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La UPR

La Universidad de Puerto Rico (UPR) es nuestro mayor logro social. Es la mejor herramienta con la que contamos para romper el círculo de la pobreza y la dependencia, y es el vivo ejemplo de cómo la educación puede ser un medio efectivo de ascenso social. La UPR es un eje principal de la investigación, la innovación y el desarrollo, que serán punta de lanza de la economía puertorriqueña del futuro. El prestigio de la Universidad y la excelencia de sus egresados le añaden una ventaja competitiva a nuestra economía, y se convierten, además, en medios efectivos para lograr internacionalizar a nuestro país. Debemos aspirar a una Universidad que responda a las necesidades y realidades cambiantes del País, que sea un elemento de cambio en las comunidades, y que sea un puente efectivo entre el sector público y el sector empresarial.

Hoy la UPR es más relevante que nunca antes para nuestro pueblo. Constituye el medio por el cual saldremos de nuestra crisis socioeconómica, financiera, política y moral, y también el cimiento sobre el cual construiremos el Puerto Rico que queremos para el mañana. Para ello, la Universidad debe saber cambiar y transformarse en aras de convertirse en un instrumento primordial para responder efectivamente a las necesidades de nuestros tiempos. Debemos construir una UPR diferente, fundamentada en sus éxitos y en su misión, que eduque estudiantes para que sean actores de cambio y líderes con visión.

La marca e imagen de la UPR debe fortalecerse con la acción, convirtiéndose en un motor de innovación en el cual la mayoría de los estudiantes tenga mentores, así como la oportunidad de tener una experiencia internacional y laboral antes de graduarse. Puerto Rico necesita ciudadanos responsables y líderes que sean el motor del cambio que el País necesita. Le llegó a la UPR el momento de actuar y dejar atrás décadas de debates y planes. Puerto Rico necesita su Universidad ahora más que nunca.

Como pueblo debemos asegurarnos de que los programas académicos respondan a las necesidades del Puerto Rico de hoy y a las exigencias del mercado laboral. Cada recinto de la UPR debería contar con uno o dos programas insignia, que le caractericen y le otorguen prestigio. Asimismo, el Gobierno, el sector privado y las organizaciones sin fines de lucro tendrían también mucho que aportar en este renglón. Igualmente, la UPR debe ser más ágil en el diseño y aprobación de nuevos programas académicos. Identificar en cuáles programas debemos aumentar su número de egresados y en cuáles hay que disminuir es una tarea impostergable. Fortalecer y aumentar los programas graduados debe ser una prioridad, puesto que el País lo exige así. Necesitamos más que nunca profesionales con títulos de maestría y doctorado. El tamaño de la demanda no debe ser la razón principal para crear programas graduados, sino la necesidad. Debemos crear la demanda identificando la manera de estimular a nuestros jóvenes a proseguir estudios graduados en materias estratégicas mediante becas e incentivos.

El cambio que requiere la Universidad deberá estar enmarcado en el plan estratégico de desarrollo sustentable que adopten los puertorriqueños. Históricamente, la UPR ha realizado sus planes desde adentro, buscando tener un impacto en el País, pero en este momento es imprescindible ver hacia fuera, es decir, que sea Puerto Rico el que tenga el impacto interno en la Universidad.

Lograr una Universidad renovada, que responda efectivamente a las necesidades del País, justificará la inversión que realizan los puertorriqueños en ella. Incluso, al convertirse en un factor de regeneración puertorriqueña importante, así como en la herramienta educativa principal de Puerto Rico para producir el capital humano necesario para salir de su crisis, se justificará que sus recursos fueran aumentados.

Si de verdad Puerto Rico quiere insertarse en el mundo, la educación superior ha de ser un elemento central para alcanzar dichos objetivos. Es por ello que todos los programas académicos de la UPR deben introducir en su currículo elementos empresariales, de innovación y de internacionalización. La Universidad debe ir más allá y desarrollar incubadoras universitarias de negocios para que todo estudiante que tenga una buena idea avalada por su facultad, no solo pueda obtener su diploma, sino también el empuje que necesita para arrancar su empresa.

La UPR es el lugar en el que todas las clases sociales y razas se encuentran en igualdad de condiciones. Es por ello importante defender que la educación universitaria continúe siendo subvencionada. No obstante, la realidad es que el modelo financiero actual de la Universidad es insostenible a largo plazo. Esto significa que la Universidad no podrá seguir dependiendo casi exclusivamente del Fondo General de Puerto Rico para proveer una educación de excelencia. La UPR debe ser más agresiva en aumentar sus propios recursos, y en la medida que sea exitosa en este esfuerzo podrá mantener la matricula a un precio accesible para todos. Con este propósito, debe identificar otras fuentes de recursos que no sean el aumento de matrícula o recortes de presupuesto, e invertir en un modelo financiero viable y sustentable.

