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No hay casualidades

La ciencia de la Física tradicional nos dice que nada es casual, sino CAUSAL, porque “toda acción produce una reacción de igual proporción”. Hasta ahí vamos bien,  pero …  ¿cómo llamamos a esos eventos que se producen de repente y no guardan una relación directa con los que le han precedido?  ¡No hay Causa y Efecto! Por ejemplo: nos cuentan un chiste de un amigo que hace años no vemos y ese mismo día recibimos un email de él; hojeando una revista nos fijamos en una foto que esa noche la encontramos adornando la entrada del restaurante donde vamos a cenar…  o cada vez que nos ponemos un vestido o una camisa en especial nos encontramos con la misma persona hasta el punto que nos da vergüenza que piense que ¡siempre nos ponemos lo mismo¡ ¿Casualidad? No. Son SINCRONICIDADES. 

Una sincronicidad es una coincidencia significativa de dos o mas sucesos en una situación que va mas allá de la suerte o el azar.  La persona la identifica como una alerta del Universo sobre su vida, aunque de primera no sepa bien donde colocar esa pieza de información que se le presenta.

Esta es la teoría que el psiquiatra y psicólogo Carl Jung desarrolló con su amigo  Wolfgang Pauli, Premio Nobel de química, a quien le perseguía el número 137. Esta constante numérica es uno de los grandes misterios que la ciencia aún no ha logrado descifrar . Sin embargo, cuando a Pauli lo ingresaron en el hospital en la habitación 137 le dijo a Jung: “No saldré de aquí”. Y así mismo fue. Al poco tiempo Pauli falleció en aquella  habitación 137.

Solemos experimentar sincronicidades mayormente cuando atravesamos transformaciones en nuestra vida: nacimientos o muertes en la familia; cuando nos enamoramos, cambiamos de profesión o tenemos un reverso de fortuna. Son cambios tan resonantes en nuestra vida que el matemático David Peats los describe como:  “una explosión de energía mental que se propaga hacia fuera en el mundo físico”. 

¿Quieren saber de una sincronicidad famosa y bien documentada? Cuando el afamado escritor Norman Mailer comenzó su novela Barbary Shore no había en su trama ningún espía ruso.  Pero a medida que Mailer la escribía fue surgiendo el personaje del espía ruso hasta convertirse en el protagonista de la novela. La publicación del libro en el 1951 coincidió con el arresto del hombre que vivía en el piso debajo del apartamento de Norman Mailer, a quien éste nunca había conocido. Se trataba del coronel Rudolf Abel, el espía ruso mas importante en aquella época de la Guerra Fría. ¿Cómo fue?  Como decía el griego Herodoto, el Padre de la Historia: “Demos tiempo a lo posible y ocurrirá”.

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