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Deshojando margaritas

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Paso a paso, a mi ritmo

“NO TE RINDAS… porque cada día es un comienzo nuevo, porque ésta es la hora y el mejor momento, porque no estás solo, porque yo te quiero”. (Mario Benedetti)

 

A días del comienzo de un nuevo año asoman las reflexiones, el repaso de lo alcanzado y lo que falta. Celebramos los logros, sin perder de vista las asignaturas pendientes. Damos gracias por los que están, sin olvidar a los que ya no están. Afloran los sueños y deseos, sin perder de perspectiva el presente, con sus bondades y defectos. El análisis es individual y colectivo, se extiende no tan solo a la familia y a la comunidad, sino a un país dentro de un universo donde el tiempo corre sin parar, sin detenerse por nada ni nadie, donde el tic-tac es el lenguaje universal.

A nivel individual, para mí este paréntesis marcó una pausa importante hace poco más tres meses. A varias semanas de mi cumpleaños cobré consciencia de que debía tomar mayor control de mi salud física. No es que no me cuidara, pues la salud siempre ha sido una parte importante de mi vida, pero en un país donde más del 60% de la población está obesa o en sobrepeso, entendí que no había duda de que era parte de esta estadística, en mi caso, con unas libras de sobrepeso que se alojaron particularmente después de mi segundo embarazo. Reconozco que no es un pecado ser voluminoso, pero cuando la circunferencia de la cintura denota una mayor concentración de grasa abdominal de la recomendada para su estatura y género no hay duda de que hay un riesgo mayor de padecer de enfermedades cardiovasculares y renales, entre otras. Y aunque afortunadamente aún no padezco de ninguna, ciertamente asomó la preocupación en suficiente grado como para decidirme a tomar acción y prevenir.

Confieso que mi primer pensamiento fue que no tenía tiempo para comenzar una rigurosa rutina de ejercicios. Inicié siendo más consciente en la selección de alimentos. Ya hace varios años había prácticamente eliminado el consumo de bebidas gaseosas. Ahora el mayor esfuerzo ha sido controlar los impulsos de algunos gustos de comida, especialmente en momentos de estrés, lo que he logrado apaciguar con goma de mascar mientras estoy en horas de trabajo, mientras que en mi tiempo libre lo canalizo dándole un poco más fuerte al ejercicio.

Me compré unos tenis para motivarme, pero pasaron varias semanas hasta que finalmente un día me los puse y salí caminando por la calle donde vivo. De eso ya van poco más de tres meses. Desde entonces, todos los días, con solo dos o tres excepciones, hago ejercicios. Comencé caminando 10 minutos al día y luego subí a poco más de media hora, caminando y trotando e incorporando una breve rutina de aeróbicos diaria. Aunque me siento mejor y he logrado rebajar, según la meta que me fijé aún me faltan unas cuantas libras más. La mejor recompensa, sin embargo, ha sido el no rendirme cuando, en los días más complicados, resulta casi imposible sacar unos minutos para ejercitarme.

Dice el refrán que “más vale paso que dure, que trote que canse” y así voy, paso a paso, a mi ritmo, a mi tiempo. Por eso hoy exhorto a todos aquellos que quieran apoderarse de su salud a tomar acción, ya sea dejando hábitos dañinos, ejercitándose o modificando sus hábitos alimenticios, con mucho cuidado de no caer presas de “remedios milagrosos” o “anuncios engañosos” sino de su propia voluntad y los medios que estén a su alcance para llegar a su meta. ¡Qué tengan todos un próspero y saludable 2019!

 

¡Hablamos pronto!

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