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El milagro

De los milagros se habla mucho en el mundo religioso, y no fueron pocos los problemas que le causara al filósofo panteísta Baruch de Spinoza insinuar o sugerir que el milagro es imposible.

¿Por qué imposible?

Porque si Dios y la naturaleza son la misma “sustancia”, contradice lo natural y la razón, que la naturaleza rompa sus propias leyes. Y el milagro, el que sea, riñe con lo racional.

Donde sí pueden darse milagros es en la política. Y ahora mismo toda la atención mundial se centra en el más reciente de ellos que no es otra cosa que la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos de América. Y cómo sufren algunos de mis detractores que juraban que Trump jamás llegaría a Casa Blanca. Por eso llenaron de insultos sus comentarios hacia mi persona, que nunca descarté la posibilidad de que ocurriera “el milagro”. Y ahora les ofrezco la absolución por sus pecados, ya que obedecen a la ignorancia y no a la maldad.

Antes de Trump, los Estados Unidos sufrieron el liderato equivocado y francamente débil de George W. Bush y de Barack Obama. Mucha gente todavía no entiende como el último cuatrenio de Obama se convirtió en el talón de Aquiles de la candidatura  de Hillary Clinton, cuando todo lo que ella hablaba Mr. Trump lo relacionaba con la inseguridad en el mando de Obama -particularmente en su politica exterior- campo en que Putin lo deslució e Irak e Isis lo descontrolaron por completo. Y Donald insistió que Clinton formó parte de ese gobierno.

La exquisita retórica de Obama de nada le valió a los Clinton porque mucho hablaba pero poco hacía o lograba. Y a Hillary no le creían.

¿Quo vadis Fufi?

 Vuelvo al milagro.  Me refiero al que podría ser el ocaso y disolución del Imperio norteamericano, tal y como le pasara al Romano y luego al de la Reina Victoria de Inglaterra. Ya me imagino a los lenguicríticos propagando mi senilidad a los cuatro vientos, no sabiendo los incautos que en una partida de ajedrez me los gano con la zurda.

Hasta ahora, en mi larga vida, nunca había visto a un personaje político, Donald Trump, que todos los días, todos los días, acapara la atención de todos los noticieros del mundo. Y todavía no ha jurado en su cargo presidencial.

Hay algo de milagroso en eso, tratándose de una persona completamente incapaz de asumir tamaño taller de liderato.

Donald Trump es lo que en inglés se conoceria como un “throwback”. Por eso mismo es un milagro.

Y lo que le falta por hacer una vez jure el 20 de enero del 2017. Porque no se dejen llevar por lo que ahora dice para tratar de corregir entuertos. Fíjense en lo que hace en términos de nombramientos. Hail Trump!

Al decidirse por la presidencia de los Estados Unidos en el 2015, Trump identificó los fuertes matices de racismo que reflejaba el descontento de una mayoría blanca con el gobierno de Obama que se manifestaba inseguro ante los enemigos y problemas en el Oriente Medio. Su experiencia en los medios de comunicación le dieron una ventaja inicial que amplió con una retórica agresiva que no respetaba ética de clase alguna. Eso, y un discurso inescrupulosamente mendaz, enardeció a los descontentos, a quienes trasmitió la ilusión de hacer a “America Great Again” haciéndolos ver que luchaban por su nacionalidad ante la amenaza de la extranjería de los inmigrantes latinos e islámicos. Los negros ya habiían tenido sus choques violentos ante el oleaje republicano ultra derechista que incluía un movimiento supremacismo blanco.

Yo sé que a los yankófilos, que además veneran al Becerro de Oro, les molesta que yo establezca como gran diferencia entre la sociedad “americana” y la nuestra el mandamiento de que en Puerto Rico nadie mata a un negro por ser negro. Pero, muchachos, es la pura verdad. Nuestra sociedad es pobre en riquezas materiales, y en eso no compara con la plutocracia “americana”, pero no cambio nuestros valores y costumbres por las de ellos que han hecho del discrimen un modus vivendi y del dinero, una religión.

Trump, el solito, es capaz de acabar con la Unión Federal; o sea los Estados Unidos y hasta su “Star Spangled Banner”.  No me extrañaría que ese “continente” se regionalice políticamente dando fin a esa “most perfect union” en acomodo a la cultura e intereses económicos que caracteriza a una Nueva Inglaterra industrial, versus un conglomerado sureño agrícola o un sudoeste hispano de grandes extensiones de terreno. El que ocurra ese otro milagro de varios “Estados Unidos” en nada amenaza la paz mundial como lo hacía cualquier exabrupto nuclear que pueda propiciar el liderato de un comandante desquiciado e irresponsable como Trump.

El Donald Trump que apeló a los instintos más bajos del ser humano para hacerse presidente de la nación más poderosa del mundo para mover millones de irracionales en pro de la peor de las causas es el mismo que viste y calza. No se engañen. Es el mismo que tranquilamente no puede, ahora, manaña o después provocar otro ambiente que no sea uno de odio, guerra y destrucción.

Con Trump en Washington, nada puede considerarse imposible.

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