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La decadencia del béisbol

 

Francisco ‘Paco’ Güell, el veterano experto en mercadeo y relaciones públicas, comprobó que mi memoria sigue funcionando aceptablemente cuando me confirmó que, en efecto, una vez, hace muchos años, me había dicho que empezó a darse cuenta de que la liga de Puerto Rico estaba en problemas cuando los Indios de Mayagüez metieron menos de 10,000 fanáticos en una inauguración.
“Es que incluso metíamos más de 10,000”, dijo recientemente Güell, quien, como parte de la compañía de relaciones públicas A Kapplinger & Associates, fue reclutado a principios de los ochenta para ayudar a mercadear a los Indios por su dueño de entonces, Luis Gómez.

paco

A Kapplinger era una compañía de relaciones públicas presidida por Ramiro Martínez, de la cual Güell era vicepresidente y se convirtió luego en presidente.
“Quienes primero nos contrataron fueron los Senadores de San Juan, que volvían con ese nombre”, dijo. “Trabajamos en las promociones del equipo y se hizo un buen trabajo, y entonces Luis Gómez solicitó que hiciéramos el mismo trabajo en Mayagüez”.
Güell dijo que en un inicio ellos creyeron que les crearía un conflicto trabajar a la misma vez con el aspecto promocional de dos equipos rivales, pero no fue así.

“Luis dijo que si a San Juan no le molestaba, a él tampoco, porque eran dos mercados completamente diferentes”.
No hubo oposición.
“Cuando Luis nos contrató, Mayagüez tenía el peor promedio de asistencia de la Liga, con dos o tres mil por juego”, dijo Paco, “pero a los tres años ya estábamos primeros”.
“Aunque no fuimos solo nosotros: Luis también tenía a un gerente general (Hiram Cuevas) que armaba unos equipos tremendos, llenos de refuerzos”.
“Pero hicimos unas promociones formidables, buscando siempre darle al fanático algo importante”, agregó.
“Teníamos regalos todas las noches, y recuerdo que una vez llevamos a Cheo Feliciano”.

También se encargaban de hacerles llegar a los medios de prensa fotos y comunicados de los Indios después de los juegos.
Y los Indios no recibían ayuda económica del municipio, ni mucho menos dependían de ella para poder seguir operando.
“Al alcalde de Mayagüez en esa época era Benjamín Cole y él no le daba nada al equipo, aunque sí compraba su palco todos los años y actuaba para que alguna gente fuera o lo auspiciara”, explicó Güell.
“También se encargaba de pavimentar las calles aledañas al Cholo García todos los años, tapando los boquetes que se formaban a allí”, agregó. “Y eso le ahorraba otro gasto al equipo”.

Poco a poco, sin embargo, la cosa empezó a desmejorar: no porque se dejara de mercadear, o porque todos los dueños fueran malos, sino, sencillamente, porque el mundo comenzó a cambiar.
Lo de los menos de 10,000 en una inauguración fue el primer gran indicio, para Güell.
“Luego de un tiempo, Luis, que sabía mucho de mercadeo, incluso me habló de dejarme el equipo, ofreciéndome él todas las facilidades, pero yo no acepté”, dijo Güell, natural de Cuba y radicado en la Florida desde que partió de Puerto Rico en 1996.
“Yo sabía que el béisbol no tenía escapatoria”.

“Todo cambió cuando el béisbol profesional perdió su localismo, las rivalidades entre los pueblos”, dijo. “Es por eso que se mantiene la pelota Doble A”.
A eso se suma la penetración de la televisión de cable, que primero hizo estragos en los equipos del área metropolitana pero luego se fue apoderando de la Isla completa, un proceso que fue mucho más lento en Venezuela o República Dominicana.
Así, la fanaticada beisbolera local comenzó a ver béisbol de Grandes Ligas todas las noches, disponible en varios canales, y, por consiguiente, no sentía el mismo fervor de inundar los parques invernales cuando llegaba el béisbol invernal.

En los últimos años, pese a algunos esfuerzos loables por mantener vivo el béisbol invernal, el problema se ha agudizado porque el comienzo del torneo invernal coincide incluso con el intenso final de la postemporada de Grandes Ligas, y luego toda la temporada la liga tiene que lidiar con el atractivo cada vez más potente de la NBA, igualmente disponible por TV todas las noches.
“La oferta de entretenimiento es demasiado amplia”, opinó Güell. “Y si eso se une a la criminalidad, la gente que quiere ver deportes no sale de sus casas”.
Para colmo, el béisbol de Grandes Ligas no dio la mano cuando vio que las ligas invernales estaban en aprietos, particularmente el de Puerto Rico.

“Las Grandes Ligas demostraron que no les interesa el béisbol invernal”, sentenció Guell. “Incluso formaron su propia liga (la Arizona Fall League)”.
“Pero también hubo mucha mala administración de parte de algunos dueños”, dijo. “Los que tenían dinero, no sabían de béisbol, y los que sabían… no tenían dinero”.
Claro, hoy en día, lamentarse por promediar entre 2,000 y 3,000 fanáticos por juego -y pagando por sus boletos- parece una broma de mal gusto.

El autor formó parte de la redacción deportiva de El Nuevo Día de 1981 a 2008 y es el autor de San-Tito, sobre la carrera de Tito Trinidad. Acaba de publicar su primera novela, El último kamikaze, ganadora del Premio Nacional de Novela del Instituto de Cultura Puertorriqueña.
(ceuyoyi@hotmail.com).
En twitter, Ceuyoyi, En Facebook, Jorge L. Prez.

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