraron para espiar a la campaña de Trump y quienes persiguen mantener viva una investigación y persecución política constante en contra de Trump. El testimonio del fiscal general de EEUU, “Bill” Barr, sobre que piensa que sí hubo espionaje contra la campaña de Trump (“Spying did occur, yes. I think spying did occur”) apunta en esta dirección. Es probable que Barr inicie una investigación sobre el modo en cómo se autorizó la investigación de Mueller, para identificar si se violaron derechos constitucionales de ciudadanos americanos y, si es el caso, quiénes en el Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) y en el Departamento de Justicia federal (DoJ, por sus siglas en inglés) espiaron a la campaña de Trump y a sus allegados.

No es la primera vez que se plantea que hubo espionaje contra la campaña de Trump. Corey Lewandowski, ex director de campaña de Trump, y David Bossie, ex director ejecutivo adjunto del Equipo de Transición Presidencial de Trump, publicaron un libro titulado Trump’s Enemies, en el cual exponen, detalladamente, cómo los enemigos de Trump conspiraron para espiar su campaña presidencial. La trama de espionaje inconstitucional contra ciudadanos americanos y en contra del entonces candidato presidencial y eventual presidente electo de EEUU incluye a reporteros, medios de prensa, ex directores de agencias de inteligencia (en especial del FBI), ex directores del DoJ, ex agentes de inteligencia de Reino Unido, al DNC, a la campaña de Hillary Clinton, entre otros actores.

Trump se dio cuenta que los medios de prensa anti Trump querían revivir la trama del Russian collusion y forzar una narrativa que vinculara a Assange y al gobierno ruso, para luego vincularlos con él; por eso, cuando salió el reportaje sobre el arresto de Assange, expresó: “Yo no sé nada sobre WikiLeaks”. Eso no impidió que varios medios de prensa compararan las expresiones de Trump sobre WikiLeaks durante la campaña presidencial de 2016 con sus expresiones recientes. No hubo ninguna expresión de Trump que implicara que tiene una relación con Assange o con WikiLeaks; todas las expresiones son sobre lo que cualquier persona podía leer por su cuenta luego de que WikiLeaks publicara los mensajes de correo electrónico de Podesta y del DNC.

A Assange ni siquiera le han probado que conspirara para obtener información clasificada ni que tenga relación con el gobierno ruso. El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, le retiró el asilo político irrespetando que Assange es ciudadano ecuatoriano y que hay leyes internacionales sobre refugiados y asilo político. Hay una disputa entre el ex presidente de Ecuador, Rafael Correa, y quien fuera el vicepresidente bajo su administración, Moreno. El segundo quería retirarle el asilo político a Assange, pero esperó por una excusa para hacerlo. Algunas de las quejas de Moreno es que Assange, supuestamente, tiene problemas de higiene (digestivos), corre patineta y juega al fútbol dentro de la embajada de Ecuador. También, alega que es ingrato y agresivo. Es una caracterización infantil y degradante que parece más ficción que realidad. La táctica del asesinato del carácter se utiliza cuando no hay argumento y se persigue demonizar al adversario.

Correa fue quien le otorgó la ciudadanía ecuatoriana y el asilo político a Assange. Denuncia que Moreno entregó a Assange, mediante acuerdo con las autoridades británicas, porque WikiLeaks publicó información (los INA Papers) sobre actos de corrupción de Moreno y de su familia. También, afirma que Moreno llegó a un acuerdo con autoridades americanas para entregar a Assange a cambió de financiación internacional. Sea cierto o no, Moreno no supo defender su decisión para retirarle el asilo y la ciudadanía a Assange.

A pocas horas de ser entregado a las autoridades de Reino Unido, Assange fue declarado culpable por un tribunal británico de violar su libertad condicional bajo fianza establecida en el 2012. Podría enfrentar hasta 12 meses de cárcel y luego ser extraditado a EEUU. No hubo un juicio imparcial. El proceso presenta sesgos y procedimientos que ponen en entredicho los cargos que se le presentan a Assange y generan interrogantes sobre las motivaciones del gobierno de Ecuador, de Reino Unido y de las autoridades americanas que quieren enjuiciarlo desde administraciones anteriores a la de Trump.

No es la primera vez que le presentan cargos dudosos a Assange. Suecia lo acusó de violar a una mujer, realizó una investigación, solicitó su extradición, pero luego retiró los cargos. A WikiLeaks lo quieren descabezar desde hace mucho, pues es un medio que publica información sobre actos de corrupción y violaciones de derechos humanos en todo el mundo.

Al conectar falsamente a Trump con WikiLeaks y Rusia, los enemigos del presidente de EEUU buscan matar a tres pájaros de un tiro.

 

 

 

 

 

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