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Una cosa grande y pelua

¿Viene o no viene? Esa es la pregunta de los 64 mil chavitos. Cada vez que una tormenta o huracán sale de África y se desplaza por el Océano Atlántico comienza el mar de predicciones. Que si se está desarrollando como un fenómeno fuerte, que si se debilitó. Que si subió una latitud y pasará a “x” distancia de Puerto Rico. Que si se movió otra pulgada más al oeste y su paso por la Isla ya será algo inevitable.

Sí, la meteorología, la ciencia que estudia los fenómenos atmosféricos, es una de las más difíciles y complejas. Su imprecisión, debido a los naturales cambios constantes en los fenómenos que analizan y siguen de cerca, es su peor aliado.

Y la verdad es que los meteorólogos y las personas que trabajan en este campo no tienen la culpa.

“Una cosa grande y pelúa”, dijo en una ocasión una conocida meteoróloga al hablar sobre la trayectoria de uno de estos fenómenos. Y su frase no ha sido olvidada.

Anualmente, entre junio y noviembre, los ojos y oídos de todo el mundo están tras los posibles rumbos de ondas, sistemas y otras tormentas que pudieran impactar nuestro Caribe.

Si viene y causa estragos no faltan las críticas para los meteorólogos, jefes de agencias y políticos de turno por no haber alertado antes y tomado acciones que pudieran haber evitado las consecuencias del evento sobre el País.

Y si no viene, peor aún. Que si siempre fallan las predicciones, que si se cancelaron clases y trabajos en vano, que si el País se detuvo por nada. En fin, que se peinen o se hagan rolos siempre van a haber reproches de alguien.

Y así de variado también es el comportamiento que asumen muchos cuando se habla del posible paso de una tormenta o huracán sobre o cerca de Puerto Rico.

Para algunos, parecería que los suministros de las tiendas y colmados se fueran a acabar. Por eso, desesperados, hacen las compras de rigor pero en cantidades exageradas o adquiriendo artículos que ya tienen en su hogar y hasta comprando otros que probablemente ni utilicen.

Otros, mientras tanto, asumen una actitud demasiado pasiva, pensando que aquella famosa cosa “grande y pelúa” no causará ningún efecto sobre la Isla, por lo cual no se preparan para ello, ni protegiendo sus casas y propiedades ni comprando nada para pasar las penurias que estos eventos suelen provocar, como días sin los servicios de luz y agua.

Cualquiera que sea el bando al que pertenezca, lo primordial que debe hacer ante esta situación es mantenerse informado para saber si debe tomar algún tipo de acción y cuándo, para evitar posibles peligros, incluyendo riesgos a su vida misma y la de sus seres queridos.

Confiemos en que los meteorólogos tratarán de hacer lo posible por hacer pronósticos acertados dentro de la ambigüedad que representa la meteorología. El meteorólogo Edward Lorenz fue famoso por haber creado la teoría del caos, mediante la cual trató de explicar por qué es tan difícil hacer pronósticos meteorológicos.

En esta ocasión, sin embargo, los pronósticos del Huracán Irma fueron bastante certeros. El fenómeno pasó a escasas millas del norte del País, como se había previsto, pero sus vientos no causaron los estragos que se pensaban. Sí, muchos estaremos sin luz ni agua por varios días, esperemos que no tantos, pero lo más importante en estos casos es la protección de vidas y las bajas, afortunadamente, no fueron tantas. Démosle gracias a Dios y a la Virgen por protegernos.

 

¡Hablamos pronto!

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