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El Consejo de Seguridad de la ONU

Recientemente, fuimos testigos del rechazo del Consejo de Seguridad, principal órgano de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a una resolución presentada por 22 países árabes y la Autoridad Nacional Palestina, liderados por Jordania, que instaba a israelíes y palestinos a llegar a un acuerdo de paz en 12 meses que debería culminar con la retirada de Israel antes de finales de 2017. Los Estados Unidos (EEUU), miembro permanente del Consejo, y por ende con derecho a veto, rechazó la propuesta.

Ante el fracaso de este nuevo intento de paz en la ONU, cabe destacar la urgencia de reformar la organización internacional para reconstruir su credibilidad perdida. Defensores y detractores de la organización coinciden en lo imperativo de reformas globales y básicas que permitan adaptarla al siglo XXI.

Existe un consenso en la comunidad internacional de que el Consejo de Seguridad de la ONU es anacrónico, una reliquia y adolece de falta de representatividad. Por tal motivo, la reforma del Consejo de Seguridad continúa siendo una prioridad. Todos coinciden que cualquier reforma del Consejo traerá una ampliación de sus miembros. Actualmente, el Consejo de Seguridad cuenta con 15 miembros de los cuales cinco tienen el poder de veto (China, EEUU, Francia, Gran Bretaña y Rusia). No estamos ante el primer intento de expansión, ya que en 1963 se aumentó en cuatro los miembros no permanentes.

Se ha propuesto un aumento de los miembros del Consejo de Seguridad de 15 a 24. Se han presentado dos modelos para la ampliación: un aumento de seis miembros permanentes sin poder de veto (dos para África y Asia, uno para Europa, uno para América y tres nuevos asientos no permanentes); o un aumento de ocho miembros semi permanentes por un período de cuatro años renovables y un miembro no permanente.

Existe un grupo de cuatro países conocido como el G4 (India, Brasil, Japón y Alemania) que promueven su candidatura como miembros permanentes del Consejo de Seguridad sin poder de veto. Lamentablemente, sus aspiraciones tienen una férrea oposición en países que ven una amenaza en estas aspiraciones. Pakistán se opone, por razones históricas, a que la India obtenga una silla permanente, mientras de igual forma México se opone a Brasil, e Italia a Alemania. En el pasado, han tratado infructuosamente de reformar la Carta de la ONU, que requiere las ⅔ partes del voto favorable de la Asamblea General. Hasta el momento, el G4 no cuenta con el apoyo del bloque de 53 países que componen la Unión Africana.

Sudáfrica, tiene intenciones de obtener una silla permanente mientras Egipto y Nigeria también aspiran a lo mismo. El país sudafricano es el que más posibilidades tiene de alcanzar este privilegio ya que se trata de la economía más grande de África, es un país estable, democrático y poco corrupto.

Como era de esperar, aquellos países que tienen una posibilidad de obtener una silla permanente, como son los del G4, se han opuesto a las propuestas de ampliación. De igual forma, no existe un consenso en qué país africano debía representar permanentemente al continente, por lo que quedó indefinidamente pospuesta la tan necesaria ampliación del Consejo de Seguridad.

Luego de siete décadas de existencia la mega organización internacional está muy lejos de la unidad y el consenso. Quisiéramos creer que el futuro nos aguarda una reforma abarcadora de la ONU. No podemos caer en el grave error de culpar del fracaso reformador a la organización ni a los funcionarios que trabajan en ella, pues son los Estados miembros los que determinan su derrotero. Mientras existan gobiernos que antepongan sus intereses nacionales al bienestar de la humanidad, será imposible alcanzar las reformas necesarias que permitan a la ONU adaptarse a la nueva geopolítica mundial y a los retos globales.

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