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Padres y columnas

Al escoger un tema para escribir en este espacio no necesariamente me dejo llevar por celebraciones de la ocasión, pero esta vez opté por enfocarme en el día que celebramos hoy por varias razones.

A parte de la importancia del Día de los Padres, dos acontecimientos o mensajes recientes de esta pasada semana me motivaron a escribir sobre el tema de la paternidad.

Uno de ellos fue positvo, y el otro negativo. Por un lado, el pasado fin de semana Puerto Rico siguió de cerca por medio de la prensa y en especial la cobertura de El Nuevo Día, la exaltación al Salón de la Fama del Boxeo Internacional del excampeón mundial boricua Félix ‘Tito’ Trinidad. Y durante la ceremonia del pasado domingo, un aspecto a destacar fue la humildad con que Trinidad reconoció públicamente y agradeció a su padre por todos los logros que alcanzó en su carrera dentro del deporte.

Consciente o no, Tito siempre tuvo muy presente durante su trayectoria en el boxeo el principio de la honra a los padres, en especial a su papá pues siempre fueron inseparables por su relación de trabajo además del parentesco.

Un principio que como tal, tiene cumplimiento porque incluso la Biblia explica que es el primer mandamiento con promesa. ¿Cuál es la promesa? 

“Para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra”, dice Efesios 6:3. “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da”, lee Éxodo 20:12..

Usted preguntará, ¿qué tiene que ver el boxeo o la vida de Tito con su papá y la Biblia? Pues simplemente que me parece que por ser figura pública quedó expuesto desde un principio ese respeto de Tito hacia don Félix, y a la vez creo que sirve de ejemplo.

No porque se trate de personas perfectas. Ninguno lo somos. Pero sí de un ejemplo de que el respeto y la honra, e incluso el principio de sujetarse a autoridad, trae a su vez honra para quien honra a otros.

El mandato de honrar a los padres trae consigo una promesa de larga vida. Honrar a quien merece honra no es rebajarse, es humildad y reconocer la autoridad. Y solo quien la reconoce, puede tener luego autoridad.

El otro suceso que me llevó a escribir sobre este tema, más bien fue un comentario que vi de un lector en una noticia de esta semana, en la que evidentemente restaba importancia al hecho de que muchos niños se crían sin padre en este país. En su discurso esta persona, utilizando un seudónimo, está restando importancia a la figura de los padres.

Lo peor que escribió, dirigiéndose a otros que comentaron antes en el mismo foro, fue lo siguiente: “No sean tan ignorantes. Lo único que necesita un niño es amor y comprensión. Quién se la ofrezca, no tiene nada que ver”.

¿Qué, qué? ¿Que no tiene nada que ver quién sea la persona? ¿Acaso no sabe esta persona que muchas veces, precisamente por la falta de un padre, muchos de estos niños y jóvenes salen a buscar ese supuesto amor a la calle, y es la razón por la que terminan metidos en problemas? Terminan en relaciones equivocadas porque lo que piensan que es amor, realmente no lo es.

Qué pobre concepto de lo que es amor verdadero tiene esta persona. Precisamente ese es el problema. Que llaman amor a cualquier cosa que encuentran en la calle o en cualquier ‘conocido’. Donde no haya disciplina, no hay amor. Donde no haya amor incondicional y desinteresado, no hay amor.

Pero lo que muchos de estos jóvenes encuentran en la calle, cuando piensan que encuentran amor y comprensión, es la oportunidad que otros ven de sacarle provecho, o explotarlos.

¿Será porque esta persona no tuvo un padre, o porque el suyo no fue buen padre con él o ella? En todo caso, eso no le da derecho a generalizar. Si bien la ausencia de un padre, o la influencia incorrecta de un mal padre afectan la vida de cualquier niño y adolescente en desarrollo, también es vital reconocer que sí hay padres que, tras bastidores, marcan la diferencia para sus hijos y por ende, para nuestra sociedad.

Lo irónico es que esta persona quería atribuir en su comentario que los padres de nuestra sociedad han fallado. Pero su comentario me pareció bastante ignorante porque por otro lado no está reconociendo que precisamente mucha de la rebeldía y rencor que vemos en la calle especialmente en los jóvenes que se matan unos a otros, tienen casi todos el denominador común de un padre que no estuvo en el hogar, o si estuvo, fue un maltratante. En el ‘mejor’ de los casos fue un padre presente físicamente, pero enajenado de la vida de sus hijos.

Estudios de más hay que han mostrado lo nefasto que es durante la crianza la falta de la madre, o del padre. Los dos son vitales, porque cada uno fue hecho con unas características y atributos especiales necesarios para la formación del carácter de ese niño o niña.

Por eso es irónico que nos quejemos de la violencia en las calles y de que gran parte de la juventud se está perdiendo, pero por el otro lado menospreciemos la figura del padre.

Lo peor es cuando nos prestamos para los relajitos, las bromitas y los comentarios despectivos que en nada abonan a lo que representa la figura del padre en esta y toda sociedad.

Peor aun, que esos mismos que han sido bendecidos con el regalo de los hijos, y que incluso se jactan a veces de lo buen padres que son, por el otro lado se prestan para perpetuar comentarios y dichos que denigran la paternidad. Que si no valemos nada, que si el Día de los Padres es en realidad el día de los perros, etc.

