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Ideas peligrosas

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¿Qué es “Ideas peligrosas”?

Lo que hace a una idea peligrosa es la incertidumbre que provoca. Las preguntas que ocasionan.

Las ideas peligrosas no son necesariamente las que amenazan vidas o las que causan daño cuantificable (aunque de esas también las hay). Mayormente son las que amenazan con crear un vacío donde antes había un “consenso” (y de esa palabra también hablaremos). Son las que vienen a cuestionar si lo que “todo el mundo cree”, de verdad es. Y ¿a quién le gusta admitir que estaba equivocado? ¿Cómo admitirlo cuando hacerlo te expone al ridículo?

La corriente alterna refinada por el ingeniero Nikola Tesla [1] vino a retar una edificación económica de la que se nutrían las riquezas de grandes capitalistas de la época como JP Morgan. La corriente directa de Thomas Edison [2] ya gozaba de ese estado de “consenso”. ¿Cómo un científico que se considere “respetable” va a admitir la utilidad de algo cuando al hacerlo se destetaría de la protección de un Morgan? Ya Edison y Morgan estaban guisando. Ya Morgan controlaba a Wall Street. Los incentivos para evitar la entrada de ideas nuevas estaban claros. ¿Qué pasaría si esto se desmoronaba? Nadie sabía, por lo cual la idea de Tesla era “peligrosa”.

Cuando Martín Lutero [3] desafió el dogma de las indulgencias en la Iglesia Católica, proponiendo que la salvación dependía de la fe y no de donaciones a la iglesia, el “consenso” se revolcó. Esa idea era un peligro para la continuación del modus operandi de la Iglesia Católica. Y era un peligro para el orden social establecido durante cinco siglos. Creaba dudas sobre la “validez” de esa convención. ¿Qué sería de la Iglesia si se regaba esa perspectiva? Nadie sabía, por lo cual la idea de Lutero también era “peligrosa”.

Esta lógica no se limita a los círculos financieros y religiosos. En campos tan aparentemente diversos entre sí como lo son la ciencia y la religión, la educación y la filosofía, o la tecnología y la política, la realidad tecnológica y la costumbre muchas veces no están a la par. Es decir: Hacemos las cosas por costumbre y para proteger a solo algunos intereses aun cuando ya existan las herramientas para hacerlas mejor y para que muchos más se beneficien. Es como ir en caballo de San Juan a Mayagüez, y de una vez coger la Cordillera Central, teniendo un carro, una autopista, y nada que te evite usarla. [4] Las ideas que amenazan con cerrar la brecha entre la realidad tecnológica y la costumbre, también suelen ser “peligrosas”. Donde la realidad está más adelantada al “uso y costumbre”, el terreno está más fértil para el cultivo de ideas “peligrosas”. Por eso Uber y Lyft levantan la ira de los taxistas tradicionales, por eso es que la posibilidad de competencia despierta ansiedad en las compañías de telecomunicaciones, y por eso es que la innovación en sistemas electrónicos de pagos activa el mecanismo de defensa de los jugadores tradicionales en la banca. Por proteger a unos grupos, muchos más quedan desprotegidos. Por seguir haciendo las cosas como “antes”, evitamos que más creadores aporten a la comunidad social y económica.

No todo cambio es bueno o necesario, claro está. La ciencia y la tecnología no lo resuelve todo. Debemos tener una conversación seria, por ejemplo, sobre el efecto de la tecnología en la humanidad de sus usuarios. Hay que discutir preguntas como: ¿Qué pasará cuando, a la larga, los trabajos que hoy requieren mano de obra humana los hagan robots o mecanismos con inteligencia artificial? ¿Eso es deseable para la sociedad? ¿Es inevitable o se debe luchar para que no ocurra? ¿O para controlarlo? Algunos cambios sí son inevitables. ¿Estamos listos para vivir con ellos? ¿Cómo y cuándo adaptamos nuestros marcos legales y sociales para enfrentarlos? ¿Cómo nos hacemos más “resilientes” ante la evolución? [5]

Una última cosa sobre las “ideas peligrosas”: muchas están en la intersección entre campos que aparentan ser dispares. Más que nunca, el conocimiento en la neurociencia está nutriendo al campo de la computación. La biología y la tecnología se están juntando. El desarrollo de la inteligencia artificial nos obliga a tocar temas de filosofía y ética. Esas intersecciones también hay terreno fértil para las ideas peligrosas. [6]

De cierta manera vivimos en un mundo que está atrasado. No hay razón por la que debamos estar utilizando carros con gasolina, por la que debamos tener que cargar tantos aparatos móviles o por la que doctor alguno deba manejar tanta papelería que impide el acceso de pacientes a la salud. Sin embargo, algunas de las cosas que nos pueden poner al día, también nos pueden poner a pelear. Este espacio es para exponerlas y discutirlas. Muchas no son ideas originales. Total, la cultura es un “remix” de ideas viejas. [7]  Pero son ideas peligrosas, y es saludable y necesario enfrentarlas.

Veamos.


Referencias

[1]  Nikola Tesla (Sí, estoy usando a Wikipedia como referencia. Es el enciclopedia más grande del mundo, un triunfo de la cultura libre y abierta. Basa para referencia)

[2] Thomas Edison

[3] Martin Luther

[4] Irónicamente, más o menos eso mismo estamos haciendo en Puerto Rico. Pudiéramos desarrollar, con tecnología que existe hoy, mecanismos de transportación masiva eficiente y barata. Pudiéramos encaminarnos hacia un diseño urbano humano y sostenible. Pero preferimos seguir obligando el uso del carro, haciendo daño incalculable al ambiente, negándole transportación accesible a los pobres para que puedan participar plenamente en la sociedad, y empeorando la calidad de vida de todos los ciudadanos.

[5] Bostrom, Nick. The Ethics of Artificial Intelligence

[6] Ito, Joi. Antidisciplinary

[7] Embrace the Remix

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