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A Maduro se le acaba la gasolina

El tirano Nicolás Maduro juega con fuego al impedir la entrada de ayuda humanitaria por la frontera compartida con Colombia. Varios países enviaron suministros de alimentos y medicamentos. La Asamblea Nacional y el presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, solicitaron y planificaron su entrega en orden de prioridad. La táctica de usar el hambre como forma de control poblacional atenta contra los derechos humanos. Sin embargo, a Maduro, a Diosdado Cabello y a otros miembros de la tiranía no les importa, pues saben que, de todos modos, es probable que enfrenten un proceso judicial en cortes penales internacionales y nacionales por crímenes de lesa humanidad, narcotráfico, entre otros.

El régimen castro-chavista tenía hasta la medianoche del 3 de febrero de 2019 para solicitar la realización de una elección presidencial. Al no hacerlo, más de una decena de estados europeos reconocieron a Guaidó como presidente interino de Venezuela. Poco a poco Maduro se queda sin margen de apoyo internacional.

Se le acaba la gasolina literalmente, pues las sanciones económicas promovidas por EEUU impiden que se refine el petróleo y se produzca la gasolina que necesita el régimen para operar. Las movidas de la administración Trump no son unilaterales. Gozan de apoyo regional e internacional.

Guaidó cuenta con el apoyo de los países del Grupo de Lima, de la Organización de Estados Americanos (OEA), del Parlamento Europeo, de alrededor de 13 países de Europa, de Israel, de Marruecos, de Australia, de EEUU (incluso de Puerto Rico) y de otros estados. Este apoyo se construyó con la ayuda de los venezolanos que residen en el exterior: la diáspora.

A Maduro se le advirtió que no adelantara las elecciones presidenciales para el 20 de mayo de 2018 y que no manipulara el proceso electoral. Luego de hacer caso omiso, de inhabilitar a partidos y a candidatos opositores, de comprar votos con alimentos, de arrestar a líderes de la oposición, de cometer fraude electoral, comenzó la gestión de ganar apoyo internacional con el fin de que el día 10 de enero de 2019 no se reconociera a Maduro para un nuevo término presidencial. Incluso la Internacional Socialista denunció la ilegitimidad de la presidencia de Maduro, favoreció una vuelta al orden constitucional y pidió que se respetaran los derechos humanos.

Esta es una crónica de una muerte anunciada, versión Venezuela, pero Maduro no quiere darse por enterado. La legitimidad de su presidencia se basaba en las elecciones presidenciales contra Henrique Capriles, realizadas el 14 de abril de 2013, luego de la muerte del expresidente Hugo Chávez. Aunque hubo denuncias sobre fraude electoral, Capriles aceptó la derrota, a pesar de que muchos opositores no estuvieron de acuerdo con esa decisión.

En el 2015 los partidos opositores lograron una mayoría extraordinaria en la Asamblea Nacional mediante la coalición de partidos que formaron la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Así derrotaron al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) e impidieron un control total del Gobierno. El PSUV dejó de ser exitoso electoralmente, por las divisiones internas entre los chavistas, por la crisis inflacionaria, por la escasez de alimentos y medicamentos, por las violaciones a derechos humanos, y por otras razones. Se desinfló y perdió legitimidad ante el propio pueblo venezolano, muchos de ellos chavistas.

La creación de una Asamblea Nacional Constituyente, como estructura paralela que usurpa los poderes de la Asamblea Nacional, perseguía darle un control absoluto al régimen madurista. Pero, la movida no funcionó, pues al ser inconstitucional, no tuvo legitimidad. Tampoco fue válido el nombrar a jueces del Tribunal Supremo de Justicia justo después de que la MUD ganara las elecciones legislativas. Los jueces legítimos nombrados por la Asamblea Nacional en el 2017 se refugiaron en otros países (Panamá, Chile, Colombia y EEUU) y se reúnen a través de Internet como Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela en el exilio.

La lucha por defender el orden constitucional de Venezuela y la separación de poderes es ardua. La experiencia venezolana sirve de modelo para enseñar que en una república y democracia hay que estar en una constante vigilancia que impida la conformación de una tiranía. En EEUU se debe aprender esta lección y no dar por sentado que nunca pasará lo mismo.

No se sostiene afirmar que EEUU planifica una intervención militar unilateral ni que desea apropiarse de los recursos naturales y minerales de Venezuela. Fue el propio PSUV quien acaparó todo el Gobierno, creó estructuras paralelas e inconstitucionales, y se corrompió al punto de endeudar al País y de empeñar el oro, los diamantes, el petróleo y otros recursos. Los países que se lucraron y aprovecharon del sistema cleptocrático y kakistocrático, de ladrones y funcionarios mediocres, fueron Cuba, Rusia, China, Irán, Turquía y los aliados del bloque socialista del Siglo XXI. EEUU no tuvo nada que ver. Si hay algún estado al cual responsabilizar por prácticas imperialistas y por apropiarse de los recursos venezolanos, es Cuba y, en segundo lugar, Rusia.

Los Castro, bajo Chávez y Maduro, enviaron a miles de militares, médicos y ciudadanos cubanos a ocupar posiciones claves en las fuerzas armadas y en el gobierno de Venezuela. Esta forma de colonización no recibe mucha atención mediática. No es la primera vez en la historia que los Castro invaden a Venezuela. La primera vez fue el 10 de mayo de 1967 en la Invasión de Machurucuto; una guerrilla cubano-venezolana entrenada en Cuba intentó establecerse en la Cordillera de los Andes Venezolanos para entrenar a la guerrilla con el fin de derrocar al gobierno de Venezuela.

Chávez también intentó dar un golpe de Estado el 4 de febrero de 1992. Es irónico que se quejara de este tipo de táctica cuando fue presidente de Venezuela. Al estar en el poder dejó de validar el uso del golpe de Estado. Los Castro también dejaron de planificar los golpes de Estado militares, pero comenzaron a construir los autogolpes.

Ese es el caso actual de Venezuela: Maduro no quiere soltar la presidencia; se sostiene por la fuerza, porque cuenta con generales corruptos, con una milicia politizada y con asesoría de la inteligencia cubana. Por esto, es falso afirmar que Guaidó se autoproclamó presidente de la Nación y que EEUU planifica un golpe de Estado. La realidad es que a Maduro se le acabó la legitimidad; ya no tiene gasolina.

 

 

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