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Carta Abierta de Lía en Navidad

Hola me llamo Lía. Soy una perrita rescatada de la calle, de las que le llaman satita, pero soy muy leal, cariñosa y los que me dieron una segunda oportunidad de vida me dicen que soy como de la familia. Me cuidan, me alimentan y aceptan que soy una perrita. Al fin y al cabo tengo cuatro patas y un rabo y me aceptan tal cual soy.

Lo más importante me vacunan todos los años y me llevan al médico, que le llaman veterinario, estoy esterilizada y tengo un collar que me identifica porque mis papás humanos dicen que si me pierdo hay más posibilidades que pueda regresar a casa.

Hoy soy feliz, pero no siempre fue así. Cuando estuve en la calle me fue muy mal. No recuerdo exactamente como llegué ahí, no conozco mi pasado. Era muy chiquita y comía lo que podía y muchas veces veía gomas negras que corrían muy cerca de mí y en una ocasión sentí que una rozó mi pelaje y me dolió mucho. Ese día pensé que era mejor haber desaparecido porque estaba sola y la calle me daba mucho miedo.

Lo peor de todo era en la época de Navidad. Veía lucecitas por todos lados y no sabía porque. Oía ruidos que me hacían llorar porque eran demasiado fuerte para mis oídos. Eran como bombas muy poderosas y algunas personas se empeñaban en arrojarlas cerca de mí. Muchas veces me preguntaba en que planeta estaba y la desesperanza se apoderó de mí. Por suerte un día de sol radiante se acercaron a mí esta pareja hermosa y junto a su hijo me llevaron con ellos y mi vida cambió.

Pero yo no quiero regresar a la calle otra vez y si pudiera hablar les explicaría el porqué. Miles de perros que viven en hogares como el mío nos asustamos y nos descontrolamos mucho con la pirotecnia y no sabemos qué hacer. En mi caso a mí me encierran en el baño para que no me asuste y mi mamá humana se queda conmigo y me abraza. Pero eso no pasa con los perritos de calle. Ellos no tienen quien les abrace como a mí. Y se asustan y a veces mueren porque esas gomas le pasan por encima cuando huyen despavoridos, o porque el corazón se les para del susto. Y hay perros que viven con su familia que les dan ataques de pánico y brincan verjas, se hacen daño.  ¿Y sabes qué? Muchos regresan de nuevo a la calle y se pierden porque no tienen una chapa y si sobreviven y no están esterilizadas las preñan y ahí comienza otro ciclo de desesperanza. Y yo no quiero eso…

Si tu pudieras entender que yo soy cinco veces más sensible al ruido que tú. Que mis oídos y mi olfato son mejores que los tuyos y es por eso que puedo protegerte mejor. Si entendieras que yo siento alegría y también miedo y me asusto o deprimo cuando algo no está bien. Si tú humano fueras más compasivo entenderías que la pirotecnia para ti es una diversión, pero para mí una pesadilla. Y yo no quiero despedir el año en el baño. Es mi deseo que la despedida de año sea una Noche de Paz. Prometo darte muchos lengüetazos y serte fiel. Y  recuerda soy tu mejor amigo. Siempre lo he sido y siempre lo seré…

Feliz Navidad

Lía

Les presento a Lía. Es real, fue rescatada en octubre del 2013 en Canóvanas. La más pequeña de una camada de 5 perritos. Todos fueron adoptados, vacunados y esterilizados. No todos corren la misma suerte de Lía. Hagamos algo, seamos compasivos con nuestros animales. Nos dan tanto y exigen tan poco!

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