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La inmigración musulmana preocupa a americanos, surcoreanos y europeos

El problema de inmigración en general no solo se discute en Estados Unidos (EEUU). Hay problemas con la inmigración ilegal y con la inmigración legal de refugiados provenientes de estados en los que operan organizaciones terroristas islámicas. Alemania y Corea del Sur se suman a los países con protestas opositoras a la aceptación de refugiados musulmanes.

Donald Trump, presidente de EEUU, logró una victoria reciente en el Tribunal Supremo (SCOTUS, por sus siglas en inglés) con el fallo que permite la ejecución de la orden ejecutiva que prohíbe la entrada, temporeramente, a ciudadanos de estados en los que operan organizaciones terroristas islámicas. Sus críticos lo acusaron falsamente de xenofobia. Sin embargo, hasta los estados que abogaron por recibir a refugiados musulmanes, ahora cambian de parecer, por la presión política interna y por los problemas de seguridad que se presentan.

Angela Merkel, la primer ministro de Alemania, acordó con el presidente español, Pedro Sánchez, el devolver a los inmigrantes que entraron a su territorio vía España. También, llegó a un acuerdo similar con Alexis Tsipras, el primer ministro de Grecia. Alemania pagará por el proceso y la atención a los inmigrantes. El hecho de que pague implica que no se trata solo de un asunto fiscal, sino de seguridad y de adaptación social. El exceso de inmigrantes representa un problema para el orden social alemán. Merkel tuvo que cambiar de postura sobre una Alemania abierta a los refugiados musulmanes, porque las tensiones políticas le costarían el puesto.

Si bien es cierto que los millones de refugiados musulmanes que entran a Europa representan un gasto público significativo, el problema mayor es la violencia y la falta de adaptación a la cultura y al orden constitucional de los estados europeos. Aumentan las violaciones a mujeres, los atentados terroristas, la destrucción de propiedad, entre otros delitos y acciones violentas.

Organizaciones terroristas islámicas, como el Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés), usan a los refugiados como caballo de Troya para infiltrar a combatientes (yihadistas) y a hombres en edad militar. Aumentar la población de musulmanes en Europa y en otros continentes es un arma efectiva para los islamistas.

Corea del Sur también adoptó una política pro refugiados similar a la Alemania de Merkel. De igual forma, hay protestas y presión política para que se acabe con un programa que exime de presentar una visa de entrada a la isla de Jeju, Surcorea. Ciudadanos de 186 países se benefician de esta exención. Hay una solicitud firmada por más de medio millón de surcoreanos para que el Gobierno detenga la política de apertura a los refugiados musulmanes. Se señala el problema fiscal y económico que representa la entrada de miles de inmigrantes provenientes de Yemén, pero el asunto que más preocupa es la falta de adaptación de los musulmanes a la cultura y al orden constitucional.

El problema con los refugiados musulmanes de Siria, Yemén y otros estados en los que operan organizaciones terroristas islámicas es que no hay forma efectiva de identificar a los yihadistas o potenciales terroristas. Negar el problema no hace que desaparezca. Sin embargo, organismos supranacionales como la Unión Europea (UE) actúan en negación.

Los estados del este de Europa son los principales opositores a la entrada de refugiados musulmanes. Uno de estos estados, Polonia, fue la sede del primer discurso de Trump en Europa. Fue un discurso sobre la importancia de defender los valores occidentales.

La UE presiona a estos estados para que reciban a los refugiados de forma proporcional, pero sus gobiernos y población se resisten. Es un asunto que provoca la reflexión sobre si conviene pertenecer a la UE.

Trump es una fuente de inspiración para quienes defienden la soberanía de sus estados ante la injerencia de organismos supranacionales. Tiene apoyo significativo en el este europeo.

Cada vez se suman más estados a la oposición a la inmigración musulmana y aumenta el descontento con la UE. Italia es el ejemplo más reciente de las victorias político electorales de partidos opositores a la entrada masiva de inmigrantes. Hubo una campaña que hizo paráfrasis de la frase de Trump “América primero”: “Italia primero”. Matteo Salvini, el vicepresidente del Consejo de Ministros y ministro del interior de Italia, es el líder principal de la campaña anti inmigración. Su partido, la Liga Norte, gana adeptos y escaños por su defensa férrea de la soberanía italiana y su liderazgo en la oposición a la agenda de la UE de imponer sanciones a los estados que no reciban refugiados.

Hungría es otro de los estados líderes en la oposición a las imposiciones de la UE. Viktor Orbán, el primer ministro y líder del Partido Fidesz, también respeta a Trump y es el principal portavoz de la oposición europea a la inmigración masiva de musulmanes.

En el oeste europeo también hay preocupación por la ola de inmigrantes musulmanes. Reino Unido es el primer estado que vota en referéndum para salir de la UE: el Brexit. Los ataques terroristas y homicidios con cuchillos aumentaron y la población musulmana gana terreno en la capital. No es casualidad que el alcalde de Londres es musulmán: Sadiq Khan.

Uno de los efectos de la inmigración masiva es que se concentran poblaciones en barrios y comunidades de las principales ciudades europeas; se vuelven una fuerza electoral. En otros casos, establecen “zonas de exclusión” en las cuales los ciudadanos no musulmanes no pueden entrar, ni siquiera las fuerzas de seguridad; se crea un estado dentro del Estado. Esto ocurre en varias comunidades en ciudades de Francia.

EEUU y Corea del Sur están a tiempo para contrarrestar los problemas que enfrenta Europa. No se trata de xenofobia, sino de una respuesta a la táctica de islamizar mediante la colonización enmascarada. Es un hecho que el mundo islámico no se adapta a la idiosincrasia occidental ni tampoco tolera a otros grupos religiosos y culturas en los estados predominantemente islámicos. Si la ingenuidad domina a los líderes de estados como Francia, poco a poco dejarán de existir como los conocemos.

Es importante que se entienda que sin fronteras no hay estado. Abrir las fronteras a Reymundo y to’ el mundo es autodestructivo.

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