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¿Qué te cuento de Cuba?

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Fútbol y béisbol

Aquí en Cuba el béisbol siempre fue un tema de política nacional. Se peleaba y se discutía en las calles con una energía que metía miedo.

Esa realidad ha cambiado muuucho.

Hoy día el fútbol europeo ha ido, poco a poco, desplazando el interés por el béisbol de una manera alarmante, sobre todo, entre la juventud, que cada vez idolatra más a las estrellas del Barcelona o el Real Madrid que a las de los Industriales de La Habana o los Vegueros de Pinar del Río en el béisbol nacional.

El pasado fin de semana, por ejemplo, se jugaba el clásico del fútbol español entre el Barcelona y el Real Madrid, pero también se disputaba el partido decisivo de la semifinal entre los Vegueros de Pinar del Río y los Cocodrilos de Matanzas en la Serie Nacional de Béisbol.

Demás está decir que el fervor por el partido jugado en Barcelona superó por mucho en interés al béisbol. En la calle se contaban por miles las personas de todas las edades portando sus camisas de los equipos españoles y las reuniones de amigos para ver el partido en casas, hoteles y restaurantes eran la norma.

La cosa llegó a tal nivel que la televisión nacional, por donde se pasa el partido, transmitió en vivo desde una “peña deportiva” que se reúne en el hotel Habana Libre para ver los clásicos. Allí cientos de personas, jóvenes en su mayoría, se disfrutaron el partido de rabo a cabo, a la usanza de cualquier emporio capitalista.

Los cubanos entienden bien el juego, lo debaten y lo analizan con intensidad, como suelen hacer con todo en la vida. Los gritos cada vez que se anotaba un gol se escuchaban en cada esquina y, al concluir el partido, el sistema de celulares casi colapsó por la gente llamándose para agitarse los unos a otros. Como aquí no hay acceso a wifi en las casas o restaurantes ni 4G en los móviles, pues la clásica tiraera entre fanáticos se da por las llamadas directas a los celulares o simplemente por el teléfono común.

“Nuestro Twitter es llamarnos por teléfono a agitarnos”, me dijo un amigo, quien sonriente marcaba el número de un pana fan del Barcelona para “echarle candela”, pues el Real Madrid había ganado.

Ese fenómeno era impensable hace unos años. De hecho, ocurría a la inversa. Aquí se veían las poleras de los equipos del béisbol nacional en cada esquina. Hoy eso es cosa del pasado. El domingo jugaron Matanzas y Pinar del Río. Fue un juego espectacular, que acabó con un jonrón decisivo, pero los gritos fueron mínimos y las componendas para verse en casas o restaurantes para mirar el partido fueron nulas.

Esa transformación tiene varios motivos.

El primero es la penetración de internet y la apertura de la televisión nacional al espectáculo mundial que representa el fútbol, el cual seduce a los jóvenes de las culturas beisboleras con una rapidez sorprendente como ocurre en todas partes del mundo.

El segundo es la caída en calidad del espectáculo del béisbol. El éxodo de jugadores para irse a buscar oportunidades en las Grandes Ligas ha mermado el fanatismo deportivo, pues la falta de estrellas que causen continuidad y lealtad en la gente ha socavado las bases de seguidores.

El tercero es un tema estructural del espectáculo, pues por obvias razones, Cuba no puede solventar los niveles de producción de televisión o del show en los estadios que se dan en mercados multinacionales.

Claro, eso no significa que el apetito por el béisbol haya decaído, para nada. Prueba de ello fue el histórico partido del equipo cubano ante los Rays de Tampa Bay en medio de la visita del presidente Barack Obama. El Estadio Latinoamericano es lleno a reventar de fanáticos curiosos deseosos de conocer el mejor béisbol del mundo.

Así las cosas, en Cuba está pasando un proceso muy parecido a lo que ocurrió en Puerto Rico en la primera década de este siglo. Aunque aquí hay una diferencia muy grande con relación a nosotros, pues la fábrica de talento para el béisbol es un desafío estructural del sistema, no se da por inercia, lo cual hace que haya buenos jugadores disponibles siempre.

Veremos cómo evoluciona esta realidad y si el fútbol logrará sacar al béisbol de su pedestal de lujo un Cuba, algo que no se ha visto en este país en los últimos 100 años.

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