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Antes, durante y después del Naled

Él se encontraba en sus usuales labores de guardia de seguridad. De un momento para otro, avistó dos artefactos, que con mucha probabilidad le eran conocidos. En menos tiempo de lo que podría imaginar, todos sus sueños se esfumarían. David Sanes, moriría, como víctima de dos bombas que lanzó la Marina de Estados Unidos, en uno de sus usuales ensayos militares en Vieques. Sin embargo, daría vida a una de las luchas puertorriqueñas más activas en defensa de nuestra naturaleza.

A partir de este evento, los medios de comunicación pusieron en el ojo mundial la situación ambiental viequense. Como consecuencia, hubo movilizaciones rampantes de diferentes sectores políticos e ideológicos del país en contra de estas prácticas militares. Finalmente, tras cuatro años de lucha, se logró expulsar de nuestro territorio isleño a una de las Marinas más fuertes de mundo.

Trece años después de que Puerto Rico se uniera en contra de acciones ambientales atroces, el Gobierno criollo casi comete una irresponsabilidad ambiental.

Sin consultarnos, la rama ejecutiva pretendía fumigar con Naled para emprender la guerra contra el Zika. Según quedó evidenciado, tras semanas de desinformación y cambios constantes de decisión, ni siquiera ellos conocían las repercusiones ambientales o salubristas de este acto. Entonces, posterior a semanas de manifestaciones, protestas y la oposición pública de profesionales de distintas ramas de estudio, relacionadas al ambiente y la salud, se decide no llevar a cabo la fumigación.

Más allá de sentirnos victoriosos en esta lucha, entiendo que debemos preguntarnos, ¿qué hubiese sucedido si esta pretensión ambiental no se hacía pública? En mi opinión, el Naled hubiera descendido, con aterradora suavidad, sobre nuestra fauna, nuestra flora y nuestra gente. Tal vez las repercusiones que hoy son evidentes, las habríamos sufrido sin tan siquiera conocer su origen.

Ahora que la tempestad de discusiones por las aspersión de este producto químico, ha conocido la calma, otro “bioasunto” sigue vivo en el vertedero del barrio Tallaboa de Peñuelas. Una compañía deposita cenizas de carbón, que se alega son tóxicas para el ambiente y la salud. Tanto poder ostenta esta organización, que aún con la oposición política y comunitaria del municipio y de otros sectores de Puerto Rico, los camiones continúan llegando cargados del producto de la discordia. Incluso, se arrestaron dos individuos que, en defensa de la naturaleza, imposibilitaban la mencionada acción.

Frente a todo este panorama, el protagonista ha sido el silencio ejecutivo.

El antes, durante y después de la controversia por la fumigación con Naled debe ser útil para hacer una introspección como pueblo sobre lo que ha sido y, lo que es hoy, el rol del ambiente en la política puertorriqueña.

Como en diferentes ocasiones hemos experimentado, la avaricia y la ambición exagerada por el dinero y el poder, llevan a los seres humanos a cometer actos en contra de su propia naturaleza. Nosotros, en nuestra responsabilidad como seres vivos y, especialmente puertorriqueños, debemos ser vigilantes de nuestros recursos naturales. Nos toca estar atentos a la opinión de los candidatos a la gobernación y a las decisiones de la Junta de Control Fiscal sobre asuntos que afectan el ambiente.

Si con ansiedad singular, queremos gritarle al mundo que son nuestros el Yunque y el Coquí, también debemos hacer ruido cuando estos mismos serán víctimas inocentes de la ignorancia humana. Es nuestro deber no llegar al momento que reza la expresión: solo cuando se acabe el alimento en el mundo, el humano sabrá que el dinero no se come.

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