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Lavatorio de los pies y de las almas

“Todo mi ser se estremeció y se conmovió ante tanta grandeza, fue un éxtasis de fe y amor”, le comenté a Vanessa Santini, nuestra amiga y buena cristiana, cuando me dijo que yo temblaba y no podía aguantarme. Esto sucedió el pasado Jueves Santo durante el Lavatorio de los Pies en la misa en la Parroquia La Gruta de Lourdes.

El monseñor Fernando Felices, brillante guía espiritual y párroco de la iglesia, nos seleccionó para el evento del Lavatorio.

Quiero ser honesto y sincero, ni cuando me diagnosticaron el cáncer, ni cuando la muerte tocó a mi puerta, ni ninguno de los procedimientos a los cuales me he sometido me han estremecido y conmovido tanto.

Fue un momento único, la presencia no humana y no física que yo experimenté es indescriptible. Yo solamente la sentía y penetraba por mi cuerpo, pero donde más me impactaba era en mi corazón, allá en lo profundo de mi ser, en el centro adentro en un lugar inalcanzable. Era una presencia Divina de Vida. Jesucristo estaba presente preparándonos para el día más importante en la vida de la humanidad, para su Resurrección.

En un momento dado cuando el padre Felices estaba lavando mi pie levantó la vista para mirarme, y esta ha sido la mirada más humilde, tierna, dulce, compasiva, piadosa y misericordiosa que yo haya visto jamás. En sus ojos experimenté el amor de Jesucristo. A través de sus ojos me miraba el Señor.

La mirada duró solo segundos pero la promesa de vida fue eterna.

Nunca la presencia de la muerte me ha estremecido tanto, nunca. No me asusta la muerte, ni tiemblo ante ella porque tengo fe. Porque mi corazón está lleno de confianza y esperanza en el Dios de la Vida. La vida es más poderosa y trasciende a la muerte.

Es cierto, no podía aguantarme y temblaba, la promesa de vida de Jesús me invadió y se apropió de mi alma.

 

 

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