Y sí, usted dirá quizás que exagero y que ese tipo de comentario solo se hace a manera de broma. El problema es que ese tipo de comentario ya se ha grabado en la siquis de esta sociedad.

En parte, claro está, podríamos decir que se debe a que precisamente muchos padres han fallado a su descendencia y han tirado a la calle a generaciones de hijos que por falta de un ejemplo, de disciplina y de amor, han quedado a la deriva con una triste sensación de que no tienen identidad, de que nadie los quiere y que no tienen valor.

Por eso vemos casos de jóvenes o incluso adultos que a pesar de que nunca tuvieron un padre que los reconoció, en su desesperación por conocer sus raíces, buscan hasta debajo de la tierra por conocer un poco de su pasado, de quién fue su padre. Es una necesidad inherente del ser humano.

Tener un padre nos da identidad, y con ella nos traza un rumbo. No se trata de perfección. Ningún padre es perfecto. Mi padre no lo fue, ni yo lo he sido con mis hijos. Hay muchas cosas que quisiera haber hecho diferente con mis hijos cuando eran más pequeños.

Pero tener un padre, y que aun en sus errores esté ahí para darte un abrazo o simplemente estar presente en tu vida, nos brinda una sensación de seguridad y de bienestar que no se logra de otra manera. Igual ocurre con la madre. Si uno de los dos no está, faltará una pieza vital.

Es posible que usted que está leyendo esto, sienta aversión por lo que estoy escribiendo, porque tal vez su realidad fue distinta a la mía. Tal vez no tuvo un padre, o tal vez sabe quién es pero nunca lo reconoció y lo rechazó. Esto, lógicamente le hace sentir aversión y hasta rechaza la paternidad. Y lo peor, le ha hecho vivir en rebeldía contra toda figura que represente autoridad.

Este es parte del problema que ha traido a nuestra sociedad la falta de verdaderos padres. Vivimos en un país en rebelión contra toda autoridad. La gente ya no se sujeta a Dios, y mucho menos no quiere sujetarse a nadie.

Por eso vemos que en las escuelas los estudiantes no quieren respetar a los maestros, en los empleos los trabajadores no quieren sujetarse ni obedecer reglamentos, y en la calle, aun el ciudadano más ejemplar en ocasiones no respeta a las autoridades ni a los representantes de la ley y el orden.

Pueden cometer descaradamente una infracción de tránsito, y cuando el policía viene a cumplir su trabajo se le trata de manera hostil aun cuando la persona sabe que violentó una ley escrita.

Pero volviendo estrictamente al tema de la paternidad, y lo que implica la figura del padre, tan importante es esa figura para formar nuestra identidad, que cuando el diablo quiso tentar a Jesús en el desierto, lo primero que hizo fue poner en tela de juicio su identidad.

Le dijo a Jesús, “si eres hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”. (Mateo 4:3)

En otras palabras, quiso hacerlo dudar. Pero Jesús, reconociendo su posición como Hijo, le respondió por la Palabra.

Y es que Jesús también conocía el principio que hay detrás de la paternidad. Él siempre fue consciente, mientras caminó en la tierra, de que se debía al Padre. Y por eso siempre modeló a sus seguidores y discípulos, lo que es tener una relación directa con el Padre. Lo hizo para que nosotros lo imitáramos. Y estoy seguro que no solo quería que nosotros tengamos una relación con nuestro Padre celestial. También quería que honráramos a nuestro padre terrenal.

Creo y estoy de acuerdo con lo que me dijo hace un par de años mi pastor donde me congrego, de que la realidad del Puerto Rico actual en que hay tantos hijos sin padres, hace necesario que se levanten hombres dispuestos a, no solo ser padres de sus hijos biológicos, sino que puedan acoger a jóvenes y niños que están creciendo sin esa figura paternal.

No se trata necesariamente de adoptar, pero sí de estar presente y apoyar a esos familiares, madres solteras que están criando solas y que, en medio de su difícil encomienda, agradecerían que su hijo cuente con una persona de confianza que mentoree a sus hijos y pueda suplir en algo, parte de ese calor de un padre y consejero.

No se trata de delegar la crianza. ¡Ojo! Se requiere de sabiduría y cautela por parte de estas madres para no poner a sus hijos en manos inescrupulosas. No se trata de desentenderse de la crianza de sus hijos para ponerla en manos de otros, quién sabe con qué motivaciones. La idea es contar con un apoyo estando usted presente siempre. No es que otro haga el trabajo. Ya bastantes casos de abuso hemos escuchado por la confianza desmedida.

Pero conoozco gente que está ejerciendo este tipo de paternidad. Y que no están buscando protagonismo. Como un buen amigo cuyo nombre me reservo, que vive en la montaña en el centro de la Isla y que a pesar de su complicada agenda profesional, de vez en cuando se tira el maratón hasta Rio Piedras para pasar tiempo con una pareja de hermanos a los que casi ‘adoptó’ como nietos. Los lleva a la iglesia, los lleva a pasear, porque aunque conoce al padre de los chicos, sabe que este actúa como si no existiera.

No obstante, en última instancia, o mejor dicho, en primer lugar, debemos recordar lo siguiente: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá“.

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