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Golpes bajos

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En 3 y 2 el béisbol

 

Es curioso que, con su profusión de nuevos estadios, que más bien parecen una mezcla de parques de diversiones con centros comerciales donde, si uno quiere, puede ver un poco de béisbol, la asistencia a los juegos de Grandes Ligas esté registrando un marcado declive.
Es algo que lleva incubándose desde hace tres años, pero esta temporada, al seguir la tendencia, existe la posibilidad de que se registre la asistencia más baja en 15 años, y que sea la primera vez desde 2003 que el promedio quede por debajo de los 30,000.
La situación es tan preocupante en las altas esferas del béisbol que el comisionado Rob Manfred incluso parece haber dejado en un segundo plano su obsesión con reducirle varios segundos a la duración promedio de los juegos de béisbol y ha empezado a hablar del tema.
Para él, la situación puede deberse a tres razones básicas: el mal clima, el desbalance competitivo y algo que luce más sutil: la enorme cantidad de ponchetes que se producen en cada juego.

Rob Manfred.

“El clima ha sido históricamente difícil para nosotros este año”, dijo el comisionado en un artículo publicado no hace mucho por USA Today.
Manfred pasó entonces a señalar que ya se habían producido 36 suspensiones por lluvia, apenas tres menos que las que se produjeron en todo el año pasado, y que otros 35 partidos se habían jugado bajo temperaturas de menos de 40 grados, lo cual tampoco era conducente a que los fanáticos estuvieran dispuestos a disfrutar bajo el sol mientras engullían un ‘hot dog’ en las gradas.
El desbalance competitivo es también obvio. Tal como mencionó٠ recientemente un artículo de ESPN.com escrito por Enrique Rojas, “nueve de los 15 equipos del joven circuito llegan al Juego de Estrellas a una distancia de al menos 10 juegos del primer lugar en su división y tres (Baltimore Orioles, Kansas City Royals y Chicago White Sox) están en ruta a perder más de 105 partidos”.

 

.Y cuando las franquicias perdedoras no tienen ni siquiera el aliciente de un parque relativamente nuevo y lleno de fuegos artificiales y atracciones extracurriculares para atraer a los fanáticos, viéndose precisadas a deshacerse cada vez más temprano en la temporada de sus mejores jugadores para bajar salarios, el resultado es el que se está viviendo ahora: solo 12 equipos tienen promedios de más de 30,000 de asistencia.
Lo de los ponches es algo más esotérico: abril y mayo, por ejemplo, fueron los primeros dos meses de la historia del béisbol en los que se produjeron más ponches que hits.
Y mientras más ponches, menos bolas en juego… y menos acción en el terreno.
“Creo que muchos de nosotros en este deporte estamos analizando muy, muy de cerca la forma en que se está desarrollando el juego, con cosas como menos hits, más ponches y lapsos más largos entre las jugadas en el terreno”, dijo Manfred a USA Today.

 

Evidentemente, hoy en día, con tantos lanzadores que tiran a más de 95 millas por hora, ponchar a 10 en un juego no es nada del otro mundo, como tampoco lo es la hazaña de cinco ponches en un juego de Giancarlo Stanton o los ocho en un doble juego de Aaron Judge, ambos de los Yankees de Nueva York.
Alguien dijo, hace muchos años, que le gustaba más ver a Mickey Mantle poncharse que a la mayoría de los otros jugadores dando un jonrón, pero muy probable hubiera cambiado de opinión si hubiera tenido que verlo cinco veces en un mismo juego.
En fin, no sé si la crisis de los ponchetes se encamina a ser lo suficientemente profunda como para que el béisbol decida hacerle un cambio drástico a sus reglas, quizás reduciendo la zona de strike.

 

En una situación parecida, cuando en la temporada de 1968 el dominio de los lanzadores fue tan abrumador que el promedio de bateo colectivo fue de .230 y la efectividad colectiva de 2.98, el béisbol reaccionó reduciendo la zona y bajando la lomita de 15 a 10 pulgadas para restaurar el balance entre ofensiva y defensiva.
Pero hay otros problemas subyacentes: en el artículo de ESPN.com, Tony Clark, director ejecutivo de la Asociación de Peloteros, expresó la preocupación de que el énfasis cada vez más excesivo en las estadísticas más complicadas para analizar el béisbol esté alejando al fanático promedio.
Se refería, claro está, la llamada ‘sabermétrica’, con sus promedios de OPS, y WAR y WHIP, que han provocado que luzcan anticuadas estadísticas tradicionales como ERA, o RBI, o incluso el promedio de bateo.

 

Claro que no esté mal que los dirigentes y los ‘coaches’ las usen para mejorar sus equipos, pero el daño podría estar en valerse de ellas incluso durante la narración o los comentarios sobre un encuentro.
“Se despersonalizan y devalúan a los jugadores usando datos y análisis”, dijo Clark. “Se mercantiliza y margina a ese jugador y estamos viendo al jugador de la manera que no deberíamos y creando una atmósfera que no es beneficiosa para el juego”.
Hace también unos años, cuando el béisbol, en medio de otra crisis, firmó un contrato multimillonario con la cadena FOX y esta vino con la idea de crearle una imagen más dinámica y moderna a un deporte que parecía hacerse cada vez más obsoleto ante la pujanza de la NBA y el NFL, una de las cosas que hizo fue prohibir que sus narradores hablaran de “héroes muertos”.

 

Es decir, que dejaran de tanto recordar ensoñadoramente el pasado, con Babe Ruth, Mickey Mantle y Joe DiMaggio, y se concentraran en destacar y apreciar a las estrellas del presente.
Y quizás ahora una mejor manera de hacerlo, para lograr el interés del fanático, es despojándolos de toda esa maleza de estadísticas que ha venido floreciendo alrededor de todas ellas y recordar que el béisbol es un pasatiempo entretenido, no una clase de trigonometría avanzada.

 

 

El autor formó parte de la redacción deportiva de El Nuevo Día de 1981 a 2008 y es el autor de San-Tito, sobre la carrera de Tito Trinidad y de la novela El último kamikaze, ganadora del certamen del Instituto de Cultura Puertorriqueña en 2016.
(ceuyoyi@hotmail.com).
En twitter, Ceuyoyi, En Facebook, Jorge L. Prez

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