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La diáspora como parte de la solución

El viejo dilema de la fuga de cerebros genera pasiones y polariza. Muchos miran a aquellos que abandonan el terruño con cierto desdén, catalogándolos como desertores que tiraron la toalla. Otros ven a los que se marchan como aquellos héroes que salieron a tiempo de un Puerto Rico sumido en la crisis y el caos, a la caza de oportunidades profesionales y de una mejor calidad de vida.
Pero mirar el tema de la migración y la diáspora desde estos extremos resulta un tanto superficial. Ese debate a medias, en vez de construir, solo abona a crear fisuras. Grietas que son terreno donde solo pueden crecer raíces secas y carentes de las soluciones que tanto necesita Puerto Rico.

En cambio, el debate de la diáspora se debe enfocar en cómo esos cientos de miles de puertorriqueños profesionales, destacados por todas partes del planeta y que están haciendo lo suyo fuera de aquí, pueden colaborar desde sus respectivas trincheras geográficas para ayudar a impulsar el desarrollo socioeconómico de nuestra Isla.
Frances Colón, una científica puertorriqueña, quien trabaja para el Secretario de Estado, John Kerry, es un ejemplo vivo de esa diáspora que, pese a la distancia, trabaja, tanto en el plano profesional como en el personal, para ayudar al pueblo que la vio nacer.

Una mujer preparada, que ha trabajado en importantes proyectos de trascendencia internacional, desde el Medio Oriente hasta Sur América, y que en su tiempo libre se reune con otros puertorriqueños influyentes en Washington D.C. para buscar ideas y proyectos que puedan redundar en oportunidades de desarrollo en Puerto Rico.
Al igual que Colón, quien fue reseñada en la portada de nuestra revista Negocios este domingo, hay muchos puertorriqueños que están haciendo la diferencia, trabajando desde el exilio para el bienestar de una Isla que, en ocasiones, los acusa injustamente de haber abandonado su país en momentos de necesidad.

Hoy día Puerto Rico vive una de las épocas más difíciles de su historia, con una crisis fiscal profunda y una marcada falta de consenso sobre la ruta en la que debemos emprender para lograr la recuperación. Hay ruido y discordia de sobra, mientras que la falta de consenso sigue siendo el rey. ¿Con tanto caos, entonces por qué demonizar a la diáspora? Es hora de crear las condiciones para integrar a los que se han ido aún más a la Isla, a modo de que cada uno, desde su respectivo lugar, pueda aportar a la creación del Puerto Rico al que todos debemos aspirar.

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