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El escolta que no lo era

Parece un libreto de comedia.

El enredo que provocó el representante penepé Jorge Navarro Suárez al pretender hacerse de un escolta disfrazado lo que ha logrado es poner el foco de atención sobre el traqueteo de los destaques y el amiguismo en el gobierno.

Navarro Suárez, propenso en tiempos recientes a encontronazos con ciudadanos privados en locales públicos en los que se venden bebidas alcohólicas, consiguió permiso del jefe del Negociado de la Policía, Henry Escalera, para traerse a su oficina legislativa a un agente del Cuerpo de Investigaciones Criminales que, además, era su amigo.

Lo trajo “para labores administrativas” a pesar de ser un agente investigador de la Policía, curiosamente poco tiempo después de que solicitara al propio Escalera que le proporcionara un escolta, presumiblemente para protegerlo de los encontronazos públicos.

El caso es que el destaque duró un día porque, al publicarse que Navarro Suárez se había agenciado como escolta a un policía amigo suyo, hubo que darle marcha atrás a la operación.

El episodio debería tener consecuencias. No solo para Navarro Suárez sino para muchos otros que hacen lo mismo y se intercambian parientes y dolientes pagados con fondos públicos. Ver para creer.

En el caso de este legislador, se puede aplicar aquello de que “de casta le viene al galgo” pues en 1982 y 1983 su padre, el fenecido exrepresentante Jorge Navarro Alicea, fue el motor que encendió una investigación periodística de la entonces oficina de San Juan de la agencia de noticias United Press International sobre la contratación de parientes y dolientes en el Capitolio.

Navarro Alicea tenía de ayudante a su esposa, Nitza Suárez, y cuando le bajó el sueldo al personal de la oficina, no hizo lo mismo con ella. UPI lo reportó y se armó Troya porque el legislador penepé recibió el apoyo virulento del entonces presidente cameral Severo Colberg, también fallecido.

La investigación periodística que siguió, apoyada por todos los medios de prensa de entonces y que se conoció como “el escándalo de las nóminas”, tuvo consecuencias pues se prohibió por ley el nepotismo.

Pero, como quien hizo la ley hizo la trampa, ahora se intercambian los parientes de los de una cámara para que trabajen en la otra y todos contentos.

Menos Navarro Suárez, que se quedó sin escolta o, más bien, sin empleado administrativo. Ojalá que al menos sigan siendo amigos.

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