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El mundo según Trump

Luego de la resaca electoral en los Estados Unidos (EEUU), debo confesar un pesimismo sobre el presente y un optimismo sobre el futuro.

La victoria de Donald Trump confirma que la globalización ha configurado dos mundos ajenos uno del otro. Por un lado, tenemos a un mundo globalizado que comparte las mismas aspiraciones y preocupaciones, y por el otro tenemos el mundo real, que es el mismo que existía antes de la globalización y que está compuesto por un mar de gente que no ha sentido los beneficios de la globalización en sus vidas. El grupo de los globalizados es el que ha manifestado su asombro incredulidad, igual que ante eventos electorales recientes como el BREXIT, el NO colombiano y ahora la elección de Trump.

Los efectos internacionales de la victoria de Trump son tan impredecibles como él mismo, y con su elección EEUU pierde el poco prestigio internacional que le quedaba. Sin temor a equivocarnos, la era Trump se perfila llena de sorpresas, exabruptos e inestabilidad, tal y como es Trump. Podemos esperar de él una política exterior independiente, personalizada, improvisada, imprevisible y alejada de las esferas de poder globalizadas. Seguramente se asumirá una política exterior que pensábamos del pasado y ya superada, lo que representará un retroceso de la humanidad.

Fueron varios los temas internacionales que predominaron en la campaña electoral de Trump y que nos asoman al futuro que nos espera: la inmigración, Irán, el cambio climático, el libre comercio, la OTAN, el Estado Islámico y Rusia.

Con Trump podemos esperar que EEUU se convierta en una fortaleza impenetrable para la inmigración, legal e ilegal, y para los refugiados. Es muy probable que se construyan muros físicos y mentales, o como mínimo, que se agranden los existentes. Esta política, sin lugar a dudas, aislará a EEUU y causará injusticias y violaciones a los derechos humanos. Posiblemente seamos testigos de deportaciones masivas legales, y del empeoramiento de la crisis de refugiados en el Mediterráneo y Europa.

En varias ocasiones, Trump ha denunciado el acuerdo con Irán de la administración de Obama, el cual le impide desarrollar armas nucleares a cambio de levantarse las sanciones económicas. El mundo árabe sunní, a pesar del discurso anti islámico de Trump, ha recibido positivamente su victoria ya que representa el regreso al antagonismo con Irán y al levantamiento de un muro que impida la ampliación de la influencia iraní en la región. Podemos esperar que la administración Trump revise el acuerdo histórico de Obama, haciéndolo inaceptable para los iraníes, y que regresemos al estatus anterior de confrontación, sanciones y desconfianza, lo que propiciará mayor inestabilidad en toda la región.

A pesar de la contundencia de los datos científicos sobre el calentamiento climático, Trump ha calificado en innumerable ocasiones dicha amenaza global como una elucubración y exageración, por lo que podemos esperar un retroceso de los logros recientemente alcanzados que podría hacer irreversible el desafío.

Trump se ha autoproclamado como el abanderado del anti libre comercio y ha prometido revisar, y en otros casos terminar, los acuerdos de libre comercio que ha suscrito EEUU a través de los años. Esta política comercial “trumpiana”, que encontró eco en la clase trabajadora estadounidense, augura un mayor proteccionismo comercial de este país, lo cual perjudicará las exportaciones de muchos países en desarrollo y causará una mayor inestabilidad económica y política en el mundo.

Igualmente, Trump ha manifestado su determinación de revisar la alianza militar más importante de EEUU, la OTAN. Ha dicho que los estadounidenses están subvencionando la seguridad de Europa con pocos beneficios para sí, y que los europeos deben asumir una mayor responsabilidad económica, lo que implica un replanteamiento de la Alianza que seguramente cree desánimo para fortalecerla o mantenerla. La alianza atlántica ha sido un garante de la seguridad europea en esta parte del mundo que se ha caracterizado por ser el escenario de las más cruentas guerras, y ha servido bien a los intereses de EEUU. Las acciones de Trump pondrán en peligro la seguridad y estabilidad de Europa.

Pero no todos los augurios internacionales que representa Trump son negativos. Asombrosamente, las opiniones de Trump sobre el mal llamado Estado Islámico son acertadas. La acusación de que la administración Obama propició el fortalecimiento del Estado Islámico por la salida estadounidense de Irak de forma precipitada e irresponsable tiene fundamento. Igualmente, la discreta propuesta de una alianza con Rusia para combatir al grupo terrorista coincide con los crecientes reclamos de actores internacionales. Esta alianza ruso-norteamericana anti terrorista podría traer el primer éxito internacional de Trump, lo que traerá sin duda una nueva era en las relaciones entre los dos países, lo que favorecería a un mundo bipolar no antagónico de reparto de intereses, que creará un clima de seguridad aparente que podría calificarse como la pax ruso-norteamericana.

Por todo lo anterior, no es absurdo presumir que la era Trump representa una amenaza latente a la estabilidad internacional. No hay duda que sus acciones traerán una reacción y replanteamiento del mundo globalizado como contraposición a Trump, lo cual permitirá adaptar una visión viable, duradera y renovada de lo que debe ser el mundo para las masas.

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