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El yihadismo

Describir el terrorismo en nombre del islam es sensitivo y difícil. En los medios de comunicación se utiliza indistintamente los conceptos de terrorismo islámico o yihadismo. Es más apropiado el uso del concepto del yihadismo, que utilizar el adjetivo de islámico para describir el terrorismo.

En el Corán se mencionan en varias ocasiones el concepto de la Yihad, que podríamos traducirlo al español como “una lucha”. Es utilizada en el Corán en dos sentidos: la gran Yihad, que se refiere a una lucha interior de cada ser humano para ser mejor y cumplir con las enseñanzas del profeta Mahoma, y la otra como la Yihad menor que es el uso justificado y autorizado de la violencia contra la opresión. A estas dos definiciones coránicas debemos añadir una tercera, la Yihad terrorista, que es una interpretación de una minoría y que hace referencia a una agenda política religiosa para imponer por la fuerza una burocracia Pan Islámica y la idea romántica de la restauración del Califato, el terrorismo más peligroso. A esta última se le califica como yihadismo, siendo un yihadista quien abraza la idea del yihadismo. Debemos tener claro que el yihadismo en general incluye actos violentos y actividades de apoyo como el financiero, el reclutamiento, y la compra de armas y explosivos.

El escenario del primer gran conflicto yihadista fue Afganistán, luego de la invasión de la Unión Soviética en 1979. Ha sido en Irak y en Siria donde se alcanzó el máximo nivel de éxito yihadista. Desde que se proclamó el Califato en junio de 2014, se estima que el Estados Islámico ha reclutado 40 mil yihadistas procedentes de 100 Estados.

Los yihadistas no son mercenarios, ni fanáticos, pues les mueve la percepción de amenaza, la aventura, la falta de oportunidades, la hermandad de grupo y el sentido de comunidad. No es cierto yihadista sea pobre, enojado, y fanático religioso. Es más, en los procesos de radicalización yihadistas estudiados no se observan traumas psicológicos serios. Las creencias y la fe son importantes, pero no determinantes en el proceso de radicalización yihadista. Es por eso por lo que no se puede explicar el fenómeno yihadista como uno exclusivamente de fanatismo religioso, pues participan otros factores que son más destacados. Existe en el yihadismo una desnacionalización, en la que las fronteras son irrelevantes y se combate por la comunidad global islámica. La globalización y la Internet, con sus redes sociales, han ayudado a su internacionalización y aumento.

El yihadismo se basa en la noción de que el mundo islámico está bajo ataque de occidente, y por ello los verdaderos musulmanes tienen el mandato divino de contraatacar. El carácter divino del mandato es esencial dentro del discurso yihadista y es justificado con el Corán y los hadiths, que son acciones o ideas atribuidas por referencia al profeta Mahoma.

Recientemente el Estado Islámico ha estado perdiendo territorio, y su capital en siria, Raqqa, fue ocupada por fuerzas sirias y aliadas en octubre de 2017. Esta situación ha propiciado que muchos yihadistas extranjeros regresen a sus países de origen, lo que representa una amenaza. Los retornados tienen una gran experiencia militar, siendo muchos de ellos expertos en el manejo de explosivos y armas. Está más que justificada la preocupación de los países receptores de retornados.

Se calcula en unos 5,600 yihadistas retornados en 33 países. Muchos de los retornados tienen heridas mentales y físicas que conllevan un costo para el Estado de origen. Muchos se convierten en radicalizadores, y otros regresan al yihadismo.

Determinar las intenciones de cada uno de los retornados es el gran reto que enfrentan las fuerzas de seguridad e inteligencia de los Estados receptores de retornados. Se trata de una tarea imposible de cumplir al cien por ciento, pues solo basta un retornado para causar un acto terrorista. Esta realidad genera comprensiblemente ansiedad entre la población y los gobiernos receptores de retornados.

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