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Juan Carazo no deja de sonreír

 

Creo que el boxeador cagüeño Juan ‘Curie’ Carazo ha sido el único atleta al que yo haya llamado para entrevistarlo y me dijera que me llamaba más tarde porque estaba encaramado en un poste bregando con una línea telefónica.
Y estoy seguro que siempre lo hacía con esa sonrisa de picardía que le hacía parecer un niño travieso y que se mantiene intacta hoy en día, junto con su aspecto juvenil, ya que solo las canas que adornan su cabellera delatan su edad actual de 54 años.
Exaltado hace unas semanas al Pabellón del Deporte Cagüeño, fue un buen peleador. Como aficionado, ganó una medalla de bronce en los Centroamericanos de 1982 celebrados en Cuba y otra en una Copa Mundial celebrada en Louisiana para esa época.
Como profesional, Carazo inició como un excelente prospecto de las 112 libras, ganando sus primeras 15 peleas, 13 de ellas por nocaut.

Juan Carazo al ser exaltado al Pabellón de Caguas, aquí junto al presidente de esta institución, William Rodríguez. (foto suministrada JPG Media Group).

Noqueador, carismático, y dotado del estilo aguerrido que le mereció el apodo de ‘El acorazado de bolsillo’, muchos le auguraban un gran futuro en aquella época en la que todos los prospectos boricuas eran considerados “el próximo Wilfredo Gómez”.
No llegó a campeón: en su primera oportunidad titular, como retador mandatorio, cayó por decisión al disputarle el cetro supermosca del CMB al gran campeón mexicano Gilberto Román el 5 de junio de 1985 en el Forum de Los Angeles, combate en el que incluso llegó a derribar dos veces al monarca.
“Esa fue mi gran decepción”, reconoció Carazo el domingo pasado, cuando estuvo entre los nuevos exaltados al Pabellón de la Fama del Deporte Cagüeño.
“Después de esa pelea, mi carrera comenzó a ir para atrás”.
En fin, se retiró en 1997, a la edad de 29 años, con marca de 25-9 y 19 nocauts.

 

“No tenía necesidad de seguir cogiendo golpes, porque ya yo tenía mi profesión”.
En efecto, incluso siendo boxeador, Carazo, producto del residencial Juan Jiménez García, había completado un grado asociado en administración comercial. Pero, estudiando por su cuenta, aprendió de electrónica y fue aceptado para trabajar en una fábrica de computadoras.
“Pasé perfecto un examen en el que habían trigonometría y geometría, cosas fáciles para mí”, explicó.
Luego entró a la entonces Autoridad de Comunicaciones, que después se convirtió en La Telefónica.
“Ahora soy técnico de Claro: instalo internet en las casas y los negocios, arreglo computadoras”, dijo.
En enero se jubilará al completar los 30 años de servicio.
Luego del boxeo, jugó por varios años pelota Clase A, y actualmente juega en un equipo de ‘Old Timers’.
“Siempre jugué béisbol, pero resultó que tenía más habilidad en el boxeo”, comentó.
Casado desde hace 34 años con Ana María Carrión, tiene dos hijas profesionales de la salud y dos nietos, hijos de su hija mayor, a los que considera “dos superhéroes”: “Uno es Capitán América y el otro es Batman”.
Esto último lo dijo, como siempre, con una gran sonrisa.

 

 

El autor formó parte de la redacción deportiva de El Nuevo Día de 1981 a 2008 y es el autor de San-Tito, sobre la carrera de Tito Trinidad. Acaba de publicar su primera novela publicada, El último kamikaze, ganadora del Premio Nacional de Novela del Instituto de Cultura Puertorriqueña.
(ceuyoyi@hotmail.com).
En twitter, Ceuyoyi, En Facebook, Jorge Prez

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