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Serrano y sus diabluras

 

Los seguidores más veteranos del boxeo aún recuerdan uno de los motines más grandes surgidos aquí luego de una pelea de boxeo, aquel que se formֶó instantes después de que finalizara la defensa del puertorriqueño Samuel ‘El Torbellino’ Serrano, a la sazón campeón junior ligero de la AMB, ante el dominicano Julio ‘Diablito’ Valdez, en una pelea celebrada en el Hiram Bithorn el 18 de febrero de 1979.
Había sido una pelea extremadamente reñida y, según recuerdo, no demasiado limpia. Aunque Serrano era el favorito local y estaba haciendo su octava defensa titular, en el púַblico había también una nutrida fanaticada dominicana, que entendía que su peleador tenía muy buenas probabilidades de obtener la victoria y conquistar el campeonato, emulando así la hazaña de Teo Cruz cuando destronó a Carlos Ortiz en Santo Domingo para ganar el título ligero del CMB y la AMB 11 años antes.

serranos

Serrano y Daniel Jiménez.

Porque aunque tenía un récord mediocre de 16-7 con apenas tres nocauts, la realidad era que el Diablito, que había perdido siete de sus primeras nueve peleas en su país, incluyendo la cuatro primeras en línea -y tres de ellas, increíblemente, ante el hermano menor de Teo y futuro campeón mundial radicado en Puerto Rico, Leo Cruz-, se había transformado en otro peleador luego de emigrar a Nueva York en 1974.
Eventualmente fue manejado un tiempo por el legendario dirigente de Grandes Ligas y otrora boxeador aficionado, Billy Martin, y llegó a la pelea titular acumulando una marca de 15-0 y un empate en sus últimas 16 peleas, incluyendo, en las últimas dos, nada menos que victorias por decisión en el Madison Square Garden sobre el gran excampeón boricua, Alfredo ‘El Salsero’ Escalera, y otro de los prominentes peleadores puertorriqueños de la época, Francisco Villegas.
En fin, en el Bithorn, Serrano derribó al Diablito en el primer asalto, y el árbitro Larry Rozadilla le restó un punto al quisqueyano en el duodécimo episodio “por incurrir en un surtido de cabezazos y codazos”, según describe algo poéticamente la página boxrec.com.

 
Finalmente, en el decimocuarto, Serrano fue penalizado un punto a su vez por “golpear después de la campana”.
Así las cosas, era lógico suponer que los dos contendientes no estuvieran al finalizar el encuentro en ánimos de abrazarse ni desearle lo mejor a sus respectivas familias.
Y por lo menos parte de la fanaticada no estuvo de acuerdo cuando se anunció la decisión unánime a favor del campeón, por puntuaciones de 147-143, 146-138 y 145-135, considerando que Valdez había ganado o, por lo menos, que la votación no debió ser tan abierta.
Sin embargo, hay dos versiones encontradas acerca del detonante para lo que ocurrió luego de la última campanada, aunque, curiosamente, ninguna concuerda con la que suelen repetir los más veteranos del boxeo: que, en medio de la confusión, el Diablito le conectó un golpe a Serrano, provocando un sal p’afuera que pronto se propagó por el público y terminֶó convirtiéndose, como diría boxrec.com, en un surtido de botellazos y sillazos, con una que otra cabeza rota.
Pero lo que verdaderamente ocurrió fue otra cosa.

 
Resulta que el entrenador de Valdez era el puertorriqueño radicado en Nueva York, Nelson Cuevas, y fue este, según Serrano, quien le conectó después de la pelea.
“Fue un golpe a traición, cuando yo estaba de espalda”, me dijo Samuel recientemente. “Entonces se echó a correr”.
Serrano incluso recuerda que “yo hasta fui a buscarlo al hotel en que estaba, pero no apareció y entonces se fue a Nueva York otra vez”.
Cuevas lo recuerda de una manera algo diferente: “Cuando terminó la pelea, Serrano le cayó encima al Diablito, que no se lo esperaba: estaba con la guardia baja, como esperando que lo saludaran”.
Fue entonces que, al parecer, le lanzó su golpe a Serrano.
¿Por qué recordar ahora algo que ocurrió hace tantos años?
Bueno, pues porque Cuevas estuvo hasta hace unos días de vacaciones en Puerto Rico y, por invitación del excampeón Juan Laporte, acudió el sábado 21 de enero a una actividad de la OMB a la que se invitaron numerosos campeones y se hizo un reconocimiento al exmonarca camuyano Daniel ‘La Cobra’ Jiménez.
Pero la actividad se celebró en la casa de Samuel, en la playa de Arecibo, por lo que, antes de llevar a Cuevas, Laporte llamֶó a Serrano para preguntarle si no tenía reparos y Samuel le dijo que no, pero que de todos modos se trataba de una actividad de la OMB.

 
Al verse por primera vez desde 1979, los dos hombres se saludaron y se dieron la mano… pero no hubo reconciliación.
“Como hombre yo fui donde él y le di la mano”, dijo Cuevas. “Pero no le pedí perdón ni nada de eso: eso ocurrió hace muchos años pero, además, los dos fallamos”.
“Sí vi que de su parte seguía habiendo resentimiento, por la forma en que se me quedó mirando todo el tiempo”.
“Si no me dice quién es, yo ni lo hubiera sabido”, comentó Serrano a su vez. “Me dio la mano y eso, pero la cosa quedó ahí y no me pidió perdón ni nada, aunque él sabe lo que hizo y que lo suyo fue un acto de cobardía”.
“Pero estábamos en una actividad de la OMB, porque Paco (Valcárcel, el presidente de la OMB) quería hacerla aquí cerca de la playa y cerca de donde vive la Cobra, y yo no quería meterme con eso”.
“Pero sí me quedé mirándolo por si acaso”, agregó riendo.
Y después dicen que los boxeadores tienen mala memoria.

 

El autor formó parte de la redacción deportiva de El Nuevo Día de 1981 a 2008 y es el autor de San-Tito, sobre la carrera de Tito Trinidad. Acaba de publicar su primera novela, El último kamikaze, ganadora del Premio Nacional de Novela del Instituto de Cultura Puertorriqueña.
(ceuyoyi@hotmail.com).
En twitter, Ceuyoyi, En Facebook, Jorge L. Prez.

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