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Trump, el nuevo Tea Party

 

Importantes sectores del llamado ‘establishment’ republicano cierran filas para tratar de frenar al empresario Donald Trump.

Les causa ansiedad la posibilidad de que el magnate estadounidense – impredecible-, sea imparable y se convierta en el candidato del Grand Old Party (GOP) a la Casa Blanca.

Los pasados candidatos del GOP a la presidencia de Estados Unidos, John McCain y particularmente Mitt Romney, por ejemplo, han salido a embestir a Trump, como parte de un esfuerzo que incluye millones de dólares en publicidad de comités de acción política.

Los epítetos vuelan.

“Donald Trump es un farsante, un fraude”, ha indicado Romney.

El senador Marco Rubio (Florida), ahora el precandidato del establisment, ha acusado a Trump de ser un “estafador” y de querer secuestrar los “ideales conservadores” del Partido Republicano de EEUU.  Trump llama a Rubio “un peso liviano”. Al senador Ted Cruz (Texas), ahora  su principal oponente, Trump lo describe como un “mentiroso”.

Pero, la primera prueba no les dio buenos resultados a la campaña de la maquinaria republicana en contra de Trump.

El empresario Trump ganó anoche dos de las cuatro contiendas de las primarias del GOP. Obtuvo el premio mayor en Luisiana y triunfó en Kentucky, para dividirse la noche con el senador Ted Cruz, quien obtuvo otras dos victorias (Kansas y Maine).

Rubio no tuvo presencia real anoche en el horario estelar de las cadenas CNN y Fox, que  presentaron breves imágenes de que estaba en Puerto Rico – con poca asistencia según un vídeo de CNN-, pero sin sonidos de su mensaje.

En momentos en que la contienda parece ser entre dos, Trump y Cruz, el magnate estadounidense le pidió anoche a Rubio que se retire. Pero, un portavoz de Rubio sostuvo que Trump quiere evitarse una derrota en Florida.

Al terminar la noche del llamado súper sábado, Trump lidera aún las primarias presidenciales republicanas. El objetivo real de sus oponentes es realmente evitar que logre los 1,237 votos que necesita para ser proclamado el 21 de julio como el candidato del GOP para las elecciones del 8 de noviembre. Los que así piensan apuestan a que se pueda seleccionar en la convención otro candidato.

Para lograr eludir a Trump y proclamar en julio otro candidato, de acuerdo a las normas del Partido Republicano de EEUU, un precandidato debe haber ganado por lo menos ocho contiendas. Hasta el momento, Trump  ha ganado 12, Cruz 6 y el senador Rubio solo una.

Los estrategas de Trump advierten que los que persiguen una convención abierta van a fallar porque el empresario no es un candidato tradicional y se ha convertido en un movimiento dentro del GOP. Dicen que las próximas semanas le consolidarán.

Sus oponentes critican a Trump que haya cambiado de posición o emitido posiciones conflictivas sobre varios asuntos. Resaltan además su falta de profundidad al tratar asuntos de política pública doméstica e internacional.

Pero, Trump parece seguir ganando gracias a sus duras – y prejuiciadas- expresiones sobre inmigración, la insistencia en resaltar su defensa del derecho a portar armas, la afirmación de que nadie será más fuerte que él en la lucha contra terrorismo, y su insistencia de que es el candidato desvinculado de cabilderos y la maquinaria republicana.

“Los otros políticos están comprados”, dijo ayer Trump, en un foro en Orlando (Florida), donde intenta sacar de carrera al senador Rubio, a quien ha aventajado en las encuestas de ese estado.

Trump – un precandidato presidencial que inició su campaña denigrando a los indocumentados mexicanos-, se percibe cada vez más como el ‘Tea Party’ de 2016.  Los ataques recientes de Rubio y la maquinaria no parecen haber debilitado su base, dependiente en gran medida de los electores blancos no hispanos sin educación universitaria, insatisfechos o con coraje con el gobierno. El apoyo que ha generado su precandidatura de parte de grupos xenófobos avivan los temores.

En Puerto Rico, la mayor parte de la estructura directiva del GOP  – como en otras jurisdicciones-, está ahora con Rubio, después de haber estado con Jeb Bush.

Hoy, en la Isla, la esperanza de los seguidores de Trump es evitar que Rubio gane el 50% más de uno de los votos  que aseguran a un  precandidato los 20 delegados que se disputan en los caucuses de la isla.

Ha llamado la atención cómo los principales dirigentes del grupo que se vincula con los republicanos de EEUU han eludido al otro precandidato hispano del GOP, el senador Cruz, quien en este momento se perfila como la alternativa a Trump.

Tras Cruz ganar Iowa a principios de febrero, la presidenta del Partido Republicano de EEUU en Puerto Rico y precandidata a comisionada residente en Washington, Jenniffer González, prefirió destacar los resultados obtenidos por Trump y Rubio. “No tan solo es significativo la posición de casi ganador que obtuvieron Donald Trump y el senador Marco Rubio, sino que también tiene un gran significado político el que un latino alcanzara el tercer lugar entre aproximadamente una decena de aspirantes”, dijo entonces González.

Nada sobre el otro precandidato hispano, Cruz, de padre cubano, quien fue el ganador.

Esta semana, la delegada Zoraida Fonalledas sostuvo que “nosotros somos latinos y somos americanos” y “de todos los candidatos en ambos partidos, solo (Rubio) sabe lo que esto significa”.

Rubio estuvo perdido en acción en el debate sobre la estadidad tras el plebiscito de noviembre de 2012, pero en septiembre pasado, en su primera visita de la campaña presidencial a la Isla, apoyó  que Puerto Rico se convierta en el estado 51 de EEUU.

El senador Rubio no ha comprado el plan de Ricardo Rosselló y Jenniffer González para que la próxima consulta sea una oferta formal del Congreso para admitir a Puerto Rico como estado 51.

En vez, parece coincidir con la idea del comisionado residente en Washington, Pedro Pierluisi, quien es demócrata, para utilizar los $2.5 millones asignados por ley federal para que la Legislatura de Puerto Rico reglamente un referéndum estadidad sí o no.

Sin Jeb Bush ni Ben Carson en la contienda y con Hillary Clinton teniendo que complacer a penepés y  populares, Rubio, sin embargo, es  en estos momentos el precandidato presidencial más cercano a los estadistas.

Rubio ha sido además el único de los  precandidatos presidenciales republicanos que queda en la contienda que se ha expresado sobre la crisis fiscal de Puerto Rico, al rechazar consecuentemente que el Congreso legisle ahora para incluir a las empresas públicas puertorriqueñas en el capítulo 9 de la ley federal de quiebras. En eso choca con el gobierno de Puerto Rico, pero también con el responsable de su campaña en la Isla, José Fuentes Agostini, y el exgobernador Luis Fortuño, que favorecen el proyecto 870 del comisionado Pierluisi a favor del acceso de las empresas públicas de la Isla al capítulo 9.

El senador Rubio, quien ha recibido importantes donativos políticos de ejecutivos de firmas de inversiones, coqueteó inicialmente con la posibilidad de apoyar legislación a favor de la inclusión del gobierno de Puerto Rico en el capítulo 9, según su colega demócrata Richard Blumenthal (Connecticut).

Rubio se ha expresado además a favor de que Puerto Rico tenga paridad en el programa Medicare y acceso al crédito contributivo por ingresos devengados (Eitc).

Pero, Rubio se juega la vida de su campaña presidencial el día 15 en Florida y su futuro está nuboso, aún ganando su estado.

Los principales líderes republicanos boricuas de la Isla seguramente estarán en los próximos días dándole la mano a Rubio en Florida central. Si Rubio se les cuelga en Florida,  se le agotan los aliados naturales. A menos que Rubio o John Kasich tengan un repunte en los próximos nueve días, pueden tener que escoger entre Trump y Cruz,  desvinculados de la estructura oficial del GOP que ellos representan

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