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Cosas del boxeo

 

El primero de mayo se conmemorará el aniversario número 34 de una de las mejores peleas que yo haya visto en persona: la defensa obligatoria de Edwin ‘Chapo’ Rosario, entonces campeón ligero del CMB, ante el mexicano José Luis Ramírez en el coliseo Roberto Clemente.
Fue, de hecho, la primera de la trilogía de peleas de Ramírez que me tocaría cubrir para esa época: en la misma, Rosario, con marca de 21-0, aprovechó su buena técnica y buen boxeo para abrir una rápida ventaja sobre el zurdo Ramírez durante los primeros seis asaltos, pero luego tuvo que sobrevivir durante los seis episodios restantes frente a un veterano de más de 80 combates que se caracterizaba por su resistencia.
Hasta entonces, Ramírez, quien había subido al ring con un récord de 82-4 y 57 nocauts a pesar de que solo tenía 25 años -cuatro más que Rosario-, había sido considerado un ejemplo clásico del boxeador mexicano que recibe muchos golpes con tal de conectar los suyos. Y su pelea más importante había sido la decisión dividida que había sufrido a manos de Alexis Argüello en 1980, en un combate a 10 asaltos y fuera del titulo en el que incluso había derribado al legendario campeón nicaragüense.

ramirez rosario

José Luis Ramírez (arriba) en una foto reciente, y en una de sus peleas con Chapo Rosario.

 
Al final, en una cartelera en la que hizo la única pelea de su carrera en Puerto Rico, noqueando a Javier Fragoso, el compañero de cuadra de Ramírez, Julio César Chávez, los tres jueces vieron ganar a Rosario 115-113 en un fallo bastante controversial, al menos para parte de la prensa internacional, y el CMB ordenó la revancha.
La misma no se celebraría sino hasta el 3 de noviembre del próximo año (1984) en el Hiram Bithorn, luego de que Rosario retuviera su cetro en defensas ante Roberto Elizondo y Howard, Davis, Jr.
Y si la primera pelea había sido muy buena, esta fue espectacular: apenas unos 20 segundos luego de comenzado el primer asalto, Rosario derribó con un largo derechazo a Ramírez. Entonces, durante el resto el episodio, se dedicó a acribillar a su oponente, haciéndolo retroceder y conectándole con frecuencia: evidentemente, el boricua recordaba la forma en que Ramírez había ganado fuerzas mientras él las perdía al alargarse la pelea anterior, y esta vez, al ver su oportunidad, le tiró con todo lo que tenía al verlo en malas condiciones.

 
La pelea fue transmitida en horas de la tarde por NBC en esa época en que las telecadenas ponían peleas de título mundial como parte de su programación deportiva sabatina y Ernie Fuentes -un veteranísimo promotor californiano de ascendencia mexicana que formaba parte del grupo de Ramírez-, me aseguró después de la pelea que le habían hecho una encerrona a su peleador, diciéndole que el combate empezaría a una hora determinada, y llamándolo al ring más de media hora antes.
“Ramírez entró frío, porque no tuvo tiempo para calentar adecuadamente”, aseguró.
Sin embargo, Rosario, quien probablemente no estaba al tanto de la jugada, pagó las consecuencias y se agotó antes de lo previsto debido a su desesperada búsqueda del nocaut y esta vez se quedó sin fuerzas para el cuarto asalto, cuando el árbitro detuvo la pelea cuando yacía indefenso contra las sogas.
La reyerta luego fue seleccionada como Pelea del Año por la revista The Ring.
En su primera defensa, sin embargo, y en la tercera pelea de su trilogía contra boricuas que me tocó cubrir, Ramírez recibió prácticamente una blanqueada al caer por decisión unánime ante Héctor ‘Macho’ Camacho el año siguiente en Las Vegas.

 
En fin, Ramírez terminaría completando una carrera esplendorosa con marca final de 102-9 y 82 nocauts, habiendo conquistado una segunda vez el cetro del CMB y enfrentándose, de seguro por muy buenas bolsas, al propio Chávez, dos veces a Pernell Whitaker y a Ray ‘Boom Boom’ Mancini, además de su choque con Camacho y sus dos guerras con Rosario.
Natural de Huatabampo, Sonora, hizo toda su carrera boxística desde Cualiacán, Sinaloa, cuando se unió a la cuadra del querido entrenador mexicano Ramón Félix, quien también desarrollaría a Chávez pero moriría trágicamente en 1989 al ahogarse en una playa de Francia cuando Ramírez se encontraba ligado a la empresa de los promotores franceses Michel y Louis Acaries.
Tristemente, Ramírez -uno de los boxeadores más corteses, serios y humildes que uno haya podido conocer-, sufrió el destino que a menudo le toca a todo tipo de boxeador: perdió todo su dinero y regresó, años después de retirado, a su Huatabampo local.

 
Un artículo periodístico de 2014 describe cómo se transportaba entonces en su bicicleta y trataba de ganarse la vida recogiendo y vendiendo las latas que encontraba en la calle.
En una entrevista que le hicieron en 2016 y que aparece en YouTube, sin embargo, se le ve risueño -aunque canoso- y explica que ahora trabaja ayudando a su hijo, que tiene un negocio de ‘sushi’, y hace tiempo que no ve una pelea de boxeo.
Es que el boxeo, a veces, es así.

 

El autor formó parte de la redacción deportiva de El Nuevo Día de 1981 a 2008 y es el autor de San-Tito, sobre la carrera de Tito Trinidad. Acaba de publicar su primera novela, El último kamikaze, ganadora del Premio Nacional de Novela del Instituto de Cultura Puertorriqueña.
(ceuyoyi@hotmail.com).
En twitter, Ceuyoyi, En Facebook, Jorge Prez

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