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Entre las olas de emociones y el mar de todos

          En memoria de Brian, uno con el mar.

La ira es la antítesis de la inteligencia emocional. Es una emoción que, gestionada pobremente, puede provocar desde sinsabores en nuestro día a día, hasta tragedias tan espeluznantes como el vil asesinato de Brian J. ‘Chaco’ Ramos Torres, campeón surfista, quien disfrutaba enseñarle a los niños de su región, el deporte de las olas.

El muy lamentable y trágico incidente, se publicó visualmente en los medios de comunicación y es muy triste.  Según trascienden en los partes de prensa, previo a la infortunada reyerta, Brian había rescatado unos clientes de Jesús M. ‘Quinito’ Bonano Laureano, quienes enfrentaron dificultades en el mar.  Tras llegar a la orilla ambos tuvieron una discusión en la que Brian, le reclamaba que estuviera pendiente a sus clientes. Quinito se va y regresa con un bate. Lo que sigue, y es motivo de indignación colectiva, está plasmado en el video divulgado. Caminaban por una acera, Brian se percata que Quinito venía detrás con un bate en mano. Hubo un intercambio verbal acalorado. Acto seguido, el funesto desenlace, que tuvo como gatillo detonador un momento de coraje, que tal vez venía alimentado de incidentes anteriores.

Entendamos mejor cómo la emoción de la ira se manifiesta en nosotros fisiológicamente. Y es que lo sentimos por dentro y decimos que se nos hierve la sangre. Una electricidad se mueve por todo el cuerpo, nuestra cabeza parece que va a explotar porque aumenta la presión sanguínea, incrementa la adrenalina, se acelera la respiración, se sienten palpitaciones, y los músculos del cuerpo se tensan. Todos hemos tenido momentos de ira que son transitorios, los matizamos cuando activamos nuestra mente racional y manejamos, de una u otra forma, esa emoción.

Sin embargo, cuando permitimos que la mente emocional nos domine, experimentamos lo que el doctor Daniel Goleman, denomina como el secuestro de la amígdala.  La amígdala, también conocida como el centinela de las emociones, está ubicada en el lóbulo temporal medial (en el centro) de nuestro cerebro. Durante el secuestro amigdalar o secuestro emocional son las emociones las que controlan nuestro ser, muchas veces de forma irracional.

Tuve el privilegio de participar en una conferencia dictada por Goleman, en Nueva York y nos decía que cuando el secuestro emocional ocurre, estamos dominados por nuestros temores y el coraje. Se nubla el entendimiento y, por ende, nuestro acceso a las perspectivas múltiples. Nuestra racionalidad se limita a una y solo una perspectiva. Se altera el equilibrio del procesamiento mental y rápidamente nos tornamos de razonables y racionales a primitivos y reactivos. En otras palabras, las emociones ciegan cualquier racionalidad.

Cuando a Bonano Laureano, ahora imputado por los delitos de asesinato en primer grado y violación a la Ley de Armas, un periodista le preguntó, si se arrepentía de haber matado a Brian, él dijo que sí, en la única expresión que dio a los medios. Durante el secuestro de la amígdala, las personas pueden tomar acciones nefastas de las que después se arrepienten. En ese fatídico día, tanto la víctima mortal como el victimario, manifestaron secuestro emocional. ¡Eso no justifica ese vil acto de violencia! Sin embargo, nos muestra que la gestión emocional es indispensable para evitar estos eventos inflamables, cuyo combustible principal es la ira que, a su vez, podría provocar un secuestro emocional con consecuencias fatales.

Brian, quien era uno con el mar, relató hace unos años en una entrevista con Vela Uno TV, que inició como a los ocho años a pararse en un Boogie Board. De allí, una fructífera carrera como surfista profesional y el desprendimiento de salvar cientos de vidas, en las complejas aguas de la playa La Pared, en Luquillo.

Decía en esa entrevista: “Mi sueño es que mi escuela funcione de tal manera que los niños cuando vengan aquí en la tarde puedan aprender el deporte gratis”.  ¡Demasiado triste esta pérdida innecesaria! Dos familias en sufrimiento.

Para honrar la memoria del surfista fallecido, su hija Kalisol Ramos, convocó a una ceremonia de Paddle Out, ritual de remada en el mar con el que se despide a los surfistas y todos los que se conectan con el mar.

En su libro Inteligencia emocional para la vida cotidiana, una guía para el mundo real, Justin Bariso, define la inteligencia emocional como “la capacidad de hacer que las emociones actúen a tu favor, y no en tu contra”.  Añade “nunca tomes una decisión irreversible basándote en una emoción pasajera”.

Bariso recomienda algunos pasos para gestionar la autorregulación, los compara a los botones del control de un aparato electrónico. (1) Pulsar el botón de pausa, que significa “pararte a pensar antes de hablar o actuar, lo cual puede salvarte de decir o hacer algo que después lamentarás”. (2) Oprimir botón de silencio, da la oportunidad respirar y tomar conciencia que son estados de ánimo temporales. (3) Ajustar el volumen, “si necesitas mantener una conversación que tenga una fuerte carga emocional, mantén la calma y habla con serenidad”. (4) Grabar, se refiere a escuchar para comprender. (5) Darle Rewind (rebobinar), y es que “las discusiones con fuerte carga emocional tienen a menudo sus raíces en antiguos problemas no resueltos”. De manera, que se activa el Rewind, para regresar al tema cuando todos estén sosegados. (6) Presiona Fast Foward (avance rápido), recomienda que “si estás en un momento de gran tensión emocional, párate un instante y haz un avance rápido para ver las posibles consecuencias de tus actos, a corto y largo plazo”.

Si la situación está escalando, habla contigo mismo y reconoce las emociones que estás experimentando y nómbralas. Date un tiempo para esa conversación interior. Aplica la regla de seis segundos, ya que  -según investigaciones- los químicos que se liberan durante el secuestro de la amígdala tardan unos seis segundos en disiparse. En ese tiempo podrías respirar profundamente, mientras prosigues con tu diálogo mental para calmarte.

Más que nunca la educación emocional es indispensable para mitigar la violencia, para el mejoramiento individual y colectivo. ¡Tenemos que aprender a gestionar nuestras emociones! ¡De eso se trata la inteligencia emocional! Buscar herramientas para conocernos mejor, tener la capacidad de hacer lectura de nuestras emociones, poder ejercer el autocontrol, y tomar tiempo para buscar serenidad, esa pausa a veces que puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte.  

Muchas muertes en la historia, incluyendo la de Brian, pudieron ser evitadas, si reforzáramos la educación emocional a nivel personal, familiar, en las escuelas, en las universidades, en los gobiernos, en los países. Así descubriríamos que, entre las olas de emociones, el mar es para todos.

Arte Kaliany Serrano Viera

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