Una fuente promisoria de ingreso sería la consultoría profesional. Dado que en la UPR se encuentran los mejores recursos intelectuales del País, y dado que el gobierno es el mayor contratista de servicios de consultoría de Puerto Rico, la UPR debería ser la primera alternativa de consultoría del gobierno. Si no tuviese la capacidad de ofrecer la consultoría, entonces se podría buscar los servicios fuera de ésta. Por un lado, el Gobierno logrará grandes ahorros, y por el otro la UPR tendrá ingresos nuevos.

Otra estrategia para atraer recursos económicos a la Universidad, que no ha sido explorada a cabalidad debido a pasadas malas experiencias, es la de las alianzas público privada. Existen en el mundo muchos modelos de éxito de este tipo de alianzas en universidades e instituciones educativas. Debemos seguir el ejemplo de los mejores modelos, en especial de aquellos vinculados a las actividades académicas y a las residencias para estudiantes extranjeros.

La UPR debe organizar su presupuesto para servir a los estudiantes, para incorporarlos a los objetivo de la recuperación económica del País y para invertir en proyectos estratégicos a largo plazo. Los recursos deben colocarse en los asuntos más críticos y prioritarios para que la aportación que se realiza al desarrollo de Puerto Rico alcance su óptimo valor. Alcanzar su estabilidad económica debe ser la principal prioridad de la Universidad, para luego invertir a largo plazo y crecer. La estabilidad es importante pues permitirá renovar la facultad para el futuro, la cual hoy es menos permanente y más envejecida y anquilosada que en otros tiempos. Todo esfuerzo de cambio universitario debe ir acompañado de una métrica de éxito que permita realizar ajustes e identificar el impacto de dicho cambio en el desarrollo económico de Puerto Rico.

Igualmente, la Universidad debe crear una cultura de donaciones filantrópicas. Aquel que realiza una donación a la UPR lo hace a Puerto Rico y fortalece su desarrollo socioeconómico directamente. En este sentido, cada recinto de la UPR debe crear una Junta Asesora que cuente con personalidades destacadas que aporten con su experiencia, con sus contactos y su colaboración en el esfuerzo filantrópico. Confío sobre todo en que las familias mejor acomodadas, cuyos hijos estudian en la UPR, participarán con gusto en este esfuerzo para atraer recursos económicos a la Universidad que faciliten a los hijos de familias menos acomodadas estudiar también en la UPR.

La UPR, además de responder a las necesidades de desarrollo económico y el fomento de la cultura, debe ser transparente en sus procesos administrativos y de gobernanza. Los cambios deben hacerse con claridad y comunicación abierta para crear un clima de responsabilidad compartida, que garantice la eficaz atención de las prioridades. La política partidista debe ser erradicada de la Universidad, y su autonomía respetada y ampliada. En este sentido, se deben proponer términos fijos, con posibilidad de renovación, para el presidente de la UPR y sus rectores. Asimismo, se debe proponer una Junta de Gobierno que sea más de apoyo, de evaluación y guía, y menos directiva o intervencionista con el manejo día a día del sistema universitario. Dicha junta deberá tener una mayor representación de estudiantes y profesores, así como una representación ciudadana seleccionada fuera de criterios políticos. La UPR debe dejar de ser una agencia más de gobierno y su autonomía debe ser plena.

Ampliar las oportunidades de intercambio con otras universidades del mundo para estudiantes y profesores no ha de ser el único criterio de una universidad para considerarse internacional. También debe contar con un currículo académico internacionalizado, y debe ampliar la presencia de profesores y estudiantes extranjeros en nuestras aulas. No vale solo enviar nuestros estudiantes al extranjero. Hay que traer el extranjero a la Universidad. Es un hecho más que probado que la mezcla de experiencias, de puntos de vista, de perspectivas de vida, que aporta a una comunidad universitaria el contacto continuo de sus miembros con la experiencia extranjera, es más que vital para la creación de un ambiente universitario que rete de continuo a sus estudiantes y los lleve a desarrollar sus capacidades creativas al máximo, a innovar e innovarse.

Por último, la UPR debe abrir sus aulas a los inmigrantes irregulares, aceptando inmigrantes irregulares que se hayan graduado de escuela superior en Puerto Rico con un mínimo de tres años de escuela superior. Estos estudiantes pagarían una matrícula especial que no sería subvencionada. Esta iniciativa es legal y se ha realizado en otros estados de los Estados Unidos. Se trata de hacer justicia a nuestros hermanos inmigrantes irregulares que aportan a nuestra economía y bienestar.

En la crisis que vive Puerto Rico, la UPR debe dar un ejemplo de voluntad de cambio y avanzar propuestas innovadoras. Los problemas y los retos que enfrentamos no nos pueden paralizar. Es cierto que el cambio exhausta, pero debemos recordar constantemente por qué debemos cambiar y perseverar. El objetivo debe ser que nuestra universidad sea la primera institución de educación superior en el Caribe y una de las primeras diez de América Latina. No hay duda de que la crisis puede significar una gran oportunidad de cambio y prosperidad para la UPR y Puerto Rico, pero resulta indispensable desarrollar una cultura de planificación y acción para lograr dicho cambio.